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Cartel de After Earth

El miedo no es real. El único lugar donde el miedo puede existir es en nuestros pensamientos sobre el futuro. Es un producto de nuestra imaginación…

Cypher (Will Smith)

La persecución a la que se está viendo sometido M. Night Shyamalan ha superado los niveles más absurdos. Empiezo a creer que se ha encontrado cierto disfrute en el propósito de hundir la carrera del cineasta. Es muy llamativo que por primera vez su nombre no aparezca destacado en la publicidad de ‘After Earth’ (2013), y aun así se le haya querido responsabilizar del escaso éxito comercial de la película en EE.UU. —en España ha sido número 1—, llegándose a bromear con que su nuevo giro sorpresa ha sido que Will Smith fracase en taquilla, cuando quizá es el hijo de éste, Jaden, quien debiera cargar con la culpa.

Entiendo que una parte importante del público, que acude al cine a pasar el rato y comer palomitas, no conecte con lo que ha filmado Shyamalan a partir de ‘El sexto sentido’ (‘The Sixth Sense’, 1999), pero que la crítica se haya sumado al acoso y derribo del director es una locura. Y no tenéis aquí a un radical defensor de su obra; ‘El incidente’ (‘The Happening’, 2008) y ‘Airbender: El último guerrero’ (‘The Last Airbender’, 2010) me parecen fallidas, en especial la última. Pero si hay algo que sobresale siempre es la imaginativa puesta en escena. El guion o las interpretaciones pueden flojear, sin embargo la personal y talentosa narración de Shyamalan siempre sorprende y deja momentos para el recuerdo. ¿Es ‘After Earth’ una de sus películas más redondas? No. ¿Es uno de los mejores estrenos de este año? Sí.

Majestuosa puesta en escena, endeble guion

‘After Earth’ nace de una historia original de Will Smith, llevada a guion por Gary Whitta, cuyo texto fue posteriormente retocado por Shyamalan al aceptar la silla de director —al parecer, Stephen Gaghan y Mark Boal también trabajaron en el libreto—. Es la primera vez en la carrera del realizador que parte de un guion ajeno, si bien quiso implicarse en la elaboración del relato para aportar su particular sensibilidad. Al ver el film, se nota su mano en diálogos y situaciones que recuerdan a trabajos previos, pero donde queda más clara su firma es en la composición de los encuadres —siempre elegantes e inteligentes, nunca arbitrarios o caprichosos—, el ritmo narrativo y el dominio de la tensión y la emoción —y para comprobarlo es necesario escuchar la versión original—.

Los mayores tropiezos que encuentro en la labor de Shayamalan están en el arranque y el desenlace. ‘After Earth’ es de esas películas que tienen más de un principio, algo que suele deberse a un torpe manejo de la información —se quieren dar demasiados datos— o la necesidad de aligerar metraje —quedando escenas sueltas necesarias pero mal encajadas—; tratándose de un blockbuster, supongo que el motivo radica en tener en cuenta a todos los públicos. Los primeros instantes atrapan al espectador, un flash forward impactante. Luego hay un prólogo donde se aclara resumidamente, con estilo de reportaje televisivo, qué ha ocurrido en la Tierra y cuál es la situación de la humanidad, obligada a colonizar otros planetas; unas temibles criaturas llamadas “ursas” son el principal obstáculo.

Shyamalan junto a Jaden y Will Smith en el rodaje de After Earth

Incomprensiblemente, se nos vuelve a dejar en la escena futura, para acto seguido trasladarnos de nuevo a un tiempo anterior, y empezar al fin la aventura de Cypher y Kitai —segunda vez que Will y Jaden comparten la pantalla encarnando a padre e hijo tras ‘En busca de la felicidad’ (‘The Pursuit of Happyness’, Gabriele Muccino, 2006)—. Una misión rutinaria se convierte en pesadilla cuando la nave que transporta a los protagonistas se estrella en la Tierra, ahora un mundo salvaje y especialmente hostil para el ser humano; la madre naturaleza parece haber prohibido el regreso de su hijo pródigo… hasta cierto punto. Un cazador alienígena anda suelto —imposible no acordarse de cierto film de John McTiernan— y Kitai deberá controlar su miedo para hacerle frente, mientras Cypher trata de instruirle a la desesperada.

Como ya hiciera con anterioridad, Shyamalan se sirve del planteamiento fantástico para hablar del ser humano en circunstancias extraordinarias. Bajo la capa de espectáculo de acción y ciencia-ficción, encontramos conflictos íntimos, una relación paternofilial puesta a prueba, personajes obligados a superar remordimientos, traumas, debilidades y temores, a dar lo mejor de sí mismos para volver a casa. Chirría la facilidad y la ligereza de la resolución, como si la crudeza de lo vivido quedase olvidada, deja sensación de descuido, pero se disculpa porque la película funciona, es muy entretenida y tiene tramos apasionantes. Los actores responden con eficacia y la música de James Newton Howard vuelve a acompañar de maravilla las cuidadas imágenes compuestas por Shyamalan, posiblemente el autor más infravalorado de los últimos años.

3,5 estrellas

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