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Las dos adaptaciones más famosas de la novela de James M. Cain, ‘El cartero siempre llama dos veces’, son las realizadas por Tay Garnett, que permanece como uno de los clásicos del cine negro, y la de Bob Rafelson, que permanece en las mentes calenturientas gracias a la famosa escena de la cocina entre Jack Nicholson y Jessica Lange. Pocos conocen, lamentablemente, que Luchino Visconti empezaba su carrera como director en 1943 con ‘Ossessione’, precisamente una adaptación de la novela de Cain, cuyos editores impidieron su estreno en cines estadounidenses hasta nada menos que 1976.

Garnett enfocó el material de Cain desde la perspectiva de un thriller; Rafelson desde ninguno, su intención de escandalizar con las secuencias de sexo ahoga por completo la trama y no se sabe muy bien a qué juega. Visconti, como nos acostumbró luego en su cine, se centra en los personajes, en el drama interno que sufren explorando todas y cada una de las posibilidades, no sólo de la pareja protagonista, sino de los demás personajes.

‘Ossessione’ narra la historia de un vividor (Gino Costa) que un día, vagabundeando, logra encontrar trabajo en la casa del dueño de un restaurante, en la que la esposa del mismo (Giovanna) vive una vida que nunca soñó. Su marido la trata como una sirviente, y casi como una esclava. Giovanna se enamorará de Gino, y se convertirán en amantes, pero la presencia del marido es un obstáculo que tendrán que sortear de cualquier forma si quieren permanecer juntos.

‘Ossessione’ permanece como una de las primeras obras del Neorrealismo italiano, en el que directores como Roberto Rossellini o Vittorio De Sica tuvieron mucho que decir. Aunque el inicio de dicho movimiento fue inaugurado con ‘Roma, ciudad abierta’, realizada en 1945, dos años después de ‘Ossessione’, en el film de Visconti se encuentran prácticamente todas las características del movimiento surgido por la inquietud de un sector crítico, todos ellos escritores en la revista Cinema. Visconti, que fue colaborador del gran Jean Renoir, viste todo el film con ese aire típico del Neorrealismo. En las imágenes de ‘Ossessione’ vemos la decepción general de un país acabado por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, una realidad bien palpable, contextualizando la historia en un entorno de depresión, reflejo de la vida tal cual era en aquellos desoladores años.

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Gino Costa ha servido en el ejército y su recompensa es ser un vagabundo. Giovanna no tiene nada en la vida, sólo estar atada a alguien por el que siente repugnancia, pero sin el que no puede subsistir. Por eso cuando el amor, en forma de obsesión sexual, llama a su puerta, se debate entre la seguridad económica o la emocional. Al lado de Gino el futuro no es muy prometedor, y al lado de su marido todo es un infierno. Gino es alguien que, poco a poco, va consumiéndose por ese amor fatal (ingrediente imprescindible del buen cine negro, y que Garnett en su versión lleva hasta las últimas consecuencias) que parece burlarse de él. Otra obsesión, pero esta vez minando a alguien que no tiene malas intenciones en ningún momento, pero que va cambiando progresivamente hasta convertirse en alguien irreconocible, siendo capaz de echar de su vida al más fiel de los amigos.

‘Ossessione’ es el retrato de dos perdedores, cuyo amor afecta a todo el que les rodea, y como ese amor, pasional, destructivo, obsesivo, le va haciendo perder la perspectiva hasta el punto de cometer un asesinato, un acto horrendo que tendrá irreversibles y desastrosas consecuencias. En un tiempo de guerra, el amor se convierte en algo que no trae esperanza, sino muerte y destrucción. Visconti lo narra todo con esa visión decadente que tienen todas sus películas, sin miramientos, con sequedad. Personajes que terminan aplastados por sus propias aspiraciones, sin poder escapar a un mundo en el que no encajan, y en el que sus destinos ya han sido marcados desde el inicio. Clara Calamai y Massimo Girotti componen dos personajes maravillosos, y su perfecta química traspasa la pantalla.

Visconti entraba por la puerta grande con ‘Ossessione’, e iniciaba una carrera llena de películas inolvidables (‘Senso’, ‘Rocco y sus hermanos ‘ o ‘El gatopardo’), aunque también obtendría un discutible prestigio por films que no aguantan el paso del tiempo, excedidos y manieristas (‘La caída de los dioses).

No tenemos editada ‘Ossessione’ en DVD (ya sabéis lo que quiero decir), y es una verdadera pena. Mientras me lamento, me retiro a mis aposentos a escribir sobre cierta película de reciente estreno que en todo momento imita a Michael Mann.

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