
El director Jean-Jacques Annaud tuvo su momento de esplendor a raíz de su éxito por ‘En busca del fuego’ (‘La guerre du feu’, 1981), tras la cual vinieron las aún más exitosas ‘El nombre de la rosa’ (‘Der Name der Rose’, 1986) y ‘El oso’ (L´ours’, 1988). Films que mostraban a un director que sabía encontrar un equilibrio narrativo/estético realmente envidiable, tomando la sencillez como la mejor de las herramientas. Como muchos otros realizadores, enseguida sucumbió al esteticismo y sus films se volvieron estampas muy bonitas pero vacías de todo contenido. Con ‘Oro negro’ (‘Black Gold’, 2011), que ha pasado completamente desapercibida por las carteleras de nuestro país, parece regresar a cierto tipo de cine, podemos llamar clásico, con un punto de épica, en una de esas historias de las que ya no se cuentan.
Annaud intenta devolver al séptimo arte ese tipo de película que parece ya no interesan a nadie —quizá de ahí su poca repercusión en los cines, más sorprendente aún cuando viene de un director que vivió tiempos mejores, narrando historias que sí interesaban a las audiencias— en una película alejada de toda parafernalia visual, aunque no reniegue de las actuales técnicas digitales tan de moda. Con un ajustado presupuesto de 40 millones de dólares —cualquier otro director de mayor renombre hubiese necesitado mucho más— Annaud logra que ‘Oro negro’ luzca como una superproducción en toda regla, llena de extras, y en cuyas imáganes bucea el recuerdo de cierta cinta dirigida por el gran David Lean, salvando las distancias evidentemente.










