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Tras la clausura del festival, y a la espera de que el jurado presidido por Nanni Moretti anuncie el palmarés (¿segundo triunfo de Michael Haneke?), aprovecho mi trayecto de vuelta a España para recuperar dos títulos de la sección oficial que por variadas circunstancias (como la “huelga” de mi ordenador portátil durante tres días) había dejado sin comentar. Uno es el drama ‘En la niebla’, de Sergei Loznitsa, al que algunos medios consideran como uno de los favoritos para alzarse con la Palma de Oro, y el otro es la comedia ‘En otro país’, de Hong Sangsoo (dos coreanos aspirando a la Palma de Oro este año, ya os comenté lo nuevo de Im Sang-soo). La primera película está entre las mejores de esta 65ª edición, la segunda está bien pero no es lo que uno espera ver en la sección competitiva del festival más prestigioso del planeta.

‘En la niebla’

Sergei Loznitsa es un realizador nacido en Bielorrusia con amplia experiencia en el género documental, licenciado en matemáticas antes de estudiar cine, que compite por segunda vez en Cannes, dos años después de presentar ‘My Joy’, su primer largometraje de ficción. Su nuevo trabajo, ‘En la niebla’ (‘V Tumane’ o ‘In the Fog’), es una adaptación de la novela de Vasil Bykov, donde se reflexiona sobre la condición humana y la guerra (sin llegar a verse el campo de batalla), la moralidad, la dignidad, la supervivencia y la muerte. Loznitsa, que al parecer escribió el guion hace casi una década, convierte el texto de Bykov en una película cruda e intensa, profunda y rica en detalles, que se hace algo pesada por una puesta en escena. El cineasta prefiere mostrar cómo un personaje camina de un punto a otro en lugar de cortar el plano, o mostrar a los personajes en silencio, con apenas movimientos de cámara. No es un plato fácil, pero merece la pena.

Vladimir Svirski en una escena de In The Fog

El comienzo de ‘En la niebla’ es uno de los más impresionantes que se han visto en este festival, donde a pesar del bajón de calidad con respecto al año pasado, ha mostrado los últimos trabajos de una buena parte de los realizadores más interesantes de todo el planeta. Arranca el film con un formidable plano secuencia en una concurrida plaza junto a una estación de tren donde vemos a la población, con evidentes signos de pobreza y sumisión, siendo vigilada por soldados del ejército nazi; una voz que suena mecánica y artificial a través del altavoz habla de colaborar con los alemanes y da pie a una ejecución (la cámara no enfoca nunca en esa dirección). Estamos en la frontera oeste de la antigua URSS, en 1942. La acción no sigue un desarrollo lineal, se interrumpe con saltos temporales que exponen acontecimientos del pasado de dos de los personajes principales (para poder entender sus contextos concretos), y cada uno de los segmentos están separados por lentos fundidos a negro (frenando el ritmo del relato en demasiadas ocasiones, no me parece un recurso acertado).

‘En la niebla’ se centra en tres personajes, Burov, Voitik y Sushenya, al que los otros dos van a buscar a su casa, armados. Acusan a Sushenya de haber traicionado a tres compatriotas, los que fueron ejecutados; el hombre no se resiste, los esperaba, si bien se declara inocente, niega haber colaborado con los alemanes. A pesar de que se mantiene firme, Burov no puede evitar la duda y muestra compasión por un hombre al que conoce desde niño, mientras que Voitik solo piensa en terminar cuanto antes. Los tres se internan en el bosque durante la noche, pero cuando van a disparar a Sushenya, una patrulla de vigilancia los interrumpe y altera toda la situación. Maravillosamente iluminada por Oleg Mutu (‘4 meses, 3 semanas y 2 días’), con un impecable reparto que nunca fuerza un gesto o un diálogo, la película plasma con una mezcla de delicadeza y brutalidad cómo el veneno de la guerra se apodera del alma humana, y se pregunta si queda sitio para la dignidad cuando todo gira en torno a la supervivencia. Es una pena que Loznitsa detenga tanto la narración y divida el punto de vista, rompiendo la tensión, se ha quedado cerca de filmar una obra maestra.

‘En otro país’

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Hong Sangsoo compite por tercera vez en el festival de Cannes (donde ya premiaron una de sus películas, ‘Hahaha’, dentro de la sección “Un certain regard”), con un nuevo y peculiar trabajo, ‘En otro país’ (‘Da-reun na-ra-e-suh’ o ‘In Another Country’), donde vuelve a hablar del amor a través de personajes que se dedican al séptimo arte. En esta ocasión, presenta un puzle de tres pequeñas historias originadas por la imaginación de una joven estudiante de cine agobiada por las deudas. Todos los relatos, que comparten situaciones y elementos, están protagonizados por la exigente y brillante Isabelle Huppert, que, según se mire, encarna a tres mujeres diferentes llamadas Anne o a una misma mujer que ha emprendido caminos diferentes en la vida, llegando al mismo destino cada una con su propia experiencia y manera de afrontar las relaciones amorosas.

En el primer cuento, Huppert interpreta a una famosa cineasta que visita Corea del Sur para reunirse con un amigo y compañero de profesión, cuya esposa embarazada le recrimina que pierde el control cuando bebe; la francesa esquiva los intentos de seducción de su colega pero queda cautivada con el atractivo físico de un joven socorrista que le dedica canciones improvisadas. En el segundo, Anne es una mujer casada con un hombre adinerado y mantiene un romance con un director de cine coreano que desea evitar que los vean juntos, pero se siente celoso cuando la francesa coquetea con el socorrista. En la última narración de ‘En otro país’, la mujer atraviesa una crisis tras su divorcio, y es consolada por una profesora de cultura popular coreana, que le presenta a un monje que podría ayudarla a recuperar la ilusión. Anne, otra vez, vuelve a cruzarse con el encantador socorrista y con el hombre que en el primer relato encarnaba a su amigo, quien intentará seducirla de nuevo.

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En las tres historias de ‘En otro país’, la solitaria, desorientada y enamoradiza Anne sale a pasear en busca de un faro, como una metáfora de esa luz que necesita en su vida, que la oriente y dé sentido a su existencia (¿quizá también usado como símbolo fálico?). Una de las versiones de Anne se sienta delante del faro y sueña que su amante la sorprende, le dice que la ama y la besa apasionadamente. Pero no llega a ocurrir, y es que el film no deja bien parados a los hombres coreanos, a los que llega a definir como inevitables mujeriegos. Aunque los personajes reinician sus identidades con cada nuevo relato, mantienen más o menos la misma esencia y el mismo objetivo, por lo que el curioso planteamiento acaba resultando repetitivo, algo a lo que contribuye que siempre se usen las mismas localizaciones, modestas y corrientes. Hong filma con parsimonia, y con una puesta en escena sencilla, una historia cómica y amarga que mantienen viva los actores, aportando autenticidad y frescura. Queda una película agradable, con buenos momentos en un conjunto irregular. Espero que el autor surcoreano sea más exigente y atrevido con su próximo trabajo, talento no le falta.

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