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Vuelvo sobre el olvidado André de Toth en estos meses veraniegos, al menos en el calendario. El director húngaro, uno de los grandes favoritos de directores como Quentin Tarantino, quien le ha plagiado, perdón, homenajeado miles de veces. Su cine nunca estuvo bien considerado, aunque habría que decir que muchas de sus cintas eran prácticamente desconocidas, hasta que el paso del tiempo y las revisiones han puesto las cosas en su sitio.

De Toth fue casi siempre recordado por una de las cintas de terror más exitosas de los años 50, entre otras cosas porque fue una de las peimeras películas en las que se experimentó con ese sistema que a día de hoy no parece perfeccionado ni de lejos, la 3D, ‘Los crímes del museo de cera’ (‘House of Wax’, 1953) con el gran Vincent Price, y que sin ser una película mala, ni mucho menos, no destaca a día de hoy entre lo mejor de su director. El film que hoy nos ocupa, ‘Tanganika’ (‘Tanganyika’, 1954) se incluye dentro de esa serie de films de aventuras africanas tan de moda en aquellos años. Pero al igual que muchos realizadores europeos exiliados en Estados Unidos, el film está lleno de detalles atípicos dentro de las cintas convencionales de la época.

(Spoilers) Así pues, ‘Tanganika’ puede verse en cierto modo como una especie de western —el género que mejor dominó de Toth, al lado del Filmn Noir— encubierto. Su historia da comienzo con un safari, pero no con la finalidad que todo safari tiene en la mayoría de las películas del mismo corte, sino con la intención de matar a un hombre. John Gale (Van Heflin) es un maderero cuyo negocio peligra por la anarquía impuesta por el hombre blanco, concretamente por el personaje de Abel McCraken (Jeff Morrow) en una región de nadie, asesinando a todo aquel que intente detenerle. Dos hombres obsesionados, uno con tener el control lejos de la civilización, y el otro, incapaz de dejar de lado su ansia de venganza. Bien podríamos estar hablando de dos pistoleros enfrentados, de tribus africanas simulando tribus indias, y cómo no, ese lugar fronterizo donde la ley nunca llega.

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Lo que más llama la atención de un film como ‘Tanganika‘ es la pasión con la que De Toth se enfrenta al drama de acción, logrando un film visceral en muchas de sus partes. Queda este algo empañado por una muy forzada historia de amor en la que el director se muestra visiblemente incómodo. Una concesión al vago público y que en cierto modo redime al personaje central con una de las razones más antiguas del universo, el amor. Un amor no buscado y encontrado en medio de la jungla como una última oportunidad para Gale de ser alguien más en la vida. Afortunadamente De Toth se para poco en esa relación, tan lógica como improbable, centrándose en el relato puro de acción y en la catarsis de tres personajes masculinos tan similares como diferentes.

La puesta en escena de De Toth le revela como un maestro en el uso del espacio escénico, moviendo la cámara majestuosamente en momentos como el del campamento que forman la primera noche de descanso. De Toth realiza un travelling descrpitivo de forma que el espectador conoce de sobra la ubicación de cada personaje, operación que repite en cada secuencia de acción, con un soberbio uso del montaje, creando así cierto suspense en la trama y que no le queda nada mal. Al respecto cabe citar toda la parte final con los cartuchos de dinamita explotando para engañar al enemigo, escena de gran tensión dramática y que une de forma magistral la liberación, por así llamarla, de los tres personajes masculinos, presos cada uno de sus propias obsesiones y ansias de libertad, cada uno entendiéndola a su manera.

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Van Heflin, que nunca fue un gran actor, saca provecho de su físico rudo, de su rostro desencajado, dotando de cierto misterio su personaje, trasunto de pistolero con pasado desconocido. Howard Duff y Jeff Morrow dan vida a los hermanos McCracken, unidos por la sangre y separados por ideales. Y Ruth Roman es el pegote femenino, de presencia prácticamente obligada en este tipo de películas y que aporta más torpeza a la narración que otra cosa, quedando en evidencia lo débiles que son los personajes femeninos en algunas de las cintas de De Toth, no siendo siempre así, pero en este caso resulta especialmente escandaloso.

Probablemente ‘Tanganika’ no destaque entre la filmografía de un realizador tan desconocido en la actualidad como este, y aún así hay momentos de gran cine en sus imáganes, en muchas de ellas, y que soportan estoicamente el paso del tiempo, algo que muchas películas de hoy no pueden decir. Un western encubierto como hemos dicho, y un relato de aventuras sólido y lleno de fuerza, salvo en los instantes íntimos. Algo parecido sucede en la próxima película de André De Toth de la que os hablaré, ‘El cazador de recompensas’ (‘The Bounty Hunter’, 1954) y que el director filmó inmediatamente después de la presente, un curioso western con Randolph Scott en una de sus colaboraciones con De Toth antes de la serie de westerns que hizo con Budd Boetticher.

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