'Argo', todos los hombres de la embajada

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Reconstrucción de la liberación de los rehenes de la embajada de Tehrán (Irán) en la que un grupo de hombres de la CIA, liderados por Tony Méndez (Ben Affleck) tuvieron que liberar a los presos cautivos, debido a la revolución islámica de Irán, con la ayuda de unos cineastas.

Después de dos películas, va llegando el tiempo de los premios para Ben Affleck. Esta es su tercera aventura como director y seguramente la mejor. No me cuento entre los admiradores de su debut, ‘Adiós pequeña adiós’ (Gone Baby Gone, 2007), pero sí que me pareció apreciable, como película en clave menor en el mejor espíritu del drama criminal, ‘The Town: Ciudad de ladrones’ (The Town, 2010).


Affleck sigue esa estela de cineastas silentes, surgidos tras la sombra industrial dejada por dos directores de calidad tan distinta como Robert Redford o Clint Eastwood. Entre esos directores, tenemos ya a George Clooney como sorprendente director en crecimiento, y al propio Affleck, como un cineasta cada vez más “desapercibido”, artesanal, aparente, y mejor, todo debe decirse.

La sombra de esta película, que reconstruye un hecho delicado cuya resolución feliz ya conocemos por los libros de la historia, la dan otras películas, a su vez. En este caso, ‘Todos los hombres del presidente’ (All the president’s men, 1974) del gran Alan J. Pakula y con ella, el espíritu de un cine mejor, adulto, comprometido con los hechos de su país y con sus protagonistas. Ese cine olvidado, el de los setenta, que ya no parece posible.

Pero Affleck no cae en trampas estilísticas o retóricas. Lo suyo es la dosificación. El humor lo generan, con prestancia, dos actores muy solventes y talentosos como Alan Arkin y John Goodman. El drama de despachos, también, bien dado por Bryan Cranston. Y el sufrimiento central, el de patria, agencia y posibles víctimas, un sorprendente Affleck, cada vez mejor actor (¡y director!).

El guión lo firma Chris Terrio. Una eficaz banda sonora de Alexandre Desplat, acompañando los sonidos, inquietantes, de incomprensión. Una fotografía, documental y nerviosa, del muy reconocido Rodrigo Prieto. Y sobre todo, un buen cargamento de matices.: no se simplifca un conflicto, no se demuestra un exceso maniqueísta contando con esta situación, se da espacio a la duda, al momento en el que el espectador intuye otras historias más complicadas en un momento de tensión extrema.


El tramo final, una vez acontecido el desenlace de los conflictos, es tal vez excesivamente pedagógico. Se quiere explicar todo lo sucedido, dar énfasis en el reencuentro y se pierde algo esa mano de narrador tan firme y rigurosa con la que Affleck manejaba drama, humor ciertamente bienvenido acerca del temperamento californiano de Hollywood y tensión extrema.

Creo, honestamente, dignas de Hitchcock las habilidades de Affleck para con el suspense. Se trata del manejo de una situación cuyo desenlace vemos, pero no logramos creer. Se agolpan los latidos, los planos parecen cómplices en el rasgueo de uñas en la butaca, la mano tensa, sujeta, inmóvil casi. Su talento es bienvenido y hace mucha falta. Su película, previsiblemente colocada para la temporada de premios, es de una notoria calidad. Caviaro la califica de entretenida y Zorrila es más positivo.

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