'Warlords: los señores de la guerra', la anti-épica de la lucha por dinero

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Warlords: los señores de la guerra

‘Warlords: los señores de la guerra’ (‘Tau ming chong’, 2007), dirigida por Peter Chan y Wai Man Yip, y protagonizada por Jet Li, Andy Lau, Takeshi Kaneshiro, Jinglei Xu, Bao-ming Gu, Xiaodong Guo, Zhaoqi Shi, Kuirong Wang, Yachao Wang y Bo Zhou; nos cuenta que, a mediados del S. XIX, en medio de una cruenta guerra civil que se saldó con cincuenta millones de muertos, un general chino encuentra el camino a la gloria tras hermanarse con dos bandidos. Su obsesión por el poder y el amor de una mujer acabarán por desencadenar una tragedia.

Hace bastante tiempo que vi esta película —que apareció en DVD en noviembre de 2009 — y que tenía escritas sin publicar estas palabras, quizá con la idea ilusa de que se estrenase en cines cuando, si ya ha ido directa al formato doméstico, sabemos que eso no va a ocurrir. Corría la época de estreno en España de ‘Acantilado Rojo’ y lo cierto es que la que nos ocupa me pareció muy superior, por lo que no entiendo que no gozase, como aquella, de un estreno en salas, especialmente después de que la Academia de Cine de Hong Kong le concediese premios a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor (Jet Li), Mejor Fotografía, Mejor Dirección Artística, Mejor Maquillaje, Mejor Vestuario en 2008. Quizá es que la intensidad de su violencia, así como su extensa duración, hagan que no sea recomendable para cualquier espectador.

Warlords: los señores de la guerra

El film es un complejo y devastador drama de personajes, en el que no se dan concesiones ni se dulcifica ningún aspecto. Pero la violencia de la que hablo se debe más a una intención realista que a la búsqueda de la provocación que pueden tener algunas cintas que están circulando en estos momentos por festivales y muestras.

Lo que la película demuestra es un aspecto de las guerras que sigue siendo actual: los intereses monetarios. Los señores de la guerra son aquellas personas que luchar por obtener un beneficio propio, arriesgando así la vida de sus soldados y arrasando poblaciones sin tener en ellas ningún interés político o patriótico, y ni siquiera con la ambición de convertirse en jefes de estado, sino con un único interés: el económico.

Por todo ello, la película está despojada de toda la épica y la honorabilidad que suele caracterizar a los films bélicos. Y este aspecto me parece la mayor novedad y lo que la eleva por encima de muchas otras producciones que, al fin y al cabo, justifican la lucha armada.

Warlords: los señores de la guerra

Lo más interesante de la película es Pang, el personaje de Jet Li, un hombre equívoco, un personaje contradictorio, que tan pronto puede demostrar que se rige por unos códigos éticos exagerados, como puede, poco después, tomar decisiones cruentas y reprobables. Su actitud no está encomiada, pero sí se hace ver en cada momento por qué toma las decisiones. Sin perjuicio de una comprensión del personaje muy profunda, el guion es capaz de mostrarnos, al mismo tiempo, los puntos de vista de los otros dos protagonistas y lograr que los comprendamos a ellos igual de bien que a Pang.

A pesar de su crudeza, ‘Warlords: los señores de la guerra’ es una película muy bella estéticamente. Las batallas están bien rodadas, de forma sucia, pero espectacular, y con una luz muy interesante. Se podría destacar la escena de los arqueros contra la población civil, tanto por su impacto conceptual, como por la forma en la que está realizada. Tras pagarle el sueldo más alto que ha obtenido un actor en China, los autores permiten el tiempo necesario para disfrutar de las coreografías de las peleas de Li y sus compañeros de reparto.

Oscuro, profundo y nada complaciente, ‘Warlords: los señores de la guerra’ puede no ser un film apto para cualquier estómago y no supone, precisamente, la esperable cinta asiática de artes marciales y guerra con la que pasar un rato entretenido. Pero sí puede considerarse por parte de espectadores experimentados una gran película cargada de vistosas batallas y al mismo tiempo de un importante contenido crítico social y un profundo retrato de personajes.

Mi puntuación:

3,5

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