Añorando estrenos: 'Camino a la gloria' de Howard Hawks

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La razón de la elección en esta sección de ‘Camino a la gloria’ (‘The Road to Glory’, Howard Hawks, 1936) va más allá de recordar películas de antaño —y también relativamente recientes— con la que compensar la pobre calidad de muchos de los estrenos actuales, ocupados en sagas, precuelas, remakes, reboots y mil variaciones más. De hecho, ahora que todos nos quejamos de los remakes, no está de más recordar este título del gran Hawks, y que no era más que una versión de un film francés de 1932 dirigido por Raymond Bernard titulado ‘Les croix de bois’ —adaptación de una novela de Roland Dorgelés—, ambientado en la 1ª Guerra Mundial y que posee unas secuencias de guerra que inspiraron claramente a Kubrick y Spielberg en dos de sus títulos más conocidos.

Lo cierto es que ambos films, original y remake, son prácticamente desconocidos en nuestro país, y hoy nos centraremos en el estadounidense, un título que tal vez no se encuentre entre las obras magnas de un director de la talla de Howard Hawks —el eterno “rival” de John Ford, y para muchos, superior—, pero desde luego tampoco es, ni de lejos, una de sus peores obras. Tras haber deslumbrado a medio mundo con ‘Scarface’ (id, 1932) y antes de sus comedias tan divertidas, el estilo temático que Hawks implantaría en algunos míticos westerns, y que influyó en realizadores como John Carpenter, empezaba a mostrarse por primera vez en ‘Camino a la gloria’. La camaradería y la amistad por encima de todo marcando el carácter grupal de los personajes en el relato se convertiría en el sello inconfundible de Hawks en sus films más serios, por así llamarlos.

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(Spoilers) La película, que cuenta con un guión escrito nada menos que a diez manos —y entre cuyos autores se encuentra el mítico William Faulkner, que se convertiría en un habitual de Hawks—, narra una historia amibientada en suelo francés durante la primera gran contienda. La acción nos lleva a 1916, y en concreto al regimiento comandado por el Capitán Paul La Roche (Warner Baxter), un hombre tan valiente como firme con sus hombres. Su filosofía reside en no permitir que ni un sólo hombre de su regimiento ponga en peligro al resto o no sirva con valentía a su país. Una fuerte camaradería y respeto es lo que sienten sus hombres por él, algo que se verá reforzado en las relaciones con los personajes del teniente Michel Denet (Fredrich March) y el padre de Laroche (Lionel Barrymore).

Mientras que el primero comparte el amor que Laroche siente por la fascinante Monique La Coste (June Lang), el segundo tendrá una importancia vital en el relato, pues en un principio será el protagonista de una hazaña narrada en off, y que hará que el capitán del regimiento, subrayemos, su hijo, se sienta muy orgulloso. Más tarde y en consonancia con el fracaso amoroso del capitán —en realidad, un amor no correspondido, algo que jamás puede tacharse de fracaso—, La Roche padre comete un tremendo error por miedo a la muerte, causando bajas en el regimiento. Así pues, padre e hijo, uno por arrepentimiento, el otro porque siente que no debe seguir más en este mundo donde el amor le ha sido negado, compartirán una misión suicida que salvará al resto del regimiento.

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Tanto en una cosa como otra Hawks define muy bien la tragedia sin cargar las tintas, sobre todo en el triángilo amoroso, en el que Monique y Michel se declaran amor en mismísima presencia de La Roche, que no puede verlos porque está ciego —un muy ingenioso detalle de guión—. En cualquier caso, ‘Camino a la gloria’ está impreganda de tonalidades muy oscuras —obra y gracia del grandísimo Gregg Toland, quien a estas alturas no necesita presentación— con la intención de dotar al relato de cierto aire claustrofóbico —otro de los signos del estilo de Hawks—, consiguiéndolo la mayor parte del film, sobre todo en las escenas en las trincheras, algunas de una tensión máxima. Cabe citar el momento en el que los franceses saben que los alemanes están cavando un túnel debajo de ellos y deben permanecer en su puesto.

Hawks nunca abandona ese tono oscuro y sombrío, en parte por la pluma de Faulkner, tirando para ello en algunos momentos de la teatralidad tan característica de muchas de las películas de los años 30, y que muchos ven como un defecto. Ni siquiera en su esperanzador final, en el que Michel ya ha tomado el relevo de La Roche y transmite a sus hombres la misma filosofía de aquel continuando así con su labor. El amor triunfa, aunque sea entrer sombras, y el recuerdo de los grandes hombres luchadores eleva el ánimo de los combatientes. La gloria en tiempos oscuros.

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