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En 1999 dos tipos de los que ahora nadie se acuerda, llamados Daniel Myrick y Eduardo Sánchez escribieron y dirigieron una película titulada ‘El proyecto de la bruja de Balir’ (‘The Blair Witch Project’) con la que se rieron de medio planeta —supongo que el otro medio vive con la felicidad que supone el no haberla visto—, logrando gracias a una excelente campaña de marketing que el público acudiese en masa a las salas a ver lo que yo considero una de las más grandes tomaduras de pelo de toda la historia del cine. Dejando a un lado que cualquiera de los films que dirigieron por separado a posteriori son mucho más interesante que el mencionado —sobre todo ‘Alterado’ (‘Altered’, Eduardo Sánchez, 2006)— poco se imaginaban estos dos que su invento iba a revolucionar a las audiencias diez años después.

El subgénero llamado found footage, por aquello de la cámara subjetiva, o bien mockumentary, por aquello de hacer pasar por cierto algo ficticio, ha tenido con la correcta ‘Paranormal Activity’ (id, Oren Peli, 2007) uno de sus máximos exponentes, iniciando esta una saga que ha seguido cosechando montones de dinero a pesar de lo bochornoso de sus secuelas. Films patrios como ‘[Rec]’ (id, Paco Plaza y Jaume Balagueró, 2007) o ‘Monstruoso’ (‘Cloverfield’, Matt Reeves, 2008), por citar más ejemplos, se sumaron a la moda desarrollando con más eficacia las posibilidades de la cámara subjetiva, convirtiéndola en un personaje más de la función. Ahora nos llega al mercado casero español la noruega ‘Troll Hunter’ (‘Trolljegeren’, André Øvredal, 2010), que juega en la misma liga, añadiendo algo de mitología al asunto.

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Resulta curioso como algunas de estas películas jamás llegan a nuestras pantallas, y otras, como el caso que nos ocupa se estrenan directamente en DVD. Quiero decir con esto que muchas de esas películas, caso de cierto bodrio protagonizado por Milla Jovovich y cuyo título me niego a decir, no merecerían ni distribución, y en cambio otras que sí merecerían que las conociese más gente, terminan en el mercado casero, siempre más menospreciado por el espectador. ‘Troll Hunter’ no es ninguna maravilla, al fin y al cabo su premisa es mínima, el desarrollo justo y su sensación de déjà vu, constante. Pero hay en ella elementos suficientes para defenderla y destacarla entre tanta mediocridad del mencionado subgénero. La gracia, nunca mejor dicho, está en haber renunciado a la moda imperante, esto es, infectados y fantasmas varios que no descansan y quieren hacer su agosto entre los vivos.

En este caso se ha echado mano de la mitología escandinava y se ha vuelto sobre una serie de criaturas cuyo término se usa más en lugares como la red en la que abundan los blogs personales o comerciales como éste. Evidentemente me refiero a los trolls, cuya imagen parece deformarse con el paso del tiempo y ahora nos referimos a ellos cuando hablamos de esos insensatos que no tienen nada que hacer con sus vidas más que meterse con los demás sólo por pura diversión. A los trolls a los que me refiero son evidentemente esas figuras mitológicas tan poco exploradas en el cine, y que en ‘Troll Hunter’ están bañados con cierto encanto a pesar de su peligrosidad. El film de Øvredal añade además ciertas gotas de humor a la historia, sin renunciar en ningún momento al relato de terror puro y duro, pero como en este campo cada vez es más difícil sorprender al poco exigente espectador —menuda contradicción— la comedia le da cierta frescura al producto.

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Con la sempiterna coletilla de “esta grabación se encontró sin saberse nada del destino de sus autores”, y que ya cansa porque hay que ser muy, pero muy burro para creerse que algunas de las películas pertenecientes a este subgénero son grabaciones reales, el film nos narra cómo unos jóvenes estudiantes se adentran en la Noruega profunda, maravillosamente fotografiada, para investigar las misteriosas muertes de osos salvajes. Una vez allí se encontrarán con la figura de un enigmático cazador —excelente Otto Jespersen— que caza precisamente trolls. Resulta admirable la capacidad del realizador para lograr que nos creamos lo dicho y que no resulte ni forzado ni ridículo, sobre todo dado el aspecto de algunos de los trolls que aparecen en pantalla, eso sí, muy fugazmente. Cabe señalar los excelentes efectos visuales, a pesar del muy limitado presupuesto, y lo bien que Øvredal films a los trolls, nunca demasiado y sí lo suficiente, sobre todo en su extraño tramo final.

En su contra cabe decir que durante su desarrollo el film se vuelve demasiado monótono y parece no ir hacia ningún lado concreto, como también el finalizarlo porque sí apoyándose en la excusa de que son grabaciones y no se encontraron más. La monotonía conduce un poco hacia el aburrimiento y esa sensación de ya visto antes comentada. Afortunadamente el tono de comedia en ciertos instantes animan la función sobremanera, las referencias al trabajo social que hace el cazador, y la rueda de prensa final son detalles cómicos que valen su peso en oro, inteligemente introducidos en la historia. Y también la simpatía que desprenden algunos de los monstruos. En cualquier caso un producto más digno de lo que parece a pesar de las limitaciones del propio subgénero.

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