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Arma letal 2

Hemos vuelto, somos malos, yo estoy loco y tú eres negro

Es de suponer que a muchos de aquellos que no crecisteis durante los años 80 os cueste entender la fascinación que aquellos que sí lo hicimos tenemos hacia cierto tipo de cine del que se estrenó en tan fundamental década. Una comprensión que se hace aún más complicada si para colmo, como es el caso de ‘Arma letal 2‘ (‘Lethal weapon 2’, Richard Donner, 1989) se trata de un cine de acción cuyas fórmulas podrían parecer más que anticuadas para los que han “mamado” la forma de rodar y montar secuencias de Michael Bay desde que eran unos enanos. Dejadme deciros que, en lo que a servidor respecta, no hay punto de comparación entre una y otra y que, donde se pongan a esos dos realizadores llamados Richard Donner y John McTiernan que se quiten todos los Bay y allegados que puedan seguir apareciendo como moscas.

Y para muestra de ello, la secuencia inicial de esta segunda entrega de la franquicia producida por Joel Silver —el mismo que después revolucionaría la industria de mano de los Wachowski y su ‘Matrix’ (id, Larry & Andy Wachowski, 1999)— : un grito de auténtico zumbado por parte de Mel Gibson da paso a una persecución en coche por las calles de Los Ángeles en la que la claridad narrativa se antepone a cualquier recurso estilístico. Donner siempre supo cómo y dónde colocar la cámara y, por supuesto, qué hacer con el material que tenía una vez pasaba con él a la mesa de montaje y el hecho de que en una persecución uno no se pierda y termine preguntándose quién diantres es el perseguido, quien el que persigue y a dónde narices va a parar todo esto —y me estoy acordando ahora mismo de cualquiera de las escenas de Transformers o de la deleznable secuencia en Moscú de ‘La jungla: un buen día para morir‘ (‘A good day to die hard’, John Moore, 2013)—.

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Ahora bien, estoy seguro que habrá muchos que podrían argumentar que por conseguir esa claridad en la exposición de los hechos las secuencias de acción que Donner pone en pie en ‘Arma letal 2’ carecen de la espectacularidad y el endiablado ritmo del que sí hacen gala las secuencias de Bay —y si no nombro a Greengrass, otro experto en meter más de un plano por segundo, es porque el británico si tiene muy claro lo que es la claridad en la narración—. Nada más lejos de la realidad. Si alguien ve la citada secuencia inicial o cualquiera de las otras muchas que tiene la cinta —el asalto a la caravana de Ricks, el derrumbe la casa de los pilares, el showdown— y no se queda clavado al sofá es que tiene “horchata en las venas”.

Factor tanto o más importante que la espléndida dirección de Donner a la hora de guardar en tan buena estima a las dos primeras entregas de ‘Arma letal’ —la tercera y cuarta son producciones bastante olvidables— es, sin duda alguna, la genial química que desde el primer plano compartido de la primera parte el realizador de ‘Superman‘ (id, 1978) o ‘Los Goonies‘ (‘The Goonies’, 1985) supo crear entre sus dos protagonistas: Mel Gibson y Danny Glover. Imitando la fórmula que Walter Hill había puesto en pie con ‘Límite 48 horas‘ (‘48 hours’, 1982), pero a mi parecer extrayendo mejores resultados que los que éste obtenía de la combinación de Eddie Murphy y Nick Nolte, Donner consigue que la pareja de actores se conviertan en el epítome de las buddy movies, logrando que la desmedida locura y desenfreno de Riggs, el policía encarnado a la perfección por Mel Gibson, quede equilibrada de forma precisa por el comedimiento y el contrapunto cómico que ofrece de manera natural Danny Glover como Murtaugh.

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Complementados en este caso por un Joe Pesci genial en su vis cómica más absurda, por un villano espléndidamente encarnado por el inquietante Joss Ackland, y por una rubia Patsy Kensit que sirve como mera comparsa de la función —nada que ver con la sexualidad que después explotaría en la hipnótica ‘Beltenebros‘ (id, 1993, Pilar Miró)—, nada sería lo mismo en ‘Arma letal 2’ si el guión firmado por Jeffrey Boam, autor de los libretos de ‘Indiana Jones y la última cruzada‘ (‘Indiana Jones and the last crusade’, Steven Spielberg, 1989) o ‘El chip prodigioso‘ (‘Innerspace’, Joe Dante, 1987), no cumpliera a las mil maravillas su función de entretener de principio a fin y de servir como perfecto vehículo continuista de la labor que Shane Black iniciara con la anterior entrega, dotando a sus dos protagonistas de algo más de trasfondo y equilibrando de forma soberbia comedia, acción, drama e intriga.

Con el mismo sonido urbano que Michael Kamen y Eric Clapton ya compusieran para la primera parte, ‘Arma letal 2’ es un filme por el que casi no ha pasado el tiempo: es cierto que al verlo uno adivina sin dudas en qué década se rodó —esos estilismos— pero pasando por alto ese insignificante detalle, y otros como las formas de investigación de unos años en los que todavía no había móviles ni superordenadores de bolsillo, no resulta menos certero que la cinta de Richard Donner es un todo clásico en su género.

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