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Empezamos este especial con la película que consiguió más nominaciones en la primera entrega de los Oscars que se realizó, concretamente en 1929. Nada menos que cinco nominaciones consiguió ‘El séptimo cielo’ (‘7th Heaven’, Frank Borzage, 1927), todo un logro si consideramos que las categorías aquellos años eran muchas menos que en la actualidad, y que los galardones tanto de película como de director se dividían en dos grupos. Janet Gaynor, su protagonista, fue la primera actriz en ganar un Oscar, y lo hizo por su labor en tres películas, la que nos ocupa, la imprescindible ‘Amanecer’ (‘Sunrise’, F.W. Murnau, 1927), y ‘El ángel de la calle’ (‘Street Angel’, Frank Borzage, 1928), film que volvió a reunirle con Charles Farell, con el que repetiría en un buen número de films debido al éxito obtenido con ‘El séptimo cielo’.

Lo cierto es que la Gaynor era la intérprete ideal para el tipo de historia que narra el que fue el mayor éxito de Borzage, uno de los realizadores más eminentemente románticos de toda la historia del cine. La actriz poseía la justa mezcla de fragilidad y serenidad, para hacerse cargo de un personaje como el que aquí interpreta, una pobre mujer enamorada que encontrará la paz en un pocero metido a barrendero. Hay que subrayar el hecho de que estamos ante una de esas historias de amor inmortal, con un punto bastante inocente, pero que gracias a la labor de Borzage, se erige como una de las obras maestras del cine. Es realmente difícil imaginar a otro director detrás de esta historia, aunque diez años después Henry King realizó un remake con James Stewart que aunque estimable, no soporta la comparación. En la sensible mano de Borzage está la diferencia.

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‘El séptimo cielo’ narra la historia de Diane, una pobre muchacha en los bajos fondos de París, a las puertas de la I Guerra Mundial, y que vive con su tiránica hermana. Por otro lado, conoceremos también a Chico, un pocero que sueña con ser barrendero para estar entre la gente trabajando, y no sumido en las alcantarillas. Muy pronto los destinos de estos dos desgraciados, en el buen sentido del término, se cruzarán. Todo ello porque Diane recibe una brutal paliza por parte de su hermana por culpa de la honradez de esta. Chico saldrá en su defensa en plena calle, y se apiadará de la muchacha en el instante en el que la policía quiera detenerla por dedicarse a la mala vida, valga el eufemismo. Para ello no se le ocurrirá otra cosa que decir que es su esposa, algo que será comprobado por los agentes a su debido tiempo. En poco tiempo, ‘El séptimo cielo’ pone sobre la mesa cuestiones vitales con las que enseguida conectamos.

Resulta curioso como la frase con la que se define a sí mismo Chico —“hay que mirar hacia arriba… soy un chico muy peculiar…“—, marca continuamente el desarrollo de la película. Sus personajes ascienden emocionalmente siguiendo esa declaración de intenciones. Chico pasa del mundo de la alcantarilla al de la gente normal, como él los llama, la calle, donde conoce a Diane. Y vive en un ático, el séptimo cielo del título, del que Borzage filma no pocas veces cómo los protagonistas suben a través de todo un universo de personajes, habitantes de cada piso. Lo mismo sucede en su milagroso final en el que Chico, volviendo ciego de la guerra asciende por la escalera de caracol, enfocada desde arriba y dando la sensación de que es algo peligroso, para encontrarse con su amor verdadero, simbolizando un ascenso a los cielos. Pocas veces la carga religiosa en un film ha sido tan efectiva, elemento por cierto que se repetiría alguna que otra vez en la filmografía de Borzage, con la extraña cualidad de no chirriar.

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La historia de amor retratada en ‘El séptimo cielo’ es una de esas historias cargadas de inocencia sobre el amor puro y verdadero, ése que nos creemos que existe y luego hacemos el gilipollas en la vida real. Sin embargo, la fuerza dramática de Borzage, llena de un lirismo arrebatador, y la convicción con la que está narrada, hacen que la historia sea totalmente creíble. El universo creado por el director es de una coherencia estremecedora, por cuanto Borzage mezcla con inusitada pericia, esa que pocas veces se ha vuelto a repetir en un realizador, realismo, lirismo y unas gotas de épica, dando como resultado lo que podemos llamar el estilo Borzage. Un director que de puesta en escena sabía un rato largo, y aunque las malas lenguas lo comparaban de forma peyorativa con Murnau, probablemente por coincidencias temáticas, lo cierto es que dicha comparación está cogida por los pelos. Coetáneos sí, cierto gusto por la abstracción, también, sobre todo en Murnau, pero Borzage era mucho más poético en sus historias de amor, todas ellas bigger than life.

El amor de Diane hacia Chico nace de la compasión de este hacia ella, que sin conocerla hace lo que nadie ha hecho por ella por protegerla. El amor de Chico hacia Diane nace del día a día. De esta forma Borzage fusiona dos elementos básicos en el amor y lo eleva al máximo, convirtiendo el sentimiento amoroso en algo más fuerte que la propia vida, incluso que la propia muerte, capaz de atravesar cualquier adversidad, dotándolo de un carácter místico, casi milagroso —los amantes se reunirán mentalmente todos los días a las 11 de la mañana, cuando Chico esté en combate—, que hará superar algo tan terrible como una guerra. Resulta curioso cómo Chico le dice una y otra vez a Diane que él no tiene miedo de nada, y cuando él le declara su amor en el momento menos esperado, es Diane quien pasa a no tener miedo absolutamente de nada, apoyada en la certeza del amor correspondido. Para completarlo, Borzage subraya el carácter ilógico del amor, en un final que escapa a todo raciocinio devolviendo a Chico ciego, pero viendo más que nunca, al lado de su amada. La puesta en escena en ese instante es soberbia, realzando cada encuadre para magnificar, y sin estridencias, el reencuentro. El haz luz que baña a la pareja tiene connotaciones religiosas nada disimuladas, pero muy coherentes —Chico era un creyente decepcionado, pero el amor le ha devuelto la fe—. Nadie se atreve a interrumpir, y ‘El séptimo cielo’ sigue impresionando 85 años después de su realización.

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