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Raúl Ruiz ha fallecido a los 70 años de edad

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Raúl Ruiz

El prestigioso director, teórico del cine y profesor chileno Raúl Ruiz ha fallecido esta mañana apenas un mes después de haber cumplido los setenta años de edad por causa de una infección pulmonar, según ha informado su productor, François Margolin. A finales de 2009, le fue diagnosticado un cáncer hepático, y en marzo de 2010 fue trasplantado de hígado. Ha pasado a mejor vida en París, donde vivía exiliado desde hace casi cuarenta años.

Ruiz, considerado por algunos el director de cine chileno más importante de la historia, comenzó su andadura como cineasta dentro de una corriente políticamente comprometida, donde se podía encontrar a los también chilenos Miguel Littín y Helvio Soto. Posteriormente, se fue decantando hacia películas cada vez más creativas, surrealistas, irónicas y experimentales y se le catalogó como un autor distinto y muy personal.

Un repaso a su filmografía incluiría las películas ‘La vocación suspendida’ (1977), ‘La hipótesis del cuadro robado’ (1978), ‘El territorio’ (1981), ‘Las tres coronas del marinero’ (1983), ‘La isla del tesoro’ (1985), ‘La soledades’ (1992), ‘El tiempo recobrado’ (1998), ‘Días de campo’ (2004), ‘Klimt’ (2005 ), ‘La recta provincia’ (2007) o ‘Litoral, cuentos del mar’ (2008).

El gobierno de Salvador Allende apoyó alguna de sus películas y, con el golpe de Estado de Pinochet en 1973, hubo de refugiarse primeramente en Argentina y más adelante en Francia, donde desarrolló el resto de su carrera como cineasta.

Ganador de reconocidos galardones como la Concha de plata al Mejor Director, en el San Sebastián, el Oso de Plata en el Festival de Berlín o el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisual chileno, entre muchos otros; ha dirigido a estrellas de la talla de John Malkovich, Marcello Mastroianni, Catherine Deneuve o John Hurt y ha utilizado textos de muy diversos autores, así Kafka o Klossowski.

Su último film, ‘Misterios de Lisboa’, se estrenó en España hace escasos meses y, pese a su larga duración, obtuvo una reacción crítica sumamente positiva. A su muerte, Ruiz estaba en proceso de montaje de una película más, rodada en su Chile natal durante el mes de abril, y de título ‘La noche de enfrente’, que esperamos que llegue a ver la luz.

Vía | El País.

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Ingmar Bergman: 'La alegría', un Bergman sin personalidad

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Me llama la atención que cuando un autor, sobre todo un autor consagrado y unánimemente considerado como uno de los grandes de su tiempo, presenta una película fallida (entendido el término como una obra que no está a la altura del talento de su máximo responsable), muchos la defienden con una energía digna de mejor causa como si una película poco afortunada pudiera desestabilizar la percepción que se tiene de ese artista. Ahora mismo, no puedo recordar a ningún gran director sin alguna película equivocada, cuando no rematadamente insoportable. Y Bergman no es una excepción. Con ‘La alegría’ (‘Till glädje’. 1950) llevó a cabo una película bastante alejada, a poco que se analice, de lo que había llevado hasta entonces, y la verdad es que pese a sus aciertos me parece bastante absurdo considerarla una buena película, porque no lo es. Esto no comprometía en absoluto la trayectoria ascendente del director sueco, más bien al contrario: le concedía el mérito de arriegarse con nuevas formas de expresión que terminan chirriando por un guión demasiado forzado y por un tono de melodrama que, creo, cuadra muy poco con la personalidad artística de este cineasta.

Creo que el gran Bergman es el que es capaz de contener en un segundo, o en un plano prolongado, una tensión psíquica enorme. El que se vale de una historia sencilla y poderosa para hacernos sentir, con inigualable fuerza dramática, la soledad y la incomunicación del hombre, su dependencia del pasado, su desconexión del presente y su fragilidad hacia el futuro. Pero cuando Bergman (y esta no será el último ejemplo) no consigue domeñar su material y éste resbala hacia el pantanoso terreno de lo melodramático o lo simbólico, su cine se diluye y su mirada se vuelve mucho menos interesante. Aún así, merece la pena ver estos trabajos menos acertados, porque sin ellos la personalidad fílmica del director sueco. ‘La alegría’ es uno de los peores guiones que tuvo en sus manos y no supo reconducirlo adecuadamente, quizá le fallaron las fuerzas. Pero no fue precisamente un buen inicio de década (la de los cincuenta), que luego terminaría tan brillantemente. A veces hay que dar dos pasos atrás antes de volver a dar otro hacia delante.

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John McTiernan: 'El guerrero nº 13'

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Tras el éxito que supuso ‘Jungla de cristal. La venganza’ (‘Die Hard: With a Vengeance’, 1995) nadie esperaba que tardaríamos cuatro años en ver el siguiente trabajo del realizador John McTiernan. ‘El guerrero nº 13’ (‘The 13th Warrior’, 1999) tuvo tantos problemas en su postproducción que su estreno tuvo lugar posteriormente al del siguiente trabajo del director, ‘El secreto de Thomas Crown’ (‘The Thomas Crown Affair’, 1999). Las discrepancias entre su principal productor, el también escritor y director Michael Crichton, y McTiernan obligaron al primero a prescindir del segundo y tomar las riendas, realizando un montaje diferente al presentado por McTiernan, filmando alguna que otra escena adicional.

Nada que no suene a nuevo en la filmación de una película en Hollywood. Rodajes malditos, por llamarlos de alguna manera, remontajes y remontajes, desavenencias mil entre los que buscan el negocio —los productores— y aquellos que intentan hacer arte —los directores, se supone—; algo que la mayoría de las veces termina en catástrofe tanto comercial como crítica. El caso que nos ocupa creo que es una de esas maravillosas excepciones que confirman la regla. Crichton, que no tiene un pelo de tonto, intentó hacer una versión más comercial que la ideada por McTiernan, y aún así no fue capaz de erradicar la mirada del director, muy presente en cada uno de sus planos, y que de no ser por las mencionadas diferencias creativas, es muy probable que hubiésemos estado ante la mejor película de McTiernan.

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Berlanga, homenajeado en Santander con la proyección de 'Bienvenido Mr. Marshall'

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Bienvenido Mr. Marshall

A partir de las siete de esta tarde, tiene lugar en Santander, un homenaje al cineasta Luis García Berlanga, que se puede ver en directo en esta dirección. El encuentro se lleva a cabo, más concretamente, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, durante los célebres cursos de verano de esta institución. Los actores José Sacristán, Amparo Soler Leal y el historiador y guionista Román Gubern son los encargados de homenajear al insigne director valenciano en una rueda de prensa tras la que se proyectará ‘Bienvenido Míster Marshall’.

Antes del comienzo del acto, los oradores, han declarado a la prensa su opinión sobre la importancia de este homenaje. Román Gubern asegura que “Berlanga no ha tenido el reconocimiento internacional que se merece”. En una ocasión, cuenta el historiador que tuvo la oportunidad de ver Plácido en Francia, en versión original subtitulada: “Entonces me di cuenta por qué Luis no era tan aplaudido fuera de su país; la traducción coincidiría apenas un 20% del texto que se oía”.

Sacristán, quien trabajó con el director en ‘Todos a la cárcel’ y ‘La vaquilla’ y comenzó dos proyectos infructuosos a sus órdenes, añade que “es un autor imprescindible en el panorama cultural de este país, a la altura por supuesto de Quevedo o de Goya, un cronista de su tiempo, como ha habido poquísimos en este país”.

Soler Leal no se arredra al afirmar que “Berlanga me parece el mejor director del siglo XX” y destaca el “punto de crítica maravilloso” que tenían las películas de Berlanga, que “haciendo reír, daba justo en el clavo”. Añade que, “a pesar de mis ochenta y tantas películas, la gente me recuerda, si es que me recuerda, por Luis” y con ello se refiere a la saga de ‘La escopeta nacional’.

Berlanga es un autor del que, por mucho que hablemos aquí, nos quedaremos cortos, ya que su filmografía merece mucho más reconocimiento del que recibe hoy en día, olvidado o cambiado por films de un gusto muy diferente que, si bien también tienen su validez en cada uno de sus casos, no alcanzan la capacidad crítica, la ironía, el humor y el retrato social que acertaba a dar el cineasta fallecido en noviembre del año pasado.

Vía | El País.

El humanismo y la pasión de Zhang Yimou

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“La gente en la miseria es lo más importante del arte”

Yo soy muy exigente. Cuando a veces escucho o leo la expresión “gran director de cine” aplicada a cineastas que, independientemente de su talento (muchos lo tienen, pero pocos llegan a algo en verdad importante), desarrollan una carrera con mucho menor vuelo estético que los que yo considero verdaderamente grandes, me imagino qué tipo de expresiones deberían usarse con los que son artistas eminentes, como Zhang Yimou. No voy a hacer ahora una de mis listas de directores geniales o de directores sobrevalorados (supongo que muchos lectores ya me tienen calado en ese sentido), pero si a ciertas películas bien elaboradas y con buen cine se les pone un ocho o un nueve sobre diez…¿qué se le puede poner a una obra de arte como ‘El camino a casa’ (‘Wo de fu qin mu qin’, 1999)? ¿Un catorce? No es fácil valorar ciertas muestras de buen cine cuando uno tiene ejemplos de piezas que convierten al cine, una forma de expresión todavía balbuciente, en una bella arte. Y eso que en la cita de más arriba tampoco especificó el maestro qué tipo de miseria, aunque sospecho que de todo tipo. Y de eso nutre su arte.

Están a punto de cumplirse veinticinco años desde la primera película que dirigió Yimou hiciese su aparición. No creo que hayan existido unos años más extraños, convulsos y raros en toda la historia del cine, y sin embargo él se ha mantenido fiel a sí mismo, capaz también de sorprender a propios y extraños con propuestas audaces y fuera de toda norma, resistiendo la represión de la feroz maquinaria política china, abriendo la cinematografía de su país a todo el mundo, formando parte de una de las generaciones de cineastas más importantes de las últimas décadas. Dirigiendo dramas, cine de autor, comedias, películas de aventuras, filme noir…Haciendo uso dinámico de las mejores lecciones de Ford y de Kurosawa, pero también de las más vigorosas vanguardias; recogiendo muchas de las tradiciones milenarias de su país de origen, pero adaptándolas, universalizándolas. Hace no mucho leí que Zhang Yimou es un director de gran envergadura, pero bastante sobrevalorado. Yo creo que está bastante infravalorado.

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Ingmar Bergman: 'La sed', el pasado siempre vuelve

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Uno de los problemas (si problema se les puede llamar) a la hora de afrontar un análisis exhaustivo de la obra fílmica de Ingmar Bergman, es que sus primeros filmes no se diferencian excesivamente unos de otros, al menos en apariencia, lo que sumado al limitado conocimiento que la masa de espectadores actual tienen sobre él, produce la sensación de que estamos hablando una y otra vez de la misma película. Y en cierto sentido así es. Dicen que algunos grandes directores siempre hacen la misma película…con variaciones. Mi percepción es que Bergman, en sus primeras diez películas, fue introduciendo las anteriores en la más reciente, como se hace con las matrioskas, creando una forma más perfecta a medida que iba depurando su estilo y reflexionando sobre el trabajo previo. Esto no significa, necesariamente, que la nueva obra fuera de mayor importancia que la anterior, pero sí que su director iba ensanchando, con paciencia y denuedo, su talla artística como director de películas, introduciendo nuevos temas, poniéndose cada vez el listón más alto. Está claro que el director de ‘Crisis’ (‘Kris’, 1945) no podría haber dirigido, con el aplomo y la mirada con lo que dirigió pocos años más tarde, ‘La sed’ (‘Törst’, 1949).

Regresamos al existencialismo profundo de su película anterior, pero también a la tragedia de una pareja para la que es casi imposible mantenerse unida, y a la crítica de un entorno hipócrita incapaz de comprender que el individuo (las partes) es más importante y frágil que la sociedad (lo totalidad), y que siempre se sufre y se muere solo. Y, por supuesto, también a la sensación de que Dios tiene mejores cosas que hacer que escucharnos un poco. Lo que ‘La sed’ propone en añadidura a todo lo que antes había explorado Bergman es una insólita (hasta ese momento de la obra bergmaniana, al menos) estructura narrativa, en la que los saltos temporales y la alternancia de personajes cobran especial relevancia, y en la que la verdad nace más del contraste entre el pasado y el presente, que de una observación directa y precisa de ese presente. Y es que Bergman, cada vez más (y creo que los grandes directores hacen precisamente eso) se iba preocupando más de la forma de contar sus historias que del material dramático que contaba, aunque sin desmerecerlo. Bergman sabía ya que en el arte lo que importa es el cómo.

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Ingmar Bergman: 'Prisión', primer éxito de público y crítica

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En el caso de Bergman no me canso de repetir lo mismo, y es algo que entronca con un futuro artículo en torno a las primeras obras y a los directores primerizos (sobre todo en España). Y es el tema de que no todos los directores (de hecho un ramillete muy exiguo) llegaron y convencieron con sus primeras obras. Algunos célebres, de hecho, tardaron muchos años en demostrar su gran talento, pero mientras tanto tuvieron la oportunidad de dirigir películas, y de ir creciendo como artistas. Y uno de los más célebres, precisamente, el sueco al que estamos dedicando un especial, que hasta ‘Prisión’ (‘Fängelse’, 1949) no conoció ni un solo éxito de crítica y público consensuado, y cuyas anteriores películas, nada menos que cinco largometrajes, si bien no caros ni ambiciosos desde un punto de vista narrativo, poseían suficientes virtudes (y también no pocos balbuceos) para mantener a flote en el mundo de la cinematografía a quien ya era un triunfador (con apenas treinta años) en el mundo del teatro. Pero ya hemos apuntado su timidez conceptual y estilística, su indefinición en ciertos aspectos.

Timidez o indefinición que desaparecen de golpe con una película que, si bien no significa un enorme ensanchamiento de su talla artística hasta entonces, sí que son sustituidas por una energía, una oscuridad y un dinamismo prácticamente inexistentes en su cine anterior, y que convierten a su sexta película en una notable superación de sí mismo. No en vano se trata de su primer guión en solitario y del primer guión escrito sin ningún material teatral o novelístico preexistente. Una tragedia existencialista de tintes jungianos y casi nietzschianos en su brutal gelidez espiritual, cuyos torturados caracteres convierten a los que hasta ahora habían habitado el cine de Bergman en simples excusas melodramáticas y hasta en arquetipos. Cine dentro del cine que quizá pueda ser considerado como un borrador del futuro (y absolutamente magistral) ‘Como en un espejo’ (‘Såsom i en spegel’, 1961), y que, aunque adolece de una irregularidad formal evidente en sus pretensiones, posee momentos antológicos y una concepción del cine mucho más global y completa.

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Ingmar Bergman: 'Ciudad portuaria', la dificultad de ser mujer en la sociedad

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El grupo de pequeñas películas que conforma la etapa llamada “de aprendizaje” de Ingmar Bergman (1918-2007), que muchos seguidores de la obra bergmaniana (entre los que me incluyo) creemos que se cierra con la plenitud de ‘Un verano con Mónica’ (‘Sommaren med Monika’, 1953), es algo así como una escalera invisble y no siempre hacia arriba o hacia adelante, aunque se establece desde los balbuceos de un gran director de teatro que parece no creer del todo en sus propias posibilidades fílmicas, hasta la conquista de las propias herramientas narrativas, de un mundo propio, y el doblegar a sus contemporáneos a reconocer su capacidad creadora. ‘Ciudad portuaria’ (‘Hamnstad’, 1948) es una de las películas más vistas de esa primera etapa, y no es casual en absoluto que la dirigiera en plena época de esplendor del Neorrealismo italiano, corriente cinematográfica a la que tanto debe este filme de Bergman, siendo un director tan abierto a las nuevas formas de expresión en todos sus ámbitos, antes de ser una corriente él mismo.

También, con el vistazo más superficial, nos damos cuenta de que los primeros Bergman están presididos por historias casi prohibidas, trágicas o imposibles entre un hombre (generalmente más maduro, aunque con un pasado tormentoso) y una mujer (muchas veces más joven e incapaz de enfrentarse al futuro. En esta ocasión, basándose en la novela previa de Olle Länsberg, que escribió junto a Bergman la adaptación (aunque en realidad Bergman se dedicó a pulir algunos elementos que no le agradaban, sin aportar nada realmente nuevo al texto. Pero aquí tenemos el personaje femenino más completo y desgarrado de lo que llevamos de filmografía de Bergman, y a un grupo de personajes femeninos realmente convincente, que alterna entre lo grotesco y lo compasivo con gran habilidad, contrapunteadas por la presencia de ese hombre misterioso, romántico y oscuro a un tiempo, que significará una nueva vida para la solitaria y despreciada Berit.

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Los mundos salvajes de Ralph Bakshi

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“Ya no creo más que una película pueda cambiar el mundo. Ni que un libro pueda cambiar el mundo. Cuando era joven solía pensar que estas cosas podían tener un significado. Que los libros y las películas podían ayudar a la gente a pensar por su cuenta. Pero ya no creo que ese sea el caso. La gente es ahora más codiciosa de lo que jamás fue. No se puede parar a la gente que dirige este mundo.”

El despiadado mundo de la animación cinematográfica ha conocido unos cuantos iconos, bastantes ángeles caídos, y algunos renovadores. Seguramente, el realizador Ralph Bakshi, de origen palestino-israelí y adopción neoyorquina, sea uno de esos renovadores, que en las tumultuosas décadas de los sesenta y los setenta supo imponer su personalidad en algunos proyectos, los cuales para bien o para mal influyeron en muchos otros directores y creadores de animación, ganándose un nombre y un territorio de representación muy personales. Eso sí, comenzó como tantas otras promesas dedicándose a la lucrativa industria de los superhéroes, antes de emprender proyectos propios, muy pocos de los cuales han sido recibidos con una respuesta positiva o unánime de público y crítica, por mucho que de alguna forma ha aportado más a la animación, en muchas de sus variantes, que otros grandes directores comerciales del género. Genial, apasionado, retorcido, narrador nato, muchos calificativos pueden aplicarse a la labor de Bakshi como contador de historias y forjador de formas.

Pero lo que siempre ha sido Bakshi, por encima de otra consideración, es un verdadero superviviente, capaz de plegarse a los requerimientos del estudio para el que estuviese a sueldo, pero también capaz de doblegar las convenciones para construir su propio mundo. Creo que nunca ha dirigido una obra completamente perfecta, pero sí ha sido capaz de ser fiel a sí mismo, a sus gustos y a sus obsesiones artísticas. No hay muchos que puedan presumir de lo mismo. Su obra es irregular en fluidez y logros, pero también apasionante por todo lo que significa de rompimiento con las normas establecidas, con un cine de animación cada vez más mainstream, preconcebido y predigerido, y en muchos aspectos fascinante porque todas sus obras poseen arterias de conexión subterráneas, aunque nítidas, que nos revelan a un creador convencido de que está haciendo algo importante, denso y perdurable para todos aquellos que no se conformen con imágenes de fácil recepción.

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Bigas Luna ha dirigido tres spots de un producto de limpieza

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No es raro encontrar directores de cine que se pasen a la publicidad o que provengan de ella. Míticos son algunos nombres como Ridley Scott, Michel Gondry o Isabel Coixet, por poner solo tres ejemplos. Con esto de la crisis, además, el cruce de estas fronteras se hace más común, ya que para un cineasta de renombre no es difícil lograr una campaña en lugar de los realizadores publicitarios que compitan por ella, gracias a la publicidad que su participación le puede dar a su publicidad. Y aquí tenemos un caso claro de ambas cosas, pues estoy segura de que esta campaña que ha realizado Bigas Luna va a dar mucho que hablar.

El director de ‘Bilbao’ (1978), ‘Jamón, jamón’ (1992), ‘Huevos de oro’ (1993), ‘Yo soy la Juani’ (2006) o ‘Di Di Hollywood’ (2010), entre muchas otras, se ha encargado de rodar tres spots de veinte segundos para el quita-grasas KH7 con la consigna de que sean “muy sensuales, picantes y sorprendentes”. Y, por lo menos, la última parte la ha conseguido. Resulta difícil decidir si la “caspa” que rezuman es voluntaria para que llamen la atención y se conviertan en la comidilla del YouTube, que hoy en día es lo mejor que les puede ocurrir, para ahorrarse unos cuantos costosos espacios de emisión, o si están realizados con la intención de resultar efectivos, pero involuntariamente causan la risa. El caso es que no tienen desperdicio, pues esa pareja que, justo en los momentos previos al acto, se afana en labores de limpieza o esa mujer sensual que saca del bolso un spray de producto no tienen precio.

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