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Bajarse al moro (Sánchez Gijón y Echanove)

El otro día, en una conversación con amigos, tras hablar de cine de todo signo y condición, acabamos recordando las comedias españolas de hace unas décadas y quedamos en revisar alguna de ellas. Fernando Colomo, representante, junto con su tocayo Trueba de la corriente llamada «Nueva Comedia Madrileña», dirigió en 1989 la adaptación al cine de la obra teatral ‘Bajarse al moro’, de José Luis Alonso de Santos, quien también participó en el guión, junto con Joaquín Oristrell y el propio director de la cinta.

En ella se presencian unos cuantos días en la vida de unas personas que viven en Lavapiés y están metidas en el mundillo de la droga. Chusa (Verónica Forqué) se baja al moro de vez en cuando, es decir, viaja en tren hasta Algeciras y coge un Ferry a Marruecos donde acude a Chaouen para pillar costo que luego su primo (Juan Echanove), que no se baja porque tiene cara de sospechoso, coloca en Madrid. Con ellos convive el novio de ella (Antonio Banderas), un policía que conoce todos los trapicheos de los primos. Como Chusa tiene un gran corazón, cuando se encuentra a una niña pija en apuros (Aitana Sánchez Gijón), la aloja en su casa.

Para disfrutar hoy en día de esta comedia, hay que hacer un esfuerzo para pasar por alto la estética tardo-ochentera y algo cutre, a la que se suma la mala calidad de las copias que circulan, pues no se ha realizado una remasterización. El DVD que se adjuntaba con El País, por ejemplo, está recortado a 4:3 porque probablemente no se han molestado en hacer un telecine, sino que lo han sacado directamente del Betacam preparado para emitir en televisión. Los primeros segundos pueden, por ello, provocar rechazo, pero en cuanto se entra en la historia y comienza el humor, estas consideraciones se olvidan fácilmente. La distancia en el tiempo, aunque eche para atrás, también hace que hoy en día la cinta cobre el nuevo valor de servir de retrato de una época.

Bajarse al moro

El humor

Son varios los métodos para crear humor que se emplean en el film. Para empezar, están las bromas de situación, que provienen casi todas de la obra teatral. También es cómica la forma tan inocente que tiene Verónica Forqué de hablar de cualquier tema y el lenguaje de todos en general, en el que es curioso oír, aparte de otras cosas, cómo han pasado de moda bastantes expresiones: «dabuti», «chachi»...

Hay algunos personajes/actores cuya sola presencia es hilarante, como la genial Chus Lampreave, que llama a los amigos de su hijo «yankis» en lugar de «yonkis», la de Miguel Rellán como el cura «enrollao», o la del suegro de Fernando Trueba, que hace de vecino cabreado con una banda de música a la que califica de «ye-ye». Aquí entra un gag metalingüístico que Colomo repitió en ‘El efecto mariposa’ y que consistía en hacerte escuchar la banda sonora, para mostrarte luego al grupo —Pata Negra en este caso y Ketama en la siguiente— y convertir esa música en diegética. Al igual que éste, muchos de los momentos humorísticos son constantes en las filmografías del director y de Oristrell, por lo que aumentan el valor que ya de por sí tiene la obra.

También es habitual en Colomo el buenrrollismo y el desenfado con los que se comportan los personajes y con el que él mismo, como autor, se acerca a las cuestiones que trata. No significa eso que suavice la cuestión de las drogas o la pinte con falsedad, ya que se ven consecuencias fatales de la adicción y se aprecia el barrio madrileño como si fuese un submundo. Sin embargo, el director se toma con total tranquilidad la situación que retrata y presenta a sus personajes como inocentes, tal como expresa la propia protagonista al inicio: «¿Pero qué hago yo de malo bajándome al moro?».

Tanto es así, que se pone de su parte, como si fuesen los buenos y transforma en malos a los policías, lo cual sirve de chiste casi todas las veces, con frases como: «tenía aspecto de buena persona y resulta ser un madero», pero nunca se llega a desmentir. Aunque, en realidad, no hay verdaderos malos, pues ni los que estropean la vida a los protagonistas se llegan a pintar con plena negatividad.

Ese trato hacia la policía se inserta dentro de una crítica que el autor dirige hacia ciertos aspectos de la sociedad. Esta crítica se transmite sin exaltación, sin posicionamientos exagerados o discursos colocados en boca de los personajes. Lo que se hace es disimularla entre los chistes, como por ejemplo: «Se ha ido a vivir al más allá». «¿Al más allá?» «Sí, a Móstoles» y otras similares. En este sentido, encontramos muchos golpes de humor que no podrían aparecer en un film que no fuese español.

Bajarse al moro

La historia y los personajes

Para disimular la teatralidad, se introducen escenas en Marruecos, en supermercados, en el Rastro, en la calle… incluso se añade una persecución. Y, si bien de forma estética no canta tanto la unicidad de escenarios teatral, en el sentido argumental sí se nota que, más que narrar unos acontecimientos, el interés reside en mostrar retazos de unas vidas y retratar a unos personajes. Parece que no hay historia o que el conflicto es inexistente, sin embargo, la introducción de Sánchez Gijón en la trama funciona como detonante de todo ello, aunque en un primer momento no aparente tener mayor importancia.

Más que el marco de venta de drogas en los ochenta, el verdadero valor del libreto es el mensaje de fondo, que podría haber tenido este escenario, como cualquier otra situación en cualquier otra época y que (spoiler) se resumiría con el refrán que ya dio título a un film de Saura: «cría cuervos, que te sacarán los ojos», es decir: que ser demasiado buenazo, acarrea consecuencias. Sin embargo, es muy de apreciar que el film no es de los que dan una lección de forma contundente, ya que, por muy claro que eso haya quedado, el personaje principal no lo aprende, lo que da lugar a un emotivo final (Fin del spoiler). Este mensaje se transmite con total sutileza, sin declararlo jamás abiertamente en ninguna frase, sino haciéndoselo ver al espectador con los hechos.

Para que funcione plenamente algo que no se recalca, es necesario que todos los elementos encajen y ahí entra, entre otras cosas, el retrato de personajes. En ‘Bajarse al moro’ este aspecto está muy logrado ya desde el material teatral de Alonso de Santos. La elección de los actores para cada uno de los papeles es idónea y, cada uno dentro de sus capacidades, realiza un gran trabajo.

‘Bajarse al moro’ es, en conclusión, una comedia muy divertida, con personajes muy entrañables y que deja un poso amargo, pero finalmente positivo. La recomendación de revisarla o de darle una oportunidad si no se conoce, la hago extensible de la película a cualquier representación del texto teatral.

Mi puntuación:

3,5

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