Cannes 2012 | Kiarostami y Resnais hablan de amor en 'Like Someone in Love' y 'Vous n'avez encore rien vu'

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Pasado el ecuador del festival, algunos empezamos a notar el cansancio. Surgen los primeros ronquidos, he visto gente a mi lado durmiendo y se nota en muchas caras la falta de sueño. El estrés y las prisas siguen ahí, con una marcha más. La programación y la organización del certamen tiene gran parte de culpa; por ejemplo, es absurdo que un título de la sección oficial (que todos queremos ver) se proyecte en una sala de unas 400 butacas cuando se dice que hay más de 4.600 acreditados, mientras reservan películas de menor importancia para un cine de más de mil asientos. Y primero entran los que tienen acreditación rosa, luego los azules (mi caso) y por último el resto, que da igual lo que esperen, igual no entran y tienen que volver a hacer cola en el siguiente pase.

El mal tiempo tampoco está ayudando, llueve por tercer día consecutivo aquí en Cannes y los estornudos en las salas son cada vez más habituales (no me parece normal que nos tengan esperando bajo la lluvia en un festival que mueve tanto dinero). Para redondear, personalmente me he encontrado con la desagradable sorpresa de que mi ordenador portátil no quiere arrancar desde hace un par de días. Quizá por un golpe, no sé, los empujones por conseguir un buen asiento son constantes. Por suerte, siempre nos queda el cine, que lo compensa todo. Y en ese sentido no nos podemos quejar. Dos pesos pesados presentaron sus nuevos trabajos en la sexta jornada, el iraní Abbas Kiarostami y el francés Alain Resnais.

‘Like Someone In Love’

Ganador de la Palma de Oro en 1997 con ‘El sabor de las cerezas’, Kiarostami vuelve a Cannes dos años después de ‘Copia certificada’ (premio a la mejor actriz para Juliette Binoche en este certamen) con otra historia ambientada fuera de Irán. Tras su aventura italiana, el prestigioso realizador ambienta su nueva película en Japón, contando con un reparto encabezado por Tadashi Okuno, Rin Takanashi y Ryo Kase. Al parecer, el iraní deseaba filmar en Tokio desde hace una década y durante años fue acumulando ideas de escenas. No es amigo de los guiones cerrados, le gusta improvisar, dejar que fluya la historia, y aunque tuvo que presentar un libreto antes del rodaje no dejó a los actores que lo leyeran entero o que supieran el desenlace; según las notas de producción del film, Kiarostami solo revelaba a los intérpretes lo que iban a hacer el día siguiente, para que no prepararan demasiado el trabajo y quedara espacio para la espontaneidad. El resultado en pantalla es una gozada. Hay veces donde uno se pregunta si realmente es necesario dejar tanto tiempo un plano en el que no sucede nada o ver a un personaje quedarse dormido, pero supongo que es parte de la magia, piezas necesarias que el cineasta emplea para crear la ilusión de autenticidad.

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En la primera escena de ‘Someone in Love’ una cámara inmóvil nos muestra a una serie de personajes en un pub y oímos a una joven que permanece fuera del plano. Habla por teléfono, engañando a su interlocutor sobre el lugar en el que se encuentra. Una amiga se sienta delante y le cuenta un chiste que no entiende sobre una pareja de ciempiés. Por fin vemos a la chica cuando va al baño, intercambiando por el camino unas palabras con el que parece ser su jefe. Cuando regresa, alterada y nerviosa por la llamada, recibe el encargo de visitar a un hombre importante, a una hora en coche de allí. Aunque se niega al principio, porque es tarde y tiene otros asuntos personales que atender, no tiene más remedio que aceptar la tarea; mientras se dirige a su destino en taxi escucha los mensajes de voz que le ha ido dejando su abuela a lo largo del día. La mujer ha viajado a Tokio expresamente para ver a su nieta y todavía la espera en la estación. El vehículo pasa de largo; la muchacha seca sus lágrimas y se pinta los labios. Hemos entrado en la vida de esta enigmática persona y poco a poco empezamos a conocer detalles. Apenas unos minutos y Kiarostami tiene al espectador (paciente) en la palma de la mano.

Las sospechas sobre la profesión de la chica se confirman poco después, cuando entra en la casa del ciente, un anciano profesor. Él ha preparado una romántica cena pero ella está exhausta y, tras una breve charla, va directamente a la cama. A la mañana siguiente, él la acompaña a la universidad para hacer un examen y así entra en escena el tercer protagonista del relato, el irascible novio de la joven, con quien hablaba por teléfono la noche anterior. La peculiar puesta en escena (ojo a los reflejos) y los misterios que rodean a los personajes despiertan curiosidad y mantienen el interés en ‘Someone in Love’, un delicioso retrato del ser humano y las relaciones personales. Los actores se comportan con naturalidad, dejándose llevar por los acontecimientos, las conversaciones a veces son vagas pero están construidas con inteligencia para revelar detalles de la trama y retratar a los personajes. Las reacciones son siempre coherentes y realistas, nada se siente forzado. Y aunque los momentos cómicos sobresalen, la historia está cargada de amargura, con personajes miserables en busca de un amor que los rescate.

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‘Vous n’avez encore rien vu’

A las 8:30 de la mañana de ayer tuvo lugar el pase de prensa de lo nuevo de Resnais, que aspira por quinta vez a la Palma de Oro tres años después de ‘Las malas hierbas’ (‘Les herbes folles’). ‘Vous n’avez encore rien vu’, que en español sería “No habéis visto nada todavía”, es el título de su último film, y resulta divertido viniendo de un realizador que está cerca de cumplir 90 años. Hubo fuertes aplausos durante los créditos finales pero es probable que la edad y el prestigio de esta leyenda del cine que lleva más de seis décadas trabajando tuviera mucho que ver. No es que no haya gustado por aquí, he oído comentarios entusiastas, pero la reacción general me pareció exagerada, como si el director estuviese en la sala y ésta fuese su despedida. El francés ya ha confirmado que no lo es, que va a seguir dando guerra.

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‘Vous n’avez encore rien vu’, o ‘You ain´t seen nothin´ yet’, es una adaptación libre de dos obras de teatro de Jean Anouilh, ‘Eurydice’ y ‘Cher Antoine ou l’amour rate’. Laurent Herbiet y Resnais firman el guion, cuya historia parte de la muerte de un conocido dramaturgo, en cuyo testamento figura una particular petición que reúne a sus mejores amigos. El film arranca con una serie de llamadas telefónicas en las que Mathieu Amalric, Sabine Azéma, Anne Consigny, Pierre Arditi y Lambert Wilson, entre otros (todos interpretándose a sí mismos), son informados y convocados por el secretario del fallecido. Desde el principio se percibe el tono teatral que Resnais desea imprimir al relato, lo que puede descolocar un poco al público que no esté familiarizado con la obra del veterano autor francés, apasionado de la actuación libre y las intensas emociones.

El grupo protagonista se sienta delante de una pantalla donde el dramaturgo explica que los ha llamado, a ellos que conoce bien y que interpretaron su versión de ‘Eurídice’ a lo largo de los años, para que asistan a una representación grabada de la misma obra, llevada a cabo por una joven compañía; deben decidir si el material sigue conservando su fuerza. Mientras observan a los actores en el vídeo (Bruno Podalydès dirige esos segmentos, ya que Resnais no se consideraba adecuado para tratar con un elenco joven) los protagonistas quedan abrumados por los recuerdos y sienten la necesidad de recuperar sus propias interpretaciones, representando una vez más la obra, allí mismo. Resnais acompaña el apasionado trabajo de los actores con una sencilla y elegante puesta en escena, introduciendo una pequeña dosis de efectos visuales para ayudar a crear el ficticio escenario que los personajes están imaginando. La música de Mark Snow contribuye en la creación del ambiente.

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Es un juego, un experimento, sobre temas como el amor, los celos, la vida y la muerte, y hay que aceptarlo como tal, o el visionado puede acabar resultando insufrible. Aparte de la innecesaria repetición de simples soluciones visuales para recrear la fantasía, como duplicar al personaje de Amalric (que desafortunadamente no interviene mucho), el mayor problema de la película es que hay demasiado diálogo, se echa en falta mayor elaboración del contenido visual, y quizá habría sido una buena idea jugar con los alter egos de los personajes principales y que aportaran algo de su pasado a la obra. Puede que ‘Vous n’avez encore rien vu’ se cuele en el palmarés, lo que espero es que no busquen compensar nada, poner la guinda a la extensa carrera de Resnais. En unos días saldremos de dudas.

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