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Seguimos en este ciclo dedicado al género de géneros con John Sturges, aunque esta vez nos toca lo que suele llamarse un film menor dentro de la filmografía de un grande. ‘El sexto fugitivo’ (‘Backlash’, 1956) es uno de los primeros westerns de Sturges y también uno de los últimos guiones que realizó para el género Borden Chase, cuya carrera habla por sí sola —apuntemos, ‘Río rojo’ (‘Red River’, Howard Hawks, 1948), ‘Winchester 73’ (id, Anthony Mann, 1950) o ‘La pradera sin ley’ (‘Man Without a Star’, King Vidor, 1955), entre otras—; el resultado es bueno, pero no está a la altura de otros westerns de Sturges, y mucho menos de los citados.

(From here to the end, Spoilers) ‘El sexto fugitivo’ —otro de esos títulos comerciales españoles que nada tienen que ver con el original, ‘Backlash’, que es algo así como contragolpe— versa sobre la historia de Jim Slater (Richard Widmark), un pistolero que busca venganza por un hecho acontecido hace tiempo, en el que cinco hombres murieron acosados por los apaches, mientras un sexto hombre escapó con una cantidad enorme de dinero sin ayudar al resto. Slater cree que entre los fallecidos está el padre al que ya no recuerda, pero la realidad será bien distinta y dura de soportar. Pequeñas reminiscencias de tragedia griega se asoman en este peculiar trabajo, no exento de cierto suspense, algo que le gustaba mucho a Sturges.

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La presentación de los personajes principales masculino y femenino es de lo mejor del film. En el lugar donde acontecieron los terribles hechos narrados en off, y que suponen la principal motivación de un hombre y una mujer que buscan las mismas respuestas. Richard Widmark, totalmente alejado de sus papeles de villano —y hay que reconocer que al actor le quedan mucho mejor los papeles de malvado— interpreta al héroe de la función, Jim Slater, un excelente pistolero que conoce a Karyl Orton —una Donna Reed un tanto alejada de su imagen de películas como ‘¡Qué bello es vivir!’ (‘It´s a Wonderful Life’, Frank Capra, 1946)—, una mujer que es seguida por alguien que les dispara desde lejos, añadiendo enseguida al relato cierto misterio.

La desconfianza que sentimos hacia ambos personajes está muy bien señalada en el guión de Chase, y la puesta en escena de Sturges no se queda atrás, con esos majestuosos cielos tan de su gusto, ese carácter terroso de algunas secuencias, y que serían un precedente de Sergio Leone, y siempre marcando a los personajes con encuadres muy marcados. Lo que ya no están tan bien en el guión es la aparición de un personaje secundario llamado Johnny Cool —interpretado por William Campbell un poco pasadito de rosca—, cuyas motivaciones para matar a Slater son de lo más ridículas convirtiéndose en una excusa muy pobre para que en la película haya un duelo espectacular, y cuyo resultado ya se sabe desde el principio.

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El espléndido tramo final, en el que el suspense da lugar a una situación de lo más original —Slater enfrentado a su padre, quien se siente orgulloso de que su hijo sea un pistolero casi invencible— sobresale por la excelente interpretación de John McIntire, secundario de lujo de aquellos años, quien eclipsa sin problemas a cualquiera que ose acercarse. Su personaje es uno de esos villanos suculentos que llenan la pantalla, y que en este caso sorprende por la falta total de escrúpulos hacia todo el mundo, incluido su propio hijo, a quien ama pero también a quien mataría con facilidad si se vuelve en su contra.

Resulta un poco decepcionante ver a Richard Widmark en un personaje como el de Slater, que por momentos parece un buenazo con unos pocos remordimientos. El haber perseguido durante tanto tiempo a un asesino que resulta ser su propio padre presenta un claro dilema que el actor no expresa demasiado bien, tal vez porque su personaje está del lado de los buenos y sus rasgos de maldad son apenas perceptibles. Aunque no sabemos sus intenciones queda muy claro que esta vez Widmark no nos regala su malvada risa, y lamentablemente la cosa pierde un poco. Con esto no quiero decir que Widmark, un actor con todas las letras, esté mal, pero que distintas habrían sido las cosas de no ser sus actos tan honorables en este western, por otro lado muy entretenido.

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