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06 mayo 2008


'Machine-Gun Kelly', Roger Corman dirigiendo a Charles Bronson

Alberto Abuín

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Roger Corman demostró que el dinero no era un problema para realizar una buena película (y también mala). Solía aprovechar el presupuesto que le daban para una, para filmar tres, algunas de las cuales rodaba en un fin de semana en el patio de su casa (caso de por ejemplo, ‘La Tienda de los Horrores’). Con él, muchas veces la calidad nada tenía que ver con el dinero asignado, el que tenía talento lo tenía y punto. Prueba fehaciente de ello es su ciclo de films, todos estupendos, dedicado a la figura de Edgar Allan Poe, con films como ‘La Caída de la Casa Usher’ o ‘La Tumba de Ligeia’, algunas de las cuales se encuentran editadas en dvd en nuestro país. Esto no quiere decir que todo lo que hacía fuera de buena calidad. Algunas eran cutres (y ahí sí se notaban los pobres medios) hasta decir basta, y no sólo eso, si no malas de solemnidad, como por ejemplo, ‘La Mujer Avispa’.

Corman tocó prácticamente todos los géneros, aunque se especializó en el género de terror y sci-fi. ‘Machine-Gun Kelly’ pertenece a ese grupo de films de gangsters, en el que tal vez el mayor exponente por parte de este director fue su maja ‘Mamá Sangrienta’, en la que Shelley Winters nos ofreció una interpretación realmente perturbadora. Para el presente film contó con el imperturbable Charles Bronson, en una primera época en la que participó en films de calidad, sobre todo westerns, y a las órdenes de grandes directores como John Sturges, Samuel Fuller, Delmer Daves o Robert Aldrich, y mucho antes de que nos martirizara con su imagen de justiciero callejero.

‘Machine-Gun Kelly’ narra las andanzas del personaje que lleva el nombre del título de la película. Jefe de una banda de ladrones que suelen cometer robos importantes de dinero, con espectaculares planes de huida. Robo tras robo, las cosas se van complicando en la banda, en la que hay espacio para las traiciones y nadie confía en nadie. Unos se enfrentan a otros, mientras la policía les pisa los talones.

No hay absolutamente nada más en esta película, a no ser claro está, cómo terminan todos y cada uno de ellos. Corman economizaba hasta en el argumento, y en esta película se nota bastante, dejando de lado los sutiles elementos que dibujan psicológicamente un personaje marcado por el miedo, y por una aparente mala suerte, detalle éste que se nos da cuando nuestro protagonista se topa con señales al respecto, ya sea un ataúd o una calavera. Pero la cosa se queda ahí, sabemos que tiene miedo a morir, que las cosas le pueden salir mal por culpa de ser un supersticioso. Pero es algo que simplemente nos muestran, sin profundizar ni lo más mínimo en ello, a pesar de estar continuamente recordándolo. Ni siquiera, llegamos a saber porqué es así, cuál sería el motivo de creer en la mala suerte. La película tampoco realiza un estudio, extenso o breve, sobre la fatalidad, algo parecido a lo que Wise o Huston hicieron en films como ‘Odds Against Tomorrow’ o ‘La Jungla de Asfalto’. Ni siquiera nos presenta a unos personajes marcados por la mala suerte, perdedores sin rumbo, pero destinados a un fatídico final, al contrario, son villanos malvados y sin escrúpulos, con las cosas muy bien planeadas, por mucho que las cosas se tuerzan al final.

El argumento no se sostiene demasiado, e incuso algunas de sus situaciones llegan a parecer un poco ridículas, pero Corman es lo suficientemente inteligente como para obviarlo y ofrecernos una película lo bastante entretenida, salvándola de la quema. Así lo demuestra su espectacular inicio, una demoledora secuencia, casi muda, en la que vemos cómo los personajes principales cometen un atraco y huyen del lugar de los hechos, esparciendo tanto el botín como las armas en determinados lugares a lo largo y ancho de su trayectoria de escape. Toda una lección de ritmo y planificación, en la que Corman filma algunas secuencias importantes sin cortar el plano, demostrando que sabe narrar impecablemente, contándonos sin palabras el modus operandi de la banda de ladrones y lo minuciosos que son.

Es una pena que el resto del film no llegue a la altura de su arrebatador comienzo, pero por lo menos no resulta aburrido en ningún momento. Y todo amenizado con una movida banda sonora, muy jazzística, obra de Gerald Fried, quien realizó muchos trabajos para televisión. Mejor no pararse en las hieráticas performances de Charles Bronson (que ya apuntaba “maneras”, y aquí no hace más que reírse forzosamente), y Susan Cabot (una de las actrices fetiche de Corman), porque sin duda también pertenecen a lo peor de la película, aunque hay que observar que ambos se compenetran a la perfección. Una película pasable, que nunca se estrenó en nuestro país, aunque se puede encontrar una copia en dvd usada, al otro lado del charco, y a un precio que no lo merece. Ya sabéis el otro método a utilizar.

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