
Estos días, efectúo un repaso al cine de 2011 que fui dejando pasar en el momento de su estreno, con la intención de no perderme nada jugoso a la hora de elaborar una lista de lo que más me ha gustado del año. Una de las que parecían imprescindibles, por lo que se comentó sobre ella, los premios y las nominaciones que obtuvo, es ‘Winter’s Bone’, de Debra Granik que, aunque sea de 2010, se estrenó en España en febrero de este año.
La interpretación de la joven protagonista, Jennifer Lawrence, es espléndida, además de que su rostro tan sincero y natural consigue una gran cercanía. Siempre digna y estoica, sin dejarse arrastrar por el drama y sin rendirse, esta mujer que aún está empezando a serlo, supone el mejor elemento de la película. John Hawkes compone otro personaje interesante, aunque por encima del suyo, destacaría el que encarna Dale Dickey, así como el conjunto que forman el resto de los intérpretes, que funcionan como un todo.
Granik realiza la película con un exquisito gusto, pero no solo por el capricho de encuadrar bellos planos, sino con una intención retratista muy certera, que nos permite contemplar el pequeño mundo en el que transcurre la historia al cargar cada cuadro de sensaciones. La atmósfera opresora se transmite con fiereza. El frío, que resulta palpable, crea un manto que encierra a los personajes, llevándonos a una claustrofobia, que se siente, a pesar de que los veamos moverse por lugares abiertos. Lo que les impide salir de allí no son barreras físicas, sino culturales y económicas o incluso basadas en las carencias personales de cada uno de los personajes. El tempo pausado, casi detenido, por mucho que pueda provocar tedio, supone una elección consciente de la directora, ya que resulta el idóneo para adentrarnos en esa angustia que sufre la protagonista y en el ritmo que cobran los sucesos en esos lugares donde pueden darse gracias por la rutina, pues cualquier hecho que se salga de ella es probable que no suponga una grata sorpresa.











