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Imagen con el cartel final de 'Blancanieves y la leyenda del cazador'

Creo que todos vimos ‘Blancanieves y los siete enanitos’ en algún momento de nuestra infancia y, obviamente, es una historia que, quien más quien menos, todos recordamos: La malvada madrastra que odia a la protagonista, la cual logra huir y encuentra refugio con los siete enanitos del título, lo cual no impide que su madrastra la localice y logre que Blancanieves coma una manzana envenenada, pero sin conseguir matarla. No sigo más por si realmente queda alguien que no conozca la historia, pero el resto creo que os acordaréis de lo que pasa. Si bien no se encuentra entre mis títulos favoritos de Disney, hay que reconocer que es una adaptación sencilla pero efectiva del relato de los hermanos Grimm, pero también que adaptarla de nuevo en imagen real (habiendo además algún caso previo) era una idea no especialmente prometedora.

Por si fuera poco, van a ser tres las versiones que veamos con apenas meses de diferencia, ya que hace poco se estrenó ‘Blancanieves (Mirror, Mirror)’, una versión más ligera y colorista que, pese a contar con la presencia de Julia Roberts, tenía un presupuesto contenido que evitó que su tibio resultado comercial la hiciese merecedora de la palabra fracaso. A finales de año será la adaptación española de Pablo Berger la que nos llegue, una visión muy minoritaria que parece que se alejará bastante del cuento de hadas, sirviendo como prueba el hecho de que los enanitos serán una troupe de toreros. Sin embargo, la que hoy llega a nuestros cines es ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ (‘Snow White and the Huntsman’), superproducción de presupuesto desmesurado (unos 200 millones de dólares ha costado) que apuesta por la épica como sello distintivo.

La malvada reina interpretada por Charlize Theron

El director de ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’

Algo que me está llamando bastante la atención en los últimos tiempos es que Hollywood no parece tener problemas a la hora de confiar grandes producciones a directores debutantes, ya sea técnicamente por haber rodado anteriormente cintas de animación como Brad Bird (que con su debut en ese campo se marcó el mejor blockbuster del año pasado) o Andrew Stanton (que la pifió pero bien con ‘John Carter’) o casos en los que sencillamente es el primer largometraje del director, quedando siempre la duda de hasta qué punto ha tenido libertad a la hora de hacer su labor (el caso de David Fincher con ‘Alien 3’ no trae recuerdos muy halagüeños), así que el hecho de confiar una película como ésta al debutante Rupert Sanders era un arma de doble filo: ¿Apuesta por un prestigioso realizador publicitario y dejar que de rienda suelta a su inventiva visual o tener a alguien fácilmente maleable? La cosa se queda en un punto relativamente intermedio.

Es obvio que con un presupuesto tan holgado era más sencillo conseguir un apartado visual que diera empaque al conjunto, pero no por ello hay que dejar de reconocer el mérito de Sanders al conseguir un delicado equilibrio en un (ligero) toque oscuro en la fotografía de la película sin que se ello se oponga a la búsqueda de un preciosismo visual que realce una historia tan previsible que por ahí pocas sorpresas uno se va a encontrar. Eso sí, no esperéis ninguna escena majestuosa en este apartado, ya que la más daba a ello (el momento confirmación de que Blancanieves está destinada a ser la gran salvadora de todos) falla en este punto, quizá por lo poco atractivo del diseño de algunas criaturas (las hadas) o tal vez simplemente porque la escena no llega a transmitir nada al espectador. En cambio, sí que tiene fuerza el troll que aparece en determinado momento (curiosamente, la película empeora de forma acusada tras su aparición) pese a no contar con mucha presencia real en pantalla.

Llegan las pegas

Además, es de agradecer que el uso de la cámara lenta sea más comedido de lo habitual, porque hace ya tiempo que perdió su efectividad para transmitir más emoción a determinadas situaciones. Sanders sí que la utiliza y no llega a conseguir nunca su objetivo, quizá consciente de ello limita mucho su presencia. Por lo demás, las pegas relevantes provienen de un guión del que surgen la mayor parte (por no decir casi todos) de los problemas de la película. Lo cierto es que ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ tiene unos primeros 30-40 minutos esperanzadores, desde el prólogo intentando replicar las introducciones de los cuentos de hadas para explicar cómo comenzó el reinado de terror de la malvada madrastra de la protagonista hasta el desarrollo de sus métodos para salvaguardar su belleza. Uno podría pensar que eso debe mucho al notable trabajo de Charlize Theron, muy convincente como la malvada Ravenna (aunque cierto flashback que meten de la nada en cierto momento queda un tanto cutre en términos narrativos), pero no es del todo cierto.

Blancanieves y El Cazador

Sí, el trabajo de Kristen Stewart no es nada del otro mundo (aunque es mejor a sus “actuaciones” en La Saga Crepúsculo), pero el guión no ayuda lo más mínimo al describirla como una heroína que parece sorprenderse de su destino, algo que se desarrolla de forma un tanto torpe. Además, salvo en determinado momento, mantiene la misma cara inexpresiva de ella, aunque esforzándose un poquito más (insuficiente para que nos la creamos como representación de la pureza y la bondad) por eso de que esta vez no se depende de un triángulo amoroso. Y es que la película tiene la opción de dar peso a uno de esos, pero lo evita en todo momento, ya que lo que interesa es la eterna lucha entre el bien y el mal, mientras que el resto (todos los personajes masculinos) no son más que un accesorio para encaminar la historia hacia el inevitable enfrentamiento final.

Ya he comentado el escaso peso de los hombres en la película, ya que no deja de ser una lucha de poder entre dos mujeres, las cuales hacen y deshacen a su antojo por mucho que, por ejemplo, se quiera dar mucha relevancia al personaje del cazador que interpreta Chris Hemsworth (al que pronto veremos tanto en la secuela de ‘Thor’ ya en rodaje como en la ya anunciada ‘Los Vengadores 2’). Y es que Hemsworth demuestra su valía como héroe de acción (yo ya estoy algo cansado de tanto superhéroe, la verdad), mostrando suficiente carisma para salvar un personaje al que le pasa lo mismo que a la película: Buen arranque y luego se diluye entre tonterías, reiteraciones, decisiones absurdas y sacrificio de todo en aras de potenciar a Blancanieves. Aún peor es el caso de Sam Clafin como William, el amor de infancia de la protagonista, y es que es un personaje tan desdibujado y carente de entidad que resulta imposible decir nada destacable de él más allá de su habilidad con el arco. Y Clafin tampoco hace nada para mejorarlo.

Un gran logro de la película es la integración de actores como Ian McShane, Bob Hoskins, Toby Jones o Nick Frost como los enanos, ya que no desentonan lo más mínimo en lo visual y en cuanto a lo interpretativo demuestran todos su solvencia habitual. El otro personaje relevante por comentar es Finn, el hermano de la reina/villano-secundario/albino chalado al que da vida con acierto el poco conocido Sam Spruell. No deja de ser otro relleno masculino, pero al menos la película incide levemente en su sufrimiento por estar a la sombra de la reina y su maldad de baratillo sirve para salvar a la cinta del aburrimiento total en algunos momentos.

Kristen Stewart preparada para la batalla

Conclusiones

En definitiva, ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ es una aproximación épica, en la línea de ‘El señor de los anillos’, a la historia que ya todos conocemos, pero que, tras un comienzo prometedor, acaba resultando cansina salvo por algún chispazo ocasional (la primera aparición de los enanos). Además, Kristen Stewart no da la talla como heroína de la función, pero Charlize Theron resulta muy convincente como villana y Chris Hemsworth cumple correctamente con un personaje al que no me importaría ver en nuevas aventuras. Eso sí, al final lo que queda es una historia de reconquista de terreno perdido que no ha conseguido enganchar al espectador, por lo que ni siquiera la batalla final resulta suficientemente impresionante para compensar el tremendo bajón de interés entre (poco después de) la fuga de la protagonista y el comienzo del último acto. No llega a ser una mala película, pero sí muy decepcionante para lo que podía haber dado de sí.

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