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‘La gran pelea’ (lamentable título para ‘Any Which Way You Can’) fue la respuesta de la Warner al fracaso de ‘Bronco Billy’, cuyas pocas posibilidades comerciales ya se conocían de antemano. Así pues, los ejecutivos presionaron a Clint Eastwood para que realizase la secuela del que hasta ese momento era su film más taquillero, ‘Duro de pelar’. Sabe Dios en qué estaba pensado Eastwood para acceder sin ningún problema a rodarla, probablemente en el dinero, y en el hecho de así poder realizar después proyectos más personales.

Para ello encargó la dirección a su colega y amigo Buddy Van Horn, jefe de especialistas de muchos films, y cuya filmografía como director consta de tres títulos, todos con Eastwood, y curiosamente de los peores del actor. Van Horn se limitó a realizar una secuela en toda regla, esto es, idéntico reparto (exceptuando a Beverly D´Angelo, que en un alarde de inteligencia no intervino), idéntica historia, idéntico humor, idénticas peleas, e idéntico orangután, aunque el simio encargado de dar vida a Clyde no era el mismo que en la anterior entrega, pues éste había engordado demasiado (sic). Una vez más, el peludo intérprete se convierte en lo mejor de una función aburrida y previsible.

El argumento de ‘La gran pelea’ es mínimo. Philo Beddoe (Eastwood) está retirado de las peleas ilegales, hasta que la mafia organiza una en la que se verá obligado a participar por la cantidad ingente de dinero que hay en juego, y porque supondría el perfecto broche de oro a todas sus peleas. Evidentemente, la policía no le pondrá las cosas fáciles, ni la mítica banda de motoristas palurdos que se la tienen jurada a Beddoe. Menos mal que está Clyde para solucionar las cosas, y amenizar en la medida de lo posible la vida al sufrido espectador.

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Y es que ‘La gran pelea’ es una película que no hay por donde cogerla. Su humor chusco, sus reiteradas situaciones, muchas un calco de las presentadas en la primera película, no interesan ni lo más mínimo, y cuesta bastante ver metido a Eastwood en la piel de un pueblerino experto lanzador de puños y buenazo de corazón. Pero la pasta manda en este caso, el film se hizo para recaudar dinero, y sin llegar a los límites de ‘Duro de pelar’, recaudó lo suficiente para seguir salvaguardando la imagen de Eastwood como actor taquillero.

‘La gran pelea’ es una película próxima al cartoon, un dibujos animados pero sin gracia, aunque lo intenta sobradas veces. Al respecto, cabe citar a la banda de motoristas, parodia de los Ángeles del infierno, que se la pegan una y otra vez persiguiendo a Beddoe sin resultado alguno. Escenas como la del alquitrán pueden provocar cierta gracia, y también cierto rechazo. Las monadas del orangután se limitan a dejar un buen montón de heces en los asientos de los coches patrulla de la policía. Las peleas son eso, peleas, en la mayor parte bien planificadas, pero quizá demasiado largas, y siguiendo la tónica general del film, repetitivas.

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El título español hace referencia a la larguísima secuencia final, en la que Beddoe se lía a puñetazos con Jack Wilson, interpretado por William Falconetti Smith, cuya relación está basada en el respeto mutuo, pero hay que demostrar quién de los dos es mejor luchador. Dicha pelea parece, o es, un homenaje a la que transcurre en ‘El hombre tranquilo’ (‘The Quiet Man’, John Ford, 1952), pero evidentemente las comparaciones son odiosas, y ésta no las resiste, ya sea porque no es tan divertida, o tan esperada por el espectador (da igual que por los personajes sí), o por el carisma de los actores, que aunque compenetrados no llegan a los niveles de John Wayne y Victor McLaglen. En cualquier cosa el homenaje es un bonito detalle, sin más.

Eastwood volvía a demostrar buen feeling con su compañera en la vida real, Sondra Locke, lo que dicen costó 20 años de amistad con Robert Daley, quien no veía con buenos ojos dicha relación, o al menos eso es lo que aseguran las malas lenguas. Sea como fuere, ‘La gran pelea’ supuso el fin de la relación de Eastwood con Daley, quien además no estaba de acuerdo en cómo se llevaban las cosas en la Malpaso. No obstante, éste es un dato que nada tiene que ver con la calidad de la película, que no es un bodrio, pero poco le falta. Pueden salvarse en ella, pequeños apuntes, como un intento de mirada nostálgica sobre sus personajes, y cómo no, un excelente gusto musical por parte de Eastwood, quien aquí se atreve a hacer un dúo con el mismísimo Ray Charles (ya hablaremos en su momento del documental que Eastwood dirigió sobre él) con una canción titulada ‘Beers to you’, ideal para cantar en los bares. En el film también aparece brevemente Fats Domino, lo que hará las delicias de unos cuantos, servidor incluido.

Os dejo aquí los títulos de crédito iniciales del film, en los que precisamente suena la canción citada, de lo mejor de una mala película que nada añadía a la carrera de Eastwood a no ser unos cuantos ceros más en su cuenta bancaria. Pronto seguiría desconcertando al personal con un film de espionaje que intenta darse la mano con la Sci-Fi.

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