Cannes 2012 | 'Mud' conmueve, 'The Taste of Money' entretiene

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Lofland, Nichols, Witherspoon, McConaughey y Sheridan en Cannes

Con la presentación hoy de los dos últimos títulos de la sección oficial, concluye prácticamente la 65ª edición del Festival de Cannes, cuyo palmarés será revelado mañana. Por lo que he estado leyendo, parece que las quinielas se ponen de acuerdo en señalar tres favoritas: ‘Amour’ (mi favorita), ‘Holy Motors’ y ‘Mud’, justo una de las dos películas que han protagonizado la última jornada del certamen. Os comentaba ayer que tras ‘Cosmopolis’, daba la sensación de que ya no había nada más importante por ver. Mucha gente se marchó. Menuda cara se les puede quedar si finalmente el jurado presidido por Nanni Moretti entrega la Palma de Oro a Jeff Nichols. La que no tiene opción alguna es ‘The Taste of Money’, lo nuevo de Im Sang-soo, un trabajo que no merecía estar en competición. Otro más, han sido bastantes en esta edición de 2012, claramente inferior a la del año pasado.

‘Mud’

Solo un año después de triunfar en la Semana de la Crítica en Cannes con ‘Take Shelter’, Nichols aspira a la Palma de Oro con su nuevo largometraje, ‘Mud’, en cuyo reparto encontramos a Matthew McConaughey, Reese Witherspoon, Sam Shepard y Michael Shannon, su actor fetiche. Cuenta el realizador estadounidense que la idea de su último film se originó hace una década, cuando vio la imagen de un hombre con un equipo de buceo que parecía sacado de un film de ciencia-ficción. La fotografía despertó su imaginación y comenzó a elaborar la historia que se ha convertido en su tercer largometraje, el más ambicioso de su corta carrera. De hecho, antes de comenzar el rodaje, describió ‘Mud’ como si Sam Peckinpah adaptara un relato de Mark Twain. Precisamente, en el clímax de la película se echa en falta el talento de alguien como Peckinpah, un maestro filmando secuencias violentas. Nichols fracasa orquestando un intenso tiroteo, y es una pena porque habría sido la guinda a una película hermosa y apasionante.

Una escena de Mud

‘Mud’ gira en torno a Ellis, un adolescente de una localidad de Arkansas cuyos padres han decidido separarse. Un día, durante una excursión junto a su mejor amigo, descubre a un hombre escondido en una isla en medio del río Mississippi. Se llama Mud, está hambriento y necesita ayuda para arreglar un viejo barco. Los chicos necesitan saber qué hace allí y Mud les cuenta que está buscando a su amada y que huye de unos tipos que desean matarle. Ellis no solo ha encontrado una gran aventura, también a alguien que comparte su idea del amor, el esperanzador ejemplo que estaba buscando desesperadamente. En algunos momentos, el film de Nichols recuerda a historias como ‘Cuenta conmigo’ (‘Stand By Me’) o la reciente ‘Super 8’, con un tratamiento de la naturaleza influido claramente por Terrence Malick (no debe ser casualidad que a Ellis lo interprete Tye Sheridan, uno de los niños de ‘El árbol de la vida’), y una relación entre el fugitivo y los niños que parece beber de ‘Un mundo perfecto’ (‘A Perfect World’). La mezcla funciona en manos de Nichols, que dota al relato de autenticidad y emoción. Se percibe su entusiasmo con la historia, centrada en el amor y la madurez, y su sensibilidad a la hora de retratar a los personajes.

Quizá suene empalagoso leer que esto va de un adolescente que necesita creer en el amor, pero os aseguro que el trabajo de Jeff Nichols no lo es. Lo trata de una manera cruda y realista; el ideal ingenuo del que parten Ellis y Mud será puesto a prueba a lo largo de la película, obligando al espectador a rememorar experiencias y reflexionar sobre su propia visión de lo romántico. No se le da demasiado bien filmar la acción, pero el director vuelve a demostrar su habilidad para sacar el máximo rendimiento de sus actores. Los dos chavales se comportan con mucha naturalidad, no parece que estén interpretando (es la primera vez para Jacob Lofland), y McConaughey confirma que está en el mejor momento de su carrera, no me extrañaría que consiguiera su primera nominación al Oscar (recordemos que también protagoniza otra película seleccionada en Cannes, ‘The Paperboy’). La decepción en el reparto es la escasa relevancia del personaje que encarna Shanon (precisamente es el que se dedica a bucear), apenas interviene en un par de escenas este sensacional actor. Por último, quiero destacar los inspirados trabajos con la fotografía (Adam Stone) y música (David Wingo) de esta conmovedora, intensa e imperfecta ‘Mud’.

‘The Taste of Money’

Una escena de The Taste of Money

Es fácil ganar dinero, se folla muy bien, Corea es un gran país.

El amor ha sido uno de los temas favoritos de Cannes 2012, y claramente otro ha sido el dinero. La crítica al capitalismo, el análisis de un sistema inhumano. Si Nichols ha intentado mezclar a Peckinpah con Twain para hablar del vínculo amoroso, Im Sang-soo prueba suerte con Shakespeare, Balzac y Hitchcock, nada menos, para reflejar la corrupción personal del que trata de poseer y mantener a toda costa una fortuna, y el poder que esta proporciona. El surcoreano vuelve a competir en el festival dos años después de presentar ‘The Housemaid’ con otra historia centrada en una depravada familia adinerada a la que accede un intruso, alguien a quien intentan someter y que será transformado por una serie de sucesos violentos. ‘The Taste of Money’ nos presenta a Young-jak, el secretario de una poderosa y amoral familia propietaria de un imperio industrial, para la cual realiza todo tipo de encargos. El joven aspira a disfrutar de una vida acomodada llena de lujos, y está secretamente enamorado de Nami, la hija de sus jefes y la única que parece conservar cierta humanidad en la fría mansión. Pero sus propósitos le llevarán por mal camino, quedando atrapado en una red de secretos, violencia, sexo, sumisión y desprecio. A diferencia de su anterior film, el coreano rebaja la carga dramática y aumenta la dosis de humor, siendo este el mayor acierto de un relato que va de más a menos.

‘The Taste of Money’ (‘Do-nui mat’) arranca en el interior de una sala llena de dinero. Young-jak (a quien interpreta Kim Kang-woo) queda hipnotizado, y su jefe, divertido, le ofrece llevarse unos fajos de billetes, pero el muchacho resiste la tentación. No es el momento. Lo vemos luego dentro de un ascensor, y conforme este desciende por un rascacielos, la cámara se aleja para mostrar una espectacular panorámica de toda la ciudad, representando quizá la extensión y el resultado de la sed de riqueza. Es un comienzo prometedor, y aunque Im es un cineasta inteligente y elegante, ha escrito una historia demasiado evidente y plana, con diálogos forzados, personajes poco elaborados y un inevitable esquema de telenovela, pero que se salva por la puesta en escena, los momentos absurdos/cómicos y algún giro inesperado. Una vez más, el realizador hace gala de su gusto por la provocación y ofrece un par de situaciones incómodas que le hacen a uno querer apartar la mirada (o al menos cerrar un ojo). Le queda, en resumen, una película entretenida, de factura impecable, pero que sabe a poco siendo una de las veintidós seleccionadas por el festival para aspirar a la Palma de Oro. Habría encajado mejor en la sección “A certain regard”, donde las exigencias y las expectativas no son tan altas.

Im Sang-soo y los protagonistas de su nueva película en Cannes

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