'Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire', el final del caso Lisbeth Salander

Se acabó Millennium, también en el cine. El pasado viernes se estrenó en nuestro país, con cierto retraso (más de tres meses respecto a Suecia), la tercera y última entrega de la saga, basada en las exitosas novelas de Stieg Larsson. ‘La reina en el palacio de las corrientes de aire’ es el título con el que se editó el libro en España y es como se ha titulado el film, para evitar confusiones, a pesar de que no se parece al original, mucho más seco (‘Luftslottet som sprängdes’, si no me equivoco, ‘El castillo de aire que explotó’). No estoy a favor de las “traducciones” que se hacen en este país, pero lo que es increíble es que se estrene una adaptación de una novela con un título diferente, como ha pasado con ‘The Lovely Bones’, que debería haberse llamado ‘Desde mi cielo’. Pero esto es otro tema, y como la película de Peter Jackson es tan floja, la verdad es que me da exactamente igual cómo la han llamado, como si la titulan ‘Camino 2’.
De lo que toca hablar ahora es de una película que ofrece un cierre muy flojo a una trilogía que ha ido de más a menos, empezando con un primer capítulo notable, oscuro y violento, muy entretenido, y continuando con dos entregas que parecen meros trámites, filmadas con una falta de talento y una desgana escandalosa. ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ y ‘La reina en el palacio de las corrientes de aire’ están cortadas por el mismo patrón y deberían haber sido un único film, para ahorrar tiempo y dinero… Pero claro, eso no habría resultado tan rentable para los productores, al fin y al cabo esto no es más que un negocio para ellos; así ha salido.





