Síguenos

joe-kidd-1.jpg

Clint Eastwood dejaba atrás en 1972 un pequeño bloque de tres películas que representan parte de lo mejor de su carrera. ‘El seductor’, ‘Escalofrío en la noche’ y ‘Harry el sucio’ sientan las bases del actor realizador, y sus inquietudes estéticas y temáticas empiezan a tomar forma. Tras la primera aventura del inspector Callahan, Eastwood cumple su promesa con la Universal de protagonizar para ellos un western. El caso es que haría dos, siendo uno el primero que realizaría tras las cámaras. De esta forma, el actor vuelve al género que le dio a conocer con dos films extraños, interesantes en parte, y también muy lejos de ser grandes logros.

‘Joe Kidd’ da inicio a ese díptico del western, y resulta curioso que Eastwood quisiera protagonizarla (más allá de su compromiso con la productora). Años antes había rechazado interpretar ‘El oro de McKenna’, de J. Lee Thompson, por considerarla un proyecto demasiado antiguo y pasado de época, algo en lo que Eastwood no se equivocó, aunque tampoco hablamos de una película desdeñable. Pero es que ‘Joe Kidd’ adolece de los mismos defectos de aquélla, siendo dirigida por uno de los clásicos del género: John Sturges.

Que el director de joyas del séptimo arte como ‘Los siete magníficos’ (Akira Kurosawa le regaló a Sturges una espada de samurai después de verla, en señal de agradecimiento), ‘Conspiración de silencio’, ‘El último tren de Gun Hill’, ‘La gran evasión’ (¿cuántas veces se puede ver esta película y no aburrirse jamás?) o ‘Duelo de titanes’ (junto con la versión de John Ford, la mejor película sobre el mítico duelo en el OK Corral), se pusiera a dirigir a una estrella del talante de Eastwood, admirador profundo de los grandes clásicos (aunque eso no le convierta en el mil veces llamado “último clásico de Hollywood”, definición tan acertada como errónea, y ya lo explicaré en su momento), es algo que nadie podría perderse. Un western de John Sturges con Clint Eastwood tendría que oler a grande de lejos. Pues no. ‘Joe Kidd’ muestra a dos artistas reunidos en un mismo film, pero transmitiendo la decepcionante sensación de que cada uno ha ido por su lado.

‘Joe Kidd’ no fue más que un proyecto de encargo. Sturges se puso a dirigirla intentado reverdecer viejos laureles, y Eastwood la interpretó sin aportar nada especial a lo que ya habíamos visto con anterioridad. Resulta curioso comprobar como su personaje, el Joe Kidd del título, es una mezcla de los personajes clásicos vistos en infinidad de westerns y los que él protagonizó con anterioridad. Un hombre sin pasado conocido, un borrachín, ex-cazador de recompensas, que anda siempre metido en líos, y también apartado de todo lo que rodea al pueblo en el que se encuentra, hasta que circunstancias de índole mayor le obligan a tomar parte. Al igual que en futuras y pasadas películas, su imagen está por encima del bien y del mal, más allá de toda regla establecida. Joe Kidd primero está del lado de la ley (protege a un juez de ser asesinado), luego es “invitado” a servir de guía por un terrateniente que quiere dar caza a un mexicano molesto para sus intereses. En el transcurso de la misión, Kidd se da cuenta de que el mexicano (Luis Chama) no es tan malo como la persona que le contrató para darle caza, y finalmente convence a aquél para que se entregue, mientras Kidd reparte justicia como es debido.

joe-kidd-2.jpg

En este aspecto, ‘Joe Kidd’ puede parecerse a ‘Cometieron dos errores’ (también a alguna que otra película futura de la que ya hablaremos), el film de Ted Post, que Eastwood protagonizó en 1968. Los verdaderos criminales deben recibir su merecido, y la ley debe impartir justicia, no ley, por muy paradójico que esto resulte. Al respecto, ‘Joe Kidd’ ofrece una de las escenas más interesantes y atrevidas del cine de Eastwood actor: aquélla en la que sentado en el sillón del juez de un tribunal dispara contra Robert Duvall (quien da vida a Frank Harlan, un antagonista a la altura de nuestro admirado Clint). Harlan recibe su merecido, y la alegoría no puede ser más directa, concisa y clara: para aplicar justicia, la ley debe saltarse sus propias normas.

Pero dejando a un lado este apunte (bastante desarrollado en otros films de Eastwood), las ajustadas interpretaciones de su trío protagonista (un, como siempre, lacónico Eastwood, un sobrio Robert Duvall, y un extraño y hasta cierto punto divertido, John Saxon, aguantan muy bien el peso del film, sobreponiéndose a las deficiencias de un guión quizá demasiado complaciente además de esquemático), y el intento de Sturges por ofrecer a un producto demasiado tambaleante algo de la sobriedad y el estilo que él mismo demostró en los años 50, lo cierto es que ‘Joe Kidd’ es un western demasiado simple, con un argumento que no satisface las inquietudes de un espectador deseoso de ver lo que los apellidos de Sturges y Eastwood son capaces de ofrecer.

No obstante ‘Joe Kidd’ supuso para la Malpaso un éxito económico bastante grande, la fama de Eastwood siguió subiendo como la espuma, y eso le permitió seguir realizando los proyectos que a él le apetecían de verdad. Su siguiente película, ‘Infierno de cobardes’, uno de esos personales proyectos del actor logró algo de lo que muchos nos lamentamos: que Clint Eastwood y John Wayne no interpretasen juntos un western. Pero ya hablaremos de ello en su momento, ya que antes conoceremos una de las obras más influyentes en la carrera de Eastwood director (probablemente, el film que más influyó en su trayectoria): ‘Incidente en Ox-Bow’ de William A. Wellman.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

6 comentarios