Cine en el salón: 'El dragón del lago de fuego', espléndida fantasía
Con tanto especial como me he ido sacando de la manga en el último mes y medio, he tardado más de lo que inicialmente tenía previsto en llegar aquí, pero esta entrada sobre ‘El dragón del lago de fuego‘ (‘Dragonslayer’, Matthew Robins, 1981) supone la finalización de un breve pero significativo repaso por el puñado de películas que, creo, mejor representan lo que Disney se atrevió a hacer durante la primera mitad de los ochenta en esa búsqueda de nuevas fronteras de la que ya he hablado con los otros títulos que han compuesto este viaje, a saber: ‘Oz, un mundo fantástico‘ (‘Return to Oz’, Walter Murch, 1985), ‘El abismo negro‘ (‘The Black Hole’, Gary Nelson, 1979) y ‘El carnaval de las tinieblas‘ (‘Something Wicked this Way Comes’, Jack Clayton, 1983).
Co-producción entre Paramount y Disney, si por algo es recordada ‘El dragón del lago de fuego’ es por ser más madura y realista de lo que la productora había hecho hasta entonces en cine de imagen real, dejando atrás las tontadas infantiloides de ‘El abismo negro’ y construyendo un filme destinado, simple y llanamente, a un público con el que los estudios no habían contado nunca, el compuesto por jóvenes adultos.
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