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Cine Clásico

'8 1/2' y 'Nine', de aburrido experimento a soporífero musical

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Federico Fellini y Rob Marshall, dos directores tan diferentes entre sí como el agua de la tierra. ‘8 1/2’ o como se tituló en nuestro país ‘Fellini Ocho y medio’ —título que me negaré a utilizar— es la visión personal del propio mundo del director, alabada en un principio por una inmensa mayoría de cineastas que se sintieron identificados, y hoy día por casi la totalidad de la crítica mundial. ‘Nine’ es la adaptación de un musical de Broadway que se inspira en el famoso film italiano, por lo que el trabajo de Marshall puede verse como un remake del mismo. Todo parecía indicar que nos encontraríamos ante otra maravilla como ‘Chicago’, y que al igual que ésta se vería recompensada por varias nominaciones a los Oscars; al final ha tenido que conformarse con cuatro, entre ellas la labor de nuestra Penélope Cruz.

‘Nine’ se parece a ‘8 1/2’ tanto, que el que no haya disfrutado del film de Fellini, el de Marshall le parecerá directamente insoportable. Da igual que las escenas oníricas del film original se hayan convertido en números musicales más o menos espectaculares, y así de paso todo está más masticado para el gran público. ‘Nine’ es un calco de ’8 1/2’ casi punto por punto, un intento de hacer más universales las sensaciones de Fellini, perdiendo precisamente el toque personal que dicha historia tiene, ésta pertenece por derecho propio al director de ‘Amarcord’, el querer meterse en su mundo —su mente— ha sido un error que han pagado caro: críticas negativas y fracaso en taquilla.

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Alienígenas que nos invaden, Sci-Fi de poca monta

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La Sci-Fi ha sido siempre un género muy del gusto popular, la idea de imaginar cosas más allá de las posibilidades actuales del ser humano como especie ha tenidos durante décadas soñando al espectador. Uno de los tópicos o clichés de este género es el de las visitas alienígenas a nuestro planeta, casi siempre con actitud amenazadora. Grandes clásicos como ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (‘The Invasion of the Body Snatchers’, Don Siegel, 1956), ‘Ultimátum a la tierra’ (‘The Day the Earth Stood Still’, Robert Wise, 1951) o ‘E.T.’ (Steven Spielberg, 1982) permanecen en la memoria del cinéfilo como tres muestras del tema desde ópticas muy distintas. Lamentablemente no todo es como en esas tres joyas, y tanto ahora como hace años, se ha jugado con el género de forma muy poco original, en ocasiones demasiado atrevida, y siempre cayendo en ridículos insultantes.

‘The Brain from Planet Arous’ (Nathan Juran, 1957), ‘The 27th Day’ (William Asher, 1957) y ‘Ultimátum a la tierra’ (‘The Day the Earth Stood Still’, Scott Derrickson, 2008) son tres ejemplos muy claros de mala ciencia ficción. Las dos primeras son productos de serie B, de pocas pretensiones pero argumentos delirantes y realizadas en un momento álgido de la Guerra Fría. La tercera es el remake del famoso film de Wise, una producción de gran presupuesto llena de efectos visuales que cae en el ridículo por no tratar con seriedad y respeto un género al que parece ahora le están cogiendo algo de aprecio en la Academia de Hollywood con las nominaciones de ‘Avatar’ y ‘District 9’ a mejor película.

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'La vida privada de Sherlock Holmes', la mutilada obra maestra de Billy Wilder

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Antes de que el gran Billy Wilder diese lo mejor de sí mismo en su película más arriesgada, la figura de Sherlock Holmes había sido tratada infinidad de veces con anterioridad —de hecho, hablamos del personaje de ficción que más adaptaciones cinematográficas posee— en películas protagonizadas por actores tan ilustres como Peter Cushing, Christopher Lee y Basil Rathbone. En todas ellas se acentuaba el lado detectivesco de las historias, poniendo a Holmes antes situaciones de difícil solución, presentando a la creación de Arthur Conan Doyle como una especie de superdotado capaz de resolver los más intrincados misterios.

No sería hasta 1970 cuando se intentaría ir más allá del mito, para acercarse al ser humano que había detrás. Billy Wilder venía de brillar con gran intensidad durante tres décadas. Durante los 40 con perlas como ‘Perdición’ (‘Double Indemnity’, 1941) o ‘Días sin huella’ (‘The Lost Weekend’, 1945) —por la que ganó su primer Oscar como director—; en los 50 vinieron el atrevimiento de ‘El crepúsculo de los dioses’ (‘Sunset Blvd.’, 1950), la hithcockiana ‘Testigo de cargo’ (‘Witness for the Prosecution’, 1957), o la desternillante ‘Con faldas y a lo loco’ (‘Some Like It Hot’, 1959); en los 60 su mirada se volvió más amarga y con cierta melancolía, y nos brindó joyas del calibre de ‘El apartamento’ (‘The Apartment’, 1960) —por la que ganó su segundo Oscar como director— o ‘En bandeja de plata’ (‘The Fortune Cookie’, 1966).

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Clásicos olvidados: 'El imperio del terror', 'Verboten!' y 'Hidden Fear'

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Cuando se habla de cine clásico entre las nuevas generaciones de cinéfilos los nombres más comunes suelen ser los de siempre, John Ford, Orson Welles, Alfred Hitchcock, Akira Kurosawa, Howard Hawks, Billy Wilder —pronto os hablaré de su mutilada obra maestra—, Ernst Lubitsch o François Truffaut, por citar sólo unos ejemplos de los más conocidos. Pero hay una serie de autores, no tan conocidos por el gran público, y que incluso la crítica en su momento no consideró como debía. Dicen que el paso del tiempo pone las cosas en su sitio, y ahora gente como Phil Karlson, Samuel Fuller o André de Toth —grandísimo olvidado entre los olvidados— tienen el respeto que merece, aunque sólo sea en cierto sector.

Es para mi un placer presentar a todos aquellos cinéfilos a los que les interese, tres películas, ninguna una obra maestra, todo hay que decirlo, que representan a la perfección los estilos y formas de tres directores injustamente olvidados. Sin duda el menos conocido de los tres es Phil Karlson, director que como muchos de la época —años 50— dedicaban buena parte de su tiempo a realizar trabajos en televisión, el nuevo gigante que empezaba a hacer sombra al cine acaparando la audiencia del público. ‘El imperio del terror’ (‘The Phenix City Story’, 1955) es su film más recordado, un duro drama sobre el poder de la corrupción.

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Sam Peckinpah: 'Grupo salvaje'

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Había 3462 cortes en la película. Recordaba que Hitchcock había dicho una vez que, si quieres que una película sea realmente emocionante, tienes que meter muchos cortes. Una película normal no suele tener más de unos 600. Así que, según ese criterio, ‘Grupo salvaje’ es la película más emocionante de la historia

Son palabras de Lou Lombardo, el montador de ‘Grupo salvaje’ (‘The Wild Bunch, 1969) a la hora de hablar sobre su trabajo en el mítico film de Sam Peckinpah, después de haber reducido a dos horas y veinte un primer montaje que duraba casi cuatro horas. Peckinpah deslumbró a medio mundo con esta película, escandalizando al otro medio, que no aceptó la impresionante orgía de violencia descrita en el film. Lo cierto es que el director de ‘La balada de Cable Hogue’ innovó en muchos aspectos el lenguaje cinematográfico, trastocando las preconcebidas ideas que se tenían sobre el séptimo arte, algo que a día de hoy sigue sucediendo con una buena parte de la audiencia, que aún sigue utilizando argumentos tan vergonzosos como que sobre gustos no hay nada escrito, una de las más grandes falacias que ha oído servidor en su vida.

Antes de adentrarnos en una de las películas más representativas del género cinematográfico por excelencia, hay que decir que Peckinpah tuvo la oportunidad de dirigirla en un momento delicado de su vida. Tras conocer el éxito y la fama después de tres largometrajes, de repente se encontró sin trabajo. Todo sucedió muy rápido durante el rodaje de ‘El rey del juego’ (‘The Cincinnati Kid’, 1965), film que empezó Peckinpah, pero que cuando éste sugirió un desnudo femenino, le despidieron, siendo sustituido por Norman Jewison que curiosamente consiguió uno de sus mejores trabajos. De repente, Peckinpah no tenía trabajo y le costaba mucho encontrarlo, hasta que en el campo de la televisión obtuvo cierto reconocimiento con una película titulada ‘Noon Wine’. Tras eso todo cambió.

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Stanley Kubrick: 'El beso del asesino'

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Como dije en su momento, me hubiera gustado empezar el especial sobre Stanley Kubrick por su tercera película, ‘Atraco perfecto’ (‘The Killing’, 1956), a partir de la cual la carrera del cineasta neoyorkino comienza a ser verdaderamente interesante. De hecho, si no fuera porque Kubrick firmó algunas de las obras maestras más importantes de la historia del cine, creo firmemente que ‘Fear and Desire’ y ‘El beso del asesino’ no serían objeto de estudio, y se habrían perdido en el olvido. Es obvio que en ambas películas se pueden percibir maneras y apuntes que más tarde desarrollaría Kubrick con mucho mayor ingenio. Porque tanto en una como otra, el director demostraba ser un principiante, preocupado nada más por el aspecto visual de sus films, en lo que siempre fue un maestro, descuidando prácticamente todo lo demás.

Kubrick nunca fue un narrador clásico, en el más estricto sentido del término. Su mirada pretendía ir más allá de sus personajes, a los que siempre colocaba en situaciones que les superaban. Distanciándose de ellos, y con cierta frialdad, pretendía abarcar temas universales y trascendentales. Pero eso fue más adelante, en ‘El beso del asesino’ pueden verse claramente las tendencias de una época en la que las consecuencias de la guerra reflejaban un mundo lleno de corrupción, y en el que la línea entre el bien y el mal empezaba a estar muy difuminada. El carácter realista que se daba en muchos documentales, se aplicaba a muchos films del llamado cine negro —film noir para los franceses—, y Kubrick optó por ello en éste y el siguiente.

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Vampiros de verdad: 'Nosferatu'

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Iniciamos hoy un ciclo dedicado al vampirismo en el cine. En él repasaremos las más importantes obras —y alguna más no tan importante— de un tipo de films que, enmarcados en el género de terror, han hecho las delicias de millones de aficionados a lo largo de las décadas. Procuraremos seguir un orden cronológico, y los títulos elegidos evidentemente quedan a juicio de un servidor. Empezamos con una cita obligada para todo cinéfilo que se precie, una cinta que está considerada como una de las cumbres del género, y dentro del cine vampírico, como la más alta cota jamás alcanzada. No sólo eso, ‘Nosferatu’ (‘Nosferatu, eine Symphonie des Grauens’, F.W. Murnau, 1922) es una de las películas más influyentes de todas cuantas se han realizado.

La sombra de su poder se extiende hasta nuestros días, no sólo a la hora de representar la figura del vampiro, sino también en la creación de una atmósfera en donde lo real y lo irreal se dan la mano en perfecta comunión. F.W. Murnau, cuya repentina y curiosísima muerte, fue uno de los grandes pioneros del cine, alguien sin el cual no podría entenderse absolutamente nada del séptimo arte. El gran François Truffaut —nota mental: hacer un especial sobre él— emitió una terrible sentencia en su día, y es que según él, los cineastas deberían aceptar la idea de ser juzgados,en un futuro, por críticos que desconociesen la obra de Murnau. Me temo que falta muy poco para que Truffaut tenga toda la razón del mundo.

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'Dejad paso al mañana', el final más emocionante de la historia del cine

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Y por si yo no te vuelvo a ver por un tiempo, quiero decirte que estos 50 años contigo han sido maravillosos, todos y cada uno de ellos

‘Dejad paso al mañana’ (‘Make Way For Tomorrow’, Leo McCarey, 1937) es una de las películas más arriesgadas jamás hechas. Poniéndonos vulgares, podríamos decir que es una película hecha con valor, que McCarey los tenía buen puestos cuando la realizó, en plena efervescencia de los estudios hollywoodienses, apostando por uno de los finales más duros y emotivos que se hayan hecho jamás. En mi opinión, creo que es el final más insoportable, por verdadero y sincero, a la par que cruel, que mis ojos hayan visto desde que me dedico a ver películas como cinéfilo. Vi esta película por primera vez a principios de los 90 en un pase que la televisión española hizo en la 2, cuando esta cadena nos regalaba ciclos dedicados a grandes directores o actores, cuando las televisiones sentían respeto por el séptimo arte.

Había oído a José Luis Garci, que independientemente de que sea un buen o mal cineasta, nadie le podrá negar jamás la gran cultura cinematográfica y cinefilia que posee, hablar maravillas de este film, firmado por un director que obtuvo éxitos mayores como ‘Siguiendo mi camino’ (‘Going My Way’, 1944), ganadora de 7 Oscars, o ‘Tú y yo’ (‘An Affair to Remenber’, 1957), impresionante melodrama romántico con Cary Grant y Deborah Kerr —nota mental: hacer un post sobre esta película— de la que el propio McCarey había realizado otra versión años antes. John Ford la tenía como una de sus películas favoritas, y Orson Welles sentenció que aquel que no llorara con esta película es que no era humano. Me quedé tan destrozado tras su visionado, que juré no volver a verla, ya que no podría aguantarlo. Hace cosa de un mes, y por motivos muy personales, rompí mi absurdo juramento.

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'Luna nueva', cine de verdad

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“Walter, eres maravilloso. De un modo repugnante”.

Hildy

Ahora que tanto se habla de la secuela de ‘Crepúsculo’, ‘Luna nueva’, estando ya muy próximo el estreno, me ha parecido una idea divertida, incluso sana, recuperar la que podríamos catalogar como la verdadera ‘Luna nueva’, que por supuesto no tiene nada que ver con ese producto de vampirillos para adolescentes (y en realidad se titula ‘His Girl Friday’, en absoluto ‘New Moon’). Como sin duda sabéis todos, se trata de una deliciosa comedia dirigida por Howard Hawks en 1940, con Cary Grant y Rosalind Russell al frente del reparto. Una gozada de principio a fin.

La película es una adaptación de la famosa obra teatral de Ben Hetch y Charles MacArthur, ‘The Front Page’, llevada al cine en varias ocasiones (en ‘Un gran reportaje’ de Lewis Milestone o ‘Primera plana’, de Billy Wilder). La historia se centra en un editor que está a punto de perder a su mejor periodista, justo cuando surge la posibilidad de un gran reportaje que requiere de su talento. Hawks y el guionista Charles Lederer introdujeron algunos cambios importantes en la trama, que a la postre se revelaron como grandes aciertos; el mayor de todos, que uno de los dos protagonistas fuera una mujer, dando pie a una impagable guerra de sexos.

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'La costilla de Adán', excelente teatro filmado

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“Los abogados no deberían casarse con otros abogados”

-Kip Laurie

El cine clásico norteamericano comprende, en teoría, las décadas de los 30, 40 y 50 del pasado siglo. En la última de ellas se alcanzó, según muchos, la perfección de este arte en ese país, y después de eso, no ha dado más que tumbos. El neoyorquino George Cukor, tenido por un gran director de actrices, dirigió esta famosa comedia en 1949, con la ya famosa y casi mítica por entonces pareja formada por Tracy y Hepburn.

Comedia bastante disparatada, sin llegar a los niveles de “screwball comedy”, centrada en la guerra de sexos y en el feminismo rampante por aquella época, con dos abogados rivales que resultan ser marido y mujer (algo que es ilegal, pero a quién le importa…), involucrados en un caso de infidelidad que casi termina en tragedia y que va a servir para un discurso que, a día de hoy, queda bastante naif.

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