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Hace poco un amigo preguntaba al aire qué era el nihilismo, y lejos de explicar que se trata de la negación de todo tipo de creencia o principios religiosos, políticos y sociales, puse dos ejemplos cinematográficos y que muy curiosamente pertencen al mismo año, 1976. Uno fue uno de los mejores trabajos de Clint Eastwood, ‘El fuera de la ley’ (‘The Outlaw Josey Wales’), y otra la que hoy nos ocupa, una de las genialidades de ese excelente director de nombre Martin Scorsese, ‘Taxi Driver’, que a día de hoy sigue tan vigente como entonces. Es más, creo que si hoy se hubiese realizado esta película, las rasgaduras de vestiduras habrían sido más sonadas de lo que lo fueron en el momento de su estreno entre aquellos que rechazaron el film.

(Spoilers) La idea de ‘Taxi Driver’ surge de la mente enferma de Paul Schrader, excelente guionista, y a veces director con films tan interesantes como ‘Blue Collar’ (id, 1978) —aún su mejor película— o ‘Forever Mine’ (id, 1999) —un film cuyo mayor error es haber contado con un personaje muy por encima de las posibilidades de un actor como Joseph Fiennes—. En aquella época el escritor estaba pasando un verdadero calvario, le habían despedido del trabajo y su mujer le había dejado, así que Schrader se vio envuelto en un espiral de autodestrucción, dedicándose durante tres semanas a ver pornografía, beber y drogarse hasta límites insospechados. El exceso fue tal que Shrader tuvo que ser hospitalizado, y de esa experiencia nació el guión de ‘Taxi Driver’, lo escribió en siete días.

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Paul Schrader fue presentado a Scorsese por un amigo común, Brian De Palma, y enseguida realizador y escritor vieron que estaban hechos el uno para el otro. Recordemos que a partir de este film nació una estrecha colaboración entre ambos, de la cual salieron tres películas más, la potente ‘Toro salvaje’ (‘Ranging Bull’, 1980) y la polémica y excepcional ‘La última tentación de Cristo’ (‘The Last Temptation of Christ’, 1988)y la injustamente infravalorada ‘Al límite’ (‘Bringing Out of Dead’, 1999). La creación de Travis Bickle, para la que sonaron varios actores antes de recaer en un perfecto Robert De Niro, sirve a Scorsese para crear un infierno urbano en el que un inadaptado está harto del mundo. Un ex-combatiente de Vietnam —en cierto instante podemos apreciar cicatrices en su espalda— que padece de insomnio y para pasar el tiempo decide emplearse de taxista nocturno.

Con la ambientación musical de Bernard Herrmann —al que hubo que convencer, y que lamentablemente fue su última banda sonora, estando el film dedicado a él— y la fotografía de Michael Chapman —operador que realizó sus mejores trabajos en aquellos años—, Scorsese nos invita a un viaje al infierno personal de Bickle, un solitario ser cuyo inconformismo con todo el mundo explota de forma violenta y salvaje. Un hombre que es incapaz de encontrar el amor que todo anhelamos, y ni siquiera sabe actuar con una bella mujer a la que invita al cine —Cybill Shepherd, unos años antes de ‘Luz de luna‘— a ver una película pornográfica pensando que es lo más normal del mundo. Un hombre que ya conoció el horror y que de vuelta a casa ve que el mundo está más podrido que nunca, que confía, tal y como le dice a un senador que viaja en su taxi, en que los políticos saneen las calles de la ciudad, llenas de indeseables.

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Los Estados Unidos acababan de perder la guerra de Vietnam y su historia reciente encerraba tres asesinatos históricos, los hermanos Kennedy y Martin Luther King, a lo que había que sumar el escándalo Watergate entre otras cosas. Una película como ‘Taxi Driver’ llegaba en el momento justo, en armonía con el estado anímico de toda una nación. Comprobar como un ciudadano normal y corriente explota como lo hace Travis al final del film debió suponer todo un impacto en la época. Pero dicho impacto sigue intacto a día de hoy, o quizá esté aún más vigente que antes, pues el mundo se aboca en este momento hacia una oscuridad temible. La catarsis final de Bickle podría ser la nuestra propia en algún momento de nuestras miserables vidas. ¿Quién no ha sentido alguna vez la falta total de esperanza en esos momentos en los que la apestosa verdad camina delante de nuestras conformistas caras?

‘Taxi Driver’ no sería lo mismo sin la impresionante composición de Robert De Niro, quien pocas veces estuvo tan perfecto. Sus métodos le llevaron a improvisar un buen número de escenas, sobre todo la tan famosa delante del espejo en la que soltaba el hoy mítico “you talkin’ to me?” —y que según De Niro está inspirada en una escena similar en ‘Reflejos de un ojo dorado’ (‘Reflections in a Golden Eye’, John Huston, 1968) protagonizada por Marlon Brando, otro actor del método—, o aquellas que comparte con un divertido Harvey Keitel. Travis Bickle es todo un icono en la cinematografía mundial, y su redención final —algo muy típico de Schrader más que de Scorsese— coloca esa guinda final en la mirada del director hacia una sociedad podrida, confundida y perdida. Su caótico estallido de violencia es visto como la heroicidad de un pobre hombre enfrentado a peligrosos delincuentes, salvando con ello a una adolescente —Jodie Foster, con apenas trece años de edad— del mundo de la prostitución. Es entonces cuando la bella Betsy (Shepherd) estará a su alcance. Porque los héroes, lo sean en verdad o no, son siempre amados.

Una de esas ocasiones en las que el término obra maestra parece quedarse corto para medir una pieza atemporal que no deja indiferente a espectadores de la más diversa índole. Fue un verdadero placer visionarla con alguien muy especial, bastante más joven que yo, y que no podía apartar la mirada de la pantalla. Presión, presión, decía.

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