Berlinale 2011: 'Pina' (Wim Wenders) y 'Tales of the Night' (Michel Ocelot) protagonizaron la jornada del 3D

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Bailemos, bailemos, de otra manera estamos perdidos.

(Pina Bausch)

La cuarta jornada de la Berlinale 2011 ha estado marcada por el formato 3D. James Cameron debe estar feliz (todavía más). Ha sido raro, sentarse a ver una película de Wim Wenders y tener que usar las dichosas gafas, que me da igual lo que digan, a mí me resultan molestas al cabo de un rato (no estoy acostumbrado a llevar anteojos) y hacen que la imagen no se vea tan luminosa como debería. Pero bueno, dicho esto, porque si no reviento, debo reconocer que las dos películas en 3D que he visto hoy contaban con escenas muy interesantes que quizá en 2D perderían su belleza o su impacto. He dicho quizá.

‘Pina’, danza tridimensional

El título más importante del día era sin duda ‘Pina’, el nuevo trabajo del realizador alemán Wim Wenders, que sin embargo no está incluido en la sección competitiva. El film rinde homenaje a la bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, fallecida en verano de 2009. En un principio, como reveló Wenders en la rueda de prensa (más abajo os la cuento con más detalle), la intención era retratar el modo de trabajo de Pina, seguirla de cerca, pero tras su muerte tuvo que reformularse por completo el proyecto. Lo que hay en ‘Pina’ (2011) es una serie de piezas de baile, en solitario y en grupo, breves declaraciones de los bailarines que trabajaron con Pina y pequeños extractos documentales de la coreógrafa, en los que se refleja su pasión y sus ideas. Por supuesto, tienes que saber a lo que vas, son cien minutos dedicados a la danza, a la expresión corporal, no es un plato para todos los paladares.

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Os soy sincero, no recuerdo haber visto más de un par de espectáculos de danza en mi vida (casualmente uno de ellos fue ‘Café Müller’, de esta artista), y me senté en la butaca sin saber de qué iba ‘Pina’, cuál iba a ser el enfoque de Wenders; no miré la sinopsis, me bastó con su nombre como garantía. Y cuando, a los pocos minutos, me di cuenta de dónde me había metido, consideré la idea de levantarme y hacer algo más productivo. Pero me atrapó. La labor de realización de Wenders es fantástica, muy inteligente y elegante, dejando siempre el espacio necesario para captar los movimientos de los bailarines, para disfrutar de cada pieza sin sentir que la cámara está invadiendo el escenario, o que no está en la distancia correcta para apreciar la danza. Es un festín sensorial que resulta más espectacular al haber sido filmado en 3D.

No os lo vais a creer, pero lo digo igualmente; ‘Pina’ contiene las mejores escenas tridimensionales que he visto hasta ahora. Se cuida mucho el fondo de los números de danza y en la mayoría de los casos hay elementos, obstáculos o bailarines a lo largo del escenario, por lo que se aprovecha a la perfección el 3D, creando una sensación de profundidad que he visto muy pocas veces, lo que unido a los extraordinarios movimientos de los bailarines da como resultado un jugoso espectáculo de lo más interesante. Por otro lado, incluso sin tener mucha idea de este campo artístico, si uno se toma la molestia de prestar atención y tratar de captar el significado (por muy abstracto que sea) de lo que se está representando, puede hallar momentos dramáticos, emocionantes y divertidos, como si se tratase de una narración cinematográfica corriente. Evidentemente, un título imprescindible para los conocedores de la obra de Pina Bausch (se representan ‘Café Müller’, ‘Le Sacre du Printemps’, ‘Vollmond’ y ‘Kontakthof’) así como de la danza en general.

Rueda de prensa: sobre Pina y el 3D

Pina era su mirada. La manera en la que veía las cosas, eso es lo que más me fascinó de ella cuando la conocí, su mirada al movimiento, cómo se expresa. Era capaz de mirar en tu interior.

pina-3d-poster.jpgAsí definió Wim Wenders a su compatriota, tras una de las primeras preguntas que se hicieron en la rueda de prensa posterior a la proyección. El cineasta se mostró muy halagador hacia el trabajo creativo de Pina; “Me di cuenta que nunca había diseñado el movimiento como lo hizo ella, se especializó en transmitir el alma a través del movimiento, algo en los que los cineastas somos principiantes”. Asistieron dos de las dos bailarinas que aparecen en la película, Barbara Kaufmann y Julie Shanahan. La primera dijo que la clave para trabajar con Pina Bausch era “abrirse y mantenerse así, una y otra vez [...] Es mirar dentro, buscar y nunca detenerse”. La segunda dijo más o menos lo mismo que los anteriores: “Había una atmósfera de confianza, así que podías desnudarte completamente y sentir seguridad [...] Te decía que podías hacerlo, porque es lo que la gente quiere ver, a ti, de una manera simple y con amor”.

En cuanto al 3D, tanto el cineasta como las protagonistas de las escenas de danza coincidieron en señalar que no tuvieron ningún problema filmando ‘Pina’ en ese formato. “Entiendes que lo importante es lo que hay en ti mismo, las cámaras estaban ahí pero yo hacía mi trabajo”, comentó Shanahan. El único inconveniente para el rodaje fue la luz; Péter Pabst, director artístico de la película, reveló que con las cámaras 3D se necesita una mayor iluminación en los escenarios que con las cámaras corrientes. Os cuento un par de anécdotas para acabar. No recuerdo si fue ayer o el día anterior, pero una periodista aprovechó para, antes de soltar una pregunta, revelar que se había enterado recientemente que su padre había abusado de su madre durante cuarenta años (tal cual); hoy estaba llorando cuando cogió el micrófono para dirigirse a los invitados, y dijo que llevaba así desde que empezó la película, que le había parecido una maravilla. Otro pidió el micro para decir que Wenders convertía en oro cualquier cosa que tocaba, provocando que el director empezara a reírse y tocar a sus acompañantes. Hay de todo aquí.

‘Tales of the Night’, dejando en evidencia a (la actual) Disney

La que sí compite por el Oso de Oro es la animada ‘Tales of the Night’ (‘Les contes de la nuit’, 2011), que pudimos ver en el Berlinale Palast a las 9 de la mañana. Escrita y dirigida por el francés Michel Ocelot (‘Kirikú y la bruja’), la película juega también con gran acierto con la profundidad del 3D, reforzando la belleza de los escenarios en los que transcurren las seis historias a las que hace referencia el título (‘Cuentos de la noche’). Dos jóvenes y un viejo se divierten representando aventuras llenas de magia y romance en lugares exóticos (El Caribe, África) gracias una especie de fantástica sala de cine; los muchachos eligen elementos de los decorados y las tramas, diseñan sus vestuarios y son enviados a la ficción para protagonizar diferentes relatos, mientras que el otro personaje ejerce de director. Un bonito homenaje al cine como fábrica de sueños.

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En ‘Tales of the Night’ hay sitio para hombres lobo, bestias gigantes, reyes caprichosos, malvados hechiceros, animales parlantes, ciudades de oro, héroes y princesas, entre otros elementos propios de los cuentos de hadas. El principal problema del film es el habitual en este tipo de propuestas compuestas por varias historias, el ritmo; por separado funcionan estupendamente, pero falla el bloque. Los primeros cuentos se ven con gran placer, se queda uno embobado con las imágenes y pasan volando, pero a partir del tercero ya uno va notando el paso del tiempo, y cuesta volver a entusiasmarse y seguir con interés cada nuevo relato. Por otro lado, no ayuda que se parezcan tanto entre sí, todos están estructurados básicamente de la misma manera y tienen ingredientes similares.

Dicho esto, tomadas individualmente, cada historia es una pequeña joya, narradas con mucho oficio, con un gran sentido del humor y la emoción (espléndido uso de la música); la animación es muy elegante e ingeniosa, conjugando de manera excelente las siluetas de los personajes (sombras) con el relieve tridimensional, lo tradicional con la última tecnología. Los ejecutivos de la Disney deberían echar un ojo a este trabajo, tiene la magia, la ingenuidad y el encanto de los clásicos de la compañía, antes de que el marketing y la explotación comercial de los productos de la marca fuera lo más esencial.

JL Caviaro, 13 de febrero, Berlín.

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