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Imagen del póster de Battleship

Cuando se anunció la intención de llevar al cine el juego ‘Hundir la flota’, muchos nos lo tomamos a broma. Y el resto no creyó que algo así fuera posible. Sabemos que en Hollywood no pueden dejar pasar la oportunidad de explotar marcas de éxito, y que están inmersos en una vergonzosa crisis creativa, pero aun así el proyecto era un completo disparate —aunque luego han puesto en marcha otros todavía más descabellados, como una película del ‘Tragabolas’—. En principio, no tenía ningún interés en ver ‘Battleship’ (Peter Berg, 2012), pasé de ella cuando se estrenó, pero al ver la edición en Blu-ray en las estanterías me picó la curiosidad. No puedo resistirme a las propuestas de ciencia-ficción, por muy mala pinta que tengan.

Seguro que os pasa lo mismo con otra clase de historias, de pronto surgen todo tipo de razones para verla. ¿Y si la crítica se ha equivocado? A menudo meten la pata, se dejan llevar por los prejuicios, por no hablar de que hay quien escribe sobre películas sin haberlas visto. Es posible que no pudieran ir más allá del envoltorio y atacaran ‘Battleship’ sin darle una oportunidad. Leñe, yo mismo pensé que sería una basura simplemente porque se basa en un juego de mesa. Ya tenía hasta el titular para la crítica: “tocado y hundido“. Y el argumento tampoco es tan… no sé, se puede sacar algo de ahí. Una flota se enfrenta a naves alienígenas. ¿Por qué no puede ser entretenido y espectacular? Sale Taylor Kitsch, que me da un poco de pena desde el injusto fracaso de ‘John Carter’ (Andrew Stanton, 2012). ¡Y está Liam Neeson! No hace falta decir más. Sé lo que estáis pensando: ¿en serio creíste que ibas a ver una buena película? No, pero jamás se me pasó por la cabeza que sería tan estúpida.

Alexander Skarsgard en un momento de Battleship

No exagero, ‘Battleship’ es una de las películas más estúpidas que he visto en mi vida. Y habiendo costado más de 200 millones de dólares el resultado me parece aún más lamentable, los que han hecho posible esta memez deberían dedicarse a otra cosa por el bien del cine —como negocio y como arte—. Un ejemplo. Antes de empezar la película aparece uno de esos textos intrigantes que se ajustan tan bien al género —véase ‘Blade Runner’ (Ridley Scott, 1982) o ‘Terminator’ (James Cameron, 1984)— que aclara que en 2005 los científicos hallaron un lejano planeta con un clima casi idéntico al de la Tierra, y que un año más tarde se construyó un dispositivo para comprobar si había vida en ese otro mundo. Hasta ahí bien, no necesitamos saber más y justifica la aparición de los extraterrestres. Pero no. El realizador, Peter Berg —al que algunos compararon con Michael Mann por la floja ‘La sombra del reino’ (‘The Kingdom’, 2007)—, y los guionistas, Jon y Erich Hoeber, creen que la cuestión no ha quedado clara del todo, como si el espectador fuera imbécil.

Así que meten una escena de los científicos. Arrogantes frikis que se creen más listos que Dios y que de no ser por el valeroso ejército estadounidenses ya habrían reventado el planeta con sus experimentos y sus chismes. Uno de estos “Einsteins” habla a su equipo con emoción antes de lanzar la señal al espacio; y va y explica esto a sus colegas: “Si un planeta está demasiado lejos del Sol, es demasiado frío; si está demasiado cerca, es demasiado caliente”. Pausa para procesar tan sofisticado concepto. Por cierto, la señal es enviada a lo que han llamado “Planeta G“. Uno de los allí presentes, un triste sucedáneo de Jeff Goldblum en ‘Independence Day’ (Roland Emmerich, 1996), comenta que si tienen éxito, si hay vida inteligente ahí fuera y nos encuentra, lo más probable es que se repita lo de Colón en América, solo que “nosotros seremos los indios“. BUM. Giro ingenioso donde los haya. Yo pensaba que si una especie alienígena estaba lo suficientemente avanzada como para viajar a través de la galaxia a una velocidad que para nosotros es pura fantasía… ¡ellos serían los indios! Vaya. Por otro lado, ¿tienen esa tecnología pero somos nosotros los que tenemos que enviarle un saludo e invitarles a la Tierra? ¿No deberían saber ya que estamos aquí?

Brooklyn Decker y Taylor Kitsch en una escena de Battleship

A partir de esa primera secuencia ya te esperas cualquier cosa. Y aún así no estás preparado para la cantidad de disparates que forman este monstruoso despropósito orquestado por Berg, cuyos referentes más directos son los vacíos y aparatosos espectáculos de Roland Emmerich —hay escenas que parecen sacadas de ‘Independence Day’ o ‘2012’ (2009)— y Michael Bay —imposible no acordarse de títulos como ‘Armageddon’ (1998) o ‘Transformers’ (2007)—. Los personajes son clichés andantes, los diálogos son delirantes y las situaciones parecen ideadas por preadolescentes con subidón de azúcar. En ‘Battleship’, un acorazado derrapa en el agua usando el ancla como freno de mano. Impagable. Los extraterrestres no calculan bien la entrada a nuestro planeta y estrellen una de sus naves contra un satélite, aterrizan justo en una zona donde se están realizando maniobras militares, sus soldados pueden ser derrotados por marines sin piernas o científicos armados con portátiles, su habilidad para el combate es inútil ante un grupo de veteranos de la II Guerra Mundial que usan armamento de su época…

Puede sonar increíble pero a partir de un juego como ‘Hundir la flota’ han sacado un film de 130 minutos, así que no penséis que os he destripado las mejores partes del guion, podréis descubrir muchas más genialidades. Con todo, no diría que ‘Battleship’ es una de las peores películas que he visto. Berg tiene talento —aunque comete ese error tan habitual de confundir ritmo con marear la cámara—, hay alguna escena divertida, los efectos especiales son impresionantes y actores como Neeson, Kitsch, Alexander Skarsgård, Jesse Plemons y Tadanobu Asano consiguen que te rías de vez en cuando. Así que no es un cero rotundo, y si uno es fan de los blockbusters donde lo único que importa es ver cómo se destruyen cosas mientras gente guapa dice chorradas y corre de un lado para otro, puede encontrar aquí un válido entretenimiento. Pero no os engañéis, esta clase de cine palomitero no es mejor que ‘La saga Crepúsculo: Amanecer – Parte 2’ (‘The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 2’, Bill Condon, 2012), la diferencia es que busca satisfacer (con lo mínimo necesario) a otro público.

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