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Críticas de películas

Críticas de películas, estrenos de cine, análisis de la cartelera y recomendaciones para ver. También clásicos en Críticas de películas

'Bajo amenaza', bajo mínimos

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‘Bajo amenaza’ (‘Trespass’, Joel Schumacher, 2010) es toda una experiencia. Evidentemente no lo digo porque su visionado sea algo para recordar, sino todo lo contrario. Sí, hay películas peores, mucho peores, pero en el caso que nos ocupa la decepción se multiplica por tres, o cuatro, o cinco… Reúne a tres artistas, ejem, que sin duda han vivido tiempos pasados mucho mejores. Hablamos de un director que sin llegar a ser grande, puede que ni bueno, sí llegó a tener cierto estilo y alguna que otra excepcional —‘Un día de furia’ (‘Falling Dawn’, 1993) no sólo me parece una obra maestra, sino que creo no ha perdido ni un ápice de su fuerza a día de hoy—; y hablamos también de dos intérpretes que tienen en su haber sendos Oscars, por increíble que parezca.

No puedo estar más de acuerdo con uno de nuestros fieles lectores, el misterioso eluyeni, quien en el post de estrenos dejó su impresión de la película afirmando que era una completa pérdida de tiempo. Y así es. Una pena viendo el material que había entre manos, que sin ser el colmo de la originalidad —recordemos que todas las historias ya han sido contadas, pese a quien pese—, sí que bastaba para hacer algo mínimamente decente, sin necesidad de caer en golpes de efecto varios, o tomar al espectador por tonto, craso error en el que suelen caer films de similares características. Y es que no hay nada peor que sentirnos estafados en un film que se presupone sólo quiere entretener, uno de los principales objetivos del Cine.

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'Los Descendientes', una vida inesperada

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Alexander Payne ha dirigido ‘A propósito de Schmidt’ (About Schmidt, 2002), una pequeña y gloriosa sátira en la que la paternidad se descubre fracaso y condena perenne, vacío que constatar a través de un viaje, y también ‘Election’ (id, 1999) donde descubría unas asombrosas y siniestras simetrías entre la ambición trepa de una adolescente y las de un profesor que creía en las causas perdidas como única posibilidad de salvación.Eran ambas películas inesperadas, llenas de un humor profundamente incómodo, marcadas por una dirección de actores sublime y un guión de hierro, basado siempre en poner a sus personajes en lugares ambiguos, exasperantes, pero nunca caricaturescos.

En su regreso a la gran pantalla, ‘Los Descendendientes’ (The Descendientes, 2011) ha filmado su mejor película, una obra de una rotundidad y sofisticación admirable, con una complejidad inmensa y seguramente la vindicación más secreta e insólita que he visto jamás del melodrama en el Hollywood reciente. De la misma generación que Noah Baumbach o Wes Anderson, y seguramente contemporáneo de Jason Reitman, este Alexander Payne se ha desvelado como el maestro de todos ellos, el único capaz de hacer de su estilo una garantía: de equilibrio, de evitar todo tipo de condescendencia hacia sus personajes.

Matt King (George Clooney) se ve sobrevenido no ya por el accidente de su esposa sino por su futura condición de viudo. Forzado a ejercer de padre de sus dos hijas, descubrirá los secretos tras su matrimonio, ya convenientemente destruido, y también emprenderá un singular viaje para encontrar al amante de su esposa. Presionado por sus familiares para vender unos terrenos que han heredado de una larga dinastía hawaiana y sorprendido por el carácter conflictivo de sus dos pequeñas, King intentará tomar una decisión adecuada en un entorno decididamente hostil.

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'J. Edgar', derechazo a los prejuicios

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Cartel de 'J. Edgar', la nueva película de Clint Eastwood

Corre la voz entre los cinéfilos de que ‘J. Edgar’ puede ser un traspiés en la carrera de Clint Eastwood, y no podemos culparles, ya que la crítica americana la ha recibido con una frialdad considerable, siendo además completamente ignorada en las recientes nominaciones a los Oscar. Soy consciente de que hay no pocos amantes del cine que lo consideran poco menos que un Dios, como por ejemplo mi compañero Alberto, el cual está demostrando su alta estima hacia el director de ‘Un mundo perfecto’ (en mi opinión su mejor película) en el especial que le está dedicando en Blogdecine. Seguro que ni el propio Eastwood esperaba alcanzar el nivel que ha logrado cuando decidió dar el salto a la dirección con la estimable ‘Escalofrío en la noche’

He de reconocer que yo no soy un adorador de la religión de Clint Eastwood, ya que tiene unas cuantas películas que me encantan, pero también varias que catalogo entre lo regular (‘Banderas de nuestros padres’ o la aún reciente ‘Más allá de la vida’) y lo malo (‘Deuda de sangre’ o ‘Ejecución inminente’). Imagino que algunos de vosotros ya estaréis buscando piedras bien grandes y de canto afilado para lapidarme por soltar semejante blasfemia, pero lo que busco afirmando esto no es causar una polémica gratuita, sino dejar claro de entrada que no soy un fanboy suyo, sino alguien que no tiene problemas en atacar sus películas si creo que la ha pifiado ¿Estamos ante un caso así con ‘J. Edgar’, su nueva película que llega hoy 27 de enero a los cines españoles?

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'Drive', la soledad del corredor de fondo

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Se habla mucho estos meses de reciclados, homenajes y revisitaciones de formas y estilos de tiempos pasados. Tal y como apuntaba en mi texto sobre la infame ‘Perros de paja’ (‘Straw Dogs’, Rod Lurie, 2011), los remakes llevan haciéndose desde que el cine es cine. Lo mismo ocurre con esas películas que parecen tomar prestado de otras, puesto que el séptimo arte, como todas las demás artes, se retroalimenta para dar paso a nuevas formas de narrar historias. Nicolas Winding Refn lo ha entendido muy bien, y con ‘Drive’ (id, 2010) —recientemente ninguneada en las nominaciones a los Oscars, optando sólo al montaje de sonido— nos ha regalado un thriller, cuyas fuentes de inspiración son de lo más variopintas, no quedándose únicamente en eso. ‘Drive’ es un claro ejemplo de influencia bien asimilada y respira con vida propia en cada uno de sus intensos fotogramas.

La historia es sencilla, que no simple, y el provecho que se saca de ella es máximo. Ryan Gosling, también ninguneado en las nominaciones y ya no sólo por este film, da vida a un conductor de coches que trabaja en un taller y de especialista de cine, pero también tiene otro curioso trabajo: es chófer en atracos. Su vida se complica cuando conoce a una chica y su hijo pequeño. El marido de ésta acaba de salir de la cárcel y debe dinero por protección. Nuestro héroe, por amor, decidirá ayudarle y como consecuencia una serie de hechos fatídicos tendrá lugar. En la mejor tradición del Film Noir, la fatalidad y el destino por el que están marcados los personajes, serán los principales elementos de una historia que esconde más de lo que parece a simple vista. Pero si se mira con atención, ‘Drive’ se descubre ante nuestros ojos como algo más que un simple thriller.

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'Albert Nobbs', la transformación de Glenn Close

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Albert Nobbs

Mañana se estrena en cines de nuestro país ‘Albert Nobbs’, una película que cuenta con tres nominaciones a los Oscar: una para Glenn Close como mejor actriz principal, otra para Janet McTeer, como mejor actriz de reparto, y una al mejor maquillaje. Dirigida por Rodrigo García, hijo del escritor Gabriel García Márquez, director de televisión y de cintas cinematográficas como ‘Cosas que diría con sólo mirarla’, ‘Nueve mujeres’ o ‘Madres e hijas’; esta cinta nos habla de una mujer que se disfraza de hombre para lograr su primer trabajo y, apreciando las ventajas ofrecidas a su género, continúa tan metida en el papel que hasta internamente llega a concebir dudas sobre su sexualidad, no tanto en el sentido de sus tendencias, como en el de su identidad.

Close hace una labor excelente con muy poco, ya que su personaje destaca más por la sobriedad y la discreción que por las demostraciones de gestualidad. Es habitual que el cine fuerce a sus protagonistas a cambiar de sexo, pero suele ser más común que sean los hombres quienes pasan por mujeres y en esos casos siempre se pide más la sobreactuación que el comedimiento. La situación inversa requiere circunspección, quizá porque los hombres son más tranquilos. La actriz no solo tiene que transformarse, sino también esconder todos sus sentimientos y secretos y su papel, en el que nada de esto sufre carencias, merece todos los premios y reconocimientos.

No obstante, veo más valor al personaje de Janet McTeer, no tanto por la intérprete, sino por cómo está concebido desde el guion, ya que presenta algo más de conflicto, de facetas y de interés. Ella no nos hace imaginar, ni por un instante, que sea un hombre –de Close, si no la conociésemos, quizá nos lo habríamos creído–, sin embargo, la actriz está excelente y derrocha carisma. Es posible que el Oscar se lo lleve ella en lugar de la protagonista.

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'Arrugas', una joya a descubrir

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Cartel promocional de 'Arrugas'

La semana pasada al hablaros de ese peliculón que es ‘Los descendientes’ os comentaba que en la actualidad damos un valor algo distorsionado a las cosas, corriendo así el riesgo de que las relaciones humanas con aquellas personas a las que más queremos no sean todo lo fuerte y estrechas que desearamos. Y eso es algo de lo que sólo nos arrepentiríamos en el momento en el que una tragedia nos priva de la compañía de alguno de ellos. No obstante, hay una posibilidad aún más grave, y es que nosotros mismos acabemos optando voluntariamente por desentendernos de un ser querido cuando se convierte en una carga demasiada pesada. Y es que no es raro que nuestros mayores lleguen a un punto en el que no pueden valerse por sí mismos, pero nosotros tampoco tengamos la capacidad para ocuparnos de ellos convenientemente. ¿Qué surge de todo esto? El abandonar a nuestros mayores en residencias para la tercera edad, donde delegamos en abolutos desconocidos el cuidado de nuestros mayores.

Lo curioso es que este tema no es algo que el cine aborde muy a menudo, ya que se ve que las historias sobre jubilados no deben tener suficiente interés comercial. Más curioso aún es que haya sido una película de animación española la que venga a ofrecer una visión al respecto. ¿Cuál es el motivo de resaltar que sea de animación y española? Pues que, seamos francos, el cine de animación hecho en nuestro país es escaso, tanto en cantidad como interés (de hecho, en televisión se han hecho cosas mucho más interesantes en este campo). Me vienen a la mente casos como ‘El lince perdido’ o ‘Planet 51’, algunas de las producciones con más aspiraciones de los últimos años. La primera se quedaba a mitad de camino de lo que quería y la segunda era una bobada de mucho cuidado. Podría remontarme más en el tiempo, pero lo cierto es que me da la sensación de que los animadores españoles más talentosos tienen que irse al extranjero a buscarse trabajo, algo similar a lo que sucede con varios directores de nuestro cine que apuestan por el cine de género. No obstante, la nominación al Oscar de ‘Chico & Rita’ seguramente sirva de estímulo para revitalizar este tipo de propuestas, pero en esta ocasión vengo a hablaros de ‘Arrugas’, la adaptación cinematográfica del cómic de Paco Roca que se estrena este viernes.

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'Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres', puro Fincher

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Rooney Mara como Lisbeth Salander

¿Puedo matarlo?

(Lisbeth Salander)

Desde el pasado 13 de enero puede verse en España lo nuevo de David Fincher, la segunda adaptación cinematográfica del best-seller ‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ (‘The Girl with the Dragon Tattoo’ en Estados Unidos). Da igual lo que leáis, no se trata de un remake, no toma como base el guion de la película de 2009 sino que vuelve a llevar al cine la novela escrita por Stieg Larsson, y lo hace a su manera (¿acaso el ‘Hamlet’ de Kenneth Branagh es un remake?). Desde que se anunció el proyecto, se puso en duda la necesidad de filmar otra vez la oscura investigación de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, estando tan reciente la estupenda versión sueca dirigida por Niels Arden Oplev y protagonizada por Michael Nyqvist y Noomi Rapace. ¿Tenía sentido hacer esta temprana readaptación? Desde un punto de vista comercial, teniendo en cuenta que el film ha recaudado a día de hoy 165 millones de dólares en todo el mundo, parece claro que la jugada ha sido acertada, existía la opción de hacer mucho dinero y no la han dejado escapar. Para la gente que ve una película con el objetivo de que le cuenten una historia, supongo que no hay ningún interés o escaso (¿comparar las películas, comprobar la fidelidad al libro?), se les va a narrar prácticamente lo mismo, el mismo caso, los mismos protagonistas, las mismas sorpresas, el mismo asesino… Entiendo que ellos la consideren innecesaria.

Por otro lado estamos los que disfrutamos de la puesta en escena, de las interpretaciones, de la experiencia audiovisual, más del cómo que del qué se narra, y desde esta perspectiva la readaptación de ‘Millennium’ tiene tanto sentido como cualquier otra película que parta de otro material, original o no; si hay cine en ella (no se trata solo de ganar dinero), bienvenida sea. Y en este caso es así, estamos ante una película apabullante técnicamente con un ritmo endiablado y un trabajo interpretativo impecable. Es superior a la adaptación sueca; no en todo pero sí en términos generales. Algo curioso que he comprobado es que muchos de los que mantienen que no han quedado satisfechos con el noveno largometraje de Fincher, también reconocen que esta nueva versión del libro de Larsson está mejor filmada que la de Oplev, así que supongo que el problema para ellos es la historia, la trama. O quizá el problema sea el director, demasiado famoso, demasiado venerado, otra torre que demoler. O que la película se ha hecho con dinero de Hollywood, y todos sabemos que lo europeo es mejor, sin discusión posible. En fin, cada uno tendrá sus argumentos, sus circunstancias y sus manías. Las películas las vive cada uno de manera diferente. Por mi parte, aplaudo el trabajo de uno de los más virtuosos cineastas de la Historia del Cine.

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'The Artist', el cine mudo somos todos

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Los hermanos Weinstein son, snif, orondos donadores de amor. En 1998, sedientos por esos Oscar que había convertido en naufragio triunfal el titánico James Cameron, encargaron a un equipazo de actores y a un funcionario cineasta un ‘Shakespeare enamorado’ (Shakespeare in Love, 1998) y mandaron al pueblo, fiel habitante de la multisala cuando achucha el temporal, un mensaje universal: Shakespeare somos todos, porque Romeo y Julieta somos todos. La película no era mala, ojalá, era sencillamente equivocada, pero los hermanos Weinstein, todavía usureros e insatisfechos de Oscars, tenían un plan maestro detrás al colocar a Tom Stoppard en el libreto, que serviría para generar unas dosis ingentes de sonrisa y parodia. Este año también hay otro drama shakespereano, pero el tema no procede en estas líneas porque de lo aquí vengo a hablar es de ‘The Artist’ (id, 2011), esta cinta/fenómeno que han comprado los señores en Sundance y que trae otro mensaje feliz a todos nosotros: el cine mudo somos todos.

Toma ya. Lo cierto es que Jonathan Rosenbaum, un maestro, y yo rara vez nos ponemos de acuerdo con tanta precisión, suya es la generación de los padres políticos y del morir con las botas puestas de la dialéctica, pero aquí coincidimos: la apropiación del score de ‘Vértigo’ (id, 1958) en una de las escenas clave de la película no solamente me pareció inadecuado, gratuito y profundamente idiota sino que me sacó de la película inmediatamente.

La historia es sencilla: una estrella del cine mudo, George Valentin, se enamora de la perfecta desconocida Peppy Miller. Como esto es Hollywood, y ellos se enamoran y el cine mudo se derrumba, la ironía salpicará a Valentin, llevando el final de su medio a la decadencia y propulsará a Miller, con papeles protagonistas que encorvarán una historia de amor donde también el aire turbio de la relevancia en los focos y las cámaras juega un gran papel.

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Críticas a la carta | 'Willow', de Ron Howard

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Fragmento del cartel de Willow

Hay películas destinadas a marcar una etapa determinada de nuestra vida como los clásicos Disney durante nuestra más tierna infancia (me cuesta creer que haya alguien que de niño no cantase cada dos por tres alguna de sus canciones). El problema es que no todas las películas resisten igual de bien el paso del tiempo o, si preferéis llamarlo así, nuestra evolución como personas. Lo que un día nos emocionó puede que años después nos parezca una tontería de mucho cuidado, o también lo que en cierto momento de nuestra vida no supimos asimilar como es debido acabe convirtiéndose en una de nuestra películas favoritas. La cuestión es que el cine permanece inmutable (salvo cosas raras rollo George Lucas), por lo que el concepto de la objetividad a la hora de valorar una película es, como mínimo, discutible. Puede ser un tipo de humor con el que no comulgamos, un drama personal con el que no somos capaces de empatizar o ese cine diferente que busca únicamente crear sensaciones en el espectador, pero que no tiene porqué lograrlo.

Todo lo anterior viene a raíz de que me cuesta creer que alguien que vea ‘Willow’ por primera vez en la actualidad y no sea un niño llegue a disfrutar de verdad. De hecho, ya tengo dificultades para creer que un niño llegue a disfrutarla como la pequeña legión de fans que tiene la cinta de Ron Howard. Y es que ‘Willow’ es un exponente de película elevada por la acción de la nostalgia, ese elemento que nos hace sobrevalorar cosas de nuestro pasado que en realidad no eran para tanto. Ojo, no creáis que ésta es la primera vez que la veo y por eso vaya a optar por una aproximación cínica ante vuestra petición de hablar sobre ella, pero tampoco me voy a dedicar a alabarla futilmente. Lo primero que tengo que dejar claro es que ‘Willow’ ya no me convenció en un primer visionado, y eso que esté sucedió en horas de clase y me permitió pasar un poco de asuntos escolares. Ni por esas disfruté la película cuando parecía la situación ideal (la única salvedad es que tuve que verla doblada al euskera, la única cinta que recuerdo haber visto así), así que id imaginando lo que pasó con este revisionado ex profeso para hablaros de ella.

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'Silencio en la nieve', rojo sobre blanco

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Silencio en la nieve

Durante el frío invierno ruso de 1943, un batallón de la División Azul se topa con un cadáver de un soldado español que no ha muerto en la contienda, sino que ha sido víctima de un cruento ajuste de cuentas. Sobre su pecho se han gravado en sangre las palabras “mira, que te mira Dios”. Un solado que había sido policía queda encargado de la investigación del caso. Así comienza ‘Silencio en la nieve’, la adaptación de la novela ‘El tiempo de los emperadores extraños’, de Ignacio del Valle por parte de Gerardo Herrero, partiendo del guion de Nicolás Saad, que se ha estrenado esta semana con el protagonismo de Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Víctor Clavijo, Sergi Calleja, Adolfo Fernández y Andrés Gertrúdix.

Está claro que, si se ambienta cualquier historia durante una guerra y se escoge a los protagonistas en un bando concreto, las connotaciones políticas no se pueden obviar. Lo extraño sería que estos dos señores, mientras indagan, no se topasen a cada momento con sospechas de traición y con la obligación de demostrar constantemente de qué parte están en modo de exaltaciones patrióticas e insultos al contrario. Estas cuestiones se sitúan en el film como enmarcación histórica, pero no lo invaden ni desvirtúan su esencia de thriller. Lo que ocupa todos y cada uno de los diálogos es la investigación que, de forma muy ordenada, cabal y creíble, lleva al protagonista hasta el culpable. La solución no es previsible, pero una vez resuelto el caso, todo encaja y no se puede decir que haya habido trampas para crear despistes, falsos culpables ni escamoteo de la información para evitar que se adivine. Quien no se entretenga con un seguimiento de pistas, al modo tradicional, en el que una lleva a la otra y así se concatenan sucesivamente, se aburrirá con una película en la que casi todo son diálogos, pero para mí es uno de los géneros más disfrutables. Además, como me quejo una y otra vez de que las películas tarden en arrancar, encontrarme con una que presenta el conflicto principal en su primera escena supone alborozo.

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