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Animación | 'Anomalisa', de Duke Johnson y Charlie Kaufman
Críticas

Animación | 'Anomalisa', de Duke Johnson y Charlie Kaufman

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Que se olviden de que están mirando a algo animado y se vean envueltos en la escena. (Charlie Kaufman)

Con tan sólo unos breves —brevísimos— minutos de proyección, esta nueva y genial rareza de Charlie Kaufman que es 'Anomalisa' (id, Duke Johnson y Charlie Kaufman, 2015), consigue de sobra el objetivo que se marcó el cineasta cuando se propuso rodar una historia existencialista y de marcado talante adulto mediante técnicas de animación por stop-motion que, moviendo figuras de decidido realismo, fueron calificadas de "perturbadoras" por terceros.

Afortunadamente, Kaufman ignoró tales voces y siguió adelante con un proyecto que, hasta ahora, le ha valido ser el primer filme animado que se ha hecho con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia, y la primera producción de esta forma de hacer cine que, calificada con la temida R de "Restricted", ha conseguido ser nominada al Oscar a la Mejor Película en su categoría.

Logro asombroso que no tendrá su recompensa —mucho se tendrían que torcer las cosas para que esta maravilla no se llevara de calle la estatuilla— lo cierto es que 'Anomalisa' hace justicia al juego de palabras que es su título y se alza, una vez más, como una categórica declaración de principios acerca del tipo de cine en el que Kaufman siempre se ha movido. Un cine personal, no atado a nada ni a nadie y que, se mueve en patrones que implican crisis de identidad, la aceptación de la mortalidad o el sentido de la vida.

Todos somos iguales

Anomalisa 1

Michael Stone está pasando por una de esas crisis. Es un escritor de éxito admirado por haber publicado un libro sobre las claves de los servicios de atención al cliente por teléfono que, aplicadas a un negocio, hacen que la productividad de éste aumente en un 90%. Pero el éxito de poco le sirve a alguien que vive distante al mundo que le rodea y que, en ese distanciamiento, ha terminado viendo a todos sus congéneres con el mismo rostro y la misma voz.

Ese pequeño detalle, imperceptible en los primeros minutos de proyección hasta que Michael llama a su mujer por teléfono y ésta le responde con una inconfundible voz masculina —la de Tom Noonan, que hace un trabajo asombroso— comienza a apuntalar parte de la grandeza que anida en el seno de 'Anomalisa' y que hace de ella una de las propuestas más hipnóticas y estimulantes a las que podremos acercarnos este año.

Anomalisa 2

Además, quizás de forma intencionada, quizás por casualidad, el que el estado de desconexión con su entorno provoque que el protagonista vea a todos los seres con los que se relaciona con el mismo rostro, termina derivando en una reflexión de rabiosa actualidad dado el clima que actualmente se está viviendo en Estados Unidos gracias a las declaraciones —y a todo lo que ellas arrastran— de cierto potencial candidato republicano a la presidencia del país.

Dicha reflexión —que, repito, es completamente personal y por tanto ajena a las posibles intenciones de Kaufman— nada en contra de las enardecidas voces que, dejándose llevar por un discurso populista y de alarmante tono ultra-derechista, claman a favor de unas políticas mucho más duras y restrictivas contra la inmigración, convirtiendo a parte del discurso de la cinta en inesperada abanderada de la libertad y la igualdad de los derechos humanos.

'Anomalisa', surrealista realidad

Anomalisa 3

Al margen de tales disquisiciones, 'Anomalisa' abraza de forma plena, como decía antes, el ideario y la idiosincrasia que hasta ahora ha venido caracterizando el cine de Charlie Kaufman. De hecho, el que todas las caras de las "marionetas" sean las mismas excepto por la del protagonista y la de Lisa —a quien pone voz Jennifer Jason Leigh— no es más que la idea detrás de la escena más famosa de 'Cómo ser John Malkovich' ('Being John Malkovich', 1999) llevada al paroxismo.

Unida a ella, el hipnótico tono surrealista al que se adscribe el devenir de la historia —una historia simple, que se desarrolla en una misma localización y que se apoya por completo en los diálogos— hace que al espectador le queden pocas opciones que no pasen por rendirse de forma incondicional ante cualquiera de los dos personajes protagonistas; dos voces que, en constante vaivén, ora resultan cercanas y asumibles, ora lejanas e inaprensibles, como salidas del manto onírico en el que parece estar envuelto el filme.

Quizás no sea la maravilla absoluta que muchos se han apresurado a afirmar, y, por supuesto, se queda a una discreta distancia de la que considero la mejor cinta del Kaufman guionista hasta la fecha —la maravillosa '¡Olvidate de mi!' ('Eternal Sunshine of the Spotless Mind', Michel Gondry, 2004)—, pero en lo que a dirección y puesta en escena se refiere, y sin olvidar que se trata de un filme animado, 'Anomalisa' se encuentra al más alto nivel dentro de la producción del cineasta neoyorquino.

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