Cine en el salón: 'Stoker', alcanzar la madurez

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Stoker cartel

Supongo que para cualquiera que ya la haya visto, la aclaración siguiente sobrará de principio a fin; pero para aquellos que todavía no hayan tenido la oportunidad de deleitarse con la suma elegancia de sus imágenes, valga precisar que el titular de la presente crítica no hace referencia desde ningún ángulo a que la labor de Chan-wook Park haya alcanzado la plena madurez cinematográfica, ya que insinuar tal cosa sería hacerle flaquísimo favor a esa obra maestra que es ‘Oldboy’ (‘Oldeuboi’, 2003) y al fascinante mundo que el cineasta coreano desplegaba tanto en ‘Simpathy for Mr.Vengeance’ (‘Boksuneun naui geot’, 2002) como en ‘Sympathy for Lady Vengeance’ (‘Chinjeolhan geumjassi’, 2005).

En su lugar, ese “alcanzar la madurez” incide directamente en la trama de ‘Stoker’ (id, 2013), primera incursión de Park en el mercado norteamericano y una propuesta que, como sus producciones anteriores, versa sobre una de tantas formas diferentes que puede adquirir la venganza, apoyándose para la ocasión el realizador en un guión ajeno firmado por Wentworth Miller —el hermano pequeño de ‘Prison Break’ (id, 2005-2009)— que encaja de forma precisa con las obsesiones temáticas del coreano y que, al tiempo, sirve como perverso homenaje de guionista y cineasta a uno de los clásicos indiscutibles de Hitchcock, ‘La sombra de una duda’ (‘Shadow of a Doubt’, 1943).

Stoker 1

Y no es que uno quiera ver préstamos dónde no los hay —como suele pasar en muchísimas ocasiones cuando nos ponemos a elucubrar sobre éste o aquél filme— sino que es el propio Miller el que confirma las más que evidentes deudas de su historia para con aquella que Thornton Wilder, Sally Benson y Alma Reville, la esposa del cineasta británico, pusieron en pie a partir del texto original de Gordon McDonell, afirmando que:

El punto de partida es ‘La sombra de una duda’. Ahí es donde empezamos y después tomamos una dirección muy, muy diferente.

No debería extrañar pues a nadie que en algún momento de su vida de cinéfilo haya disfrutado con el delicioso thriller interpretado por Joseph Cotten y Teresa Wright el encontrarse en ‘Stoker’ con la singular relación entre una adolescente bastante perspicaz y su tío, que tiene mucho que ocultar. Las coincidencias entre ambas cintas se mueven pues entre lo evidente, como que el protagonista masculino reciba el mismo nombre, el de tío Charlie, y el espectro de lo perceptible, caso de la forma en la que se trata la relación entre la joven India y el misterioso hermano de su padre, caso de algún detalle visual y auditivo que reclama para sí ciertas ideas del “maestro del suspense”.

Stoker 2

El alucinante y cristalino diseño de sonido del filme, justificado a través del personaje de India, personaje central encarnado con singular maestría y turbador carácter por Mia Wasikowska, es uno de esos puntos de contacto del filme de Park con ciertas ideas derivadas de la idiosincrasia hitchcockiana —el momento en el que un tren prorrumpe en la pantalla nos evoca a esa metáfora de la sexualidad que era el ferrocarril para el director británico— llevando el director coreano de mano del correspondiente departamento dicha idea hasta el más absoluto paroxismo, siendo la sonoridades durante el metraje las responsables de jugar con el espectador o las encargadas de transmitir, antes que la propia imagen, lo que está ocurriendo en pantalla, aunque ésto se haga de forma tan sutil que casi no seamos capaces de percibirlo.

En ambos sentidos, el del juego y la anticipación, encontramos varias secuencias brillantes a lo largo de la cinta aunque, por méritos propios, las que se elevan como claras vencedoras en ambos terrenos son la de tío y sobrina tocando el piano en el primer caso —brillante aquí la minimalista música de Clint Mansell imitando los modos de Philip Glass, primer compositor asociado a la producción— y la de la ducha en el segundo, minutos éstos últimos en los que, a través de un habilísimo uso de la metonímia visual, Park consigue despistar por completo al espectador sobre lo que realmente estamos contemplando.

Stoker 3

En uno y otro terreno, y lo afirmaba al principio, la extrema elegancia de la que hace gala Chan-wook Park sirve para atrapar al espectador desde el primer minuto de proyección en la tela de araña de engaños, traiciones, crímenes y herencias genéticas sobre las que el guión de Miller va apoyándose. Y si bien el libreto del artista no es el colmo de la originalidad, y no resulta nada complicado anticiparse en todo momento a las veredas por las que la trama va discurriendo —aunque haya que valorarle en su justa medida la metafórica evolución del personaje de India—, es ‘Stoker’ uno de esos filmes en los que la historia, con todas sus fallas, queda completamente subyugada a cómo se nos transmite por parte de un director que no escatima en recursos para sorprendernos a cada minuto de proyección.

Y así, unidas a las citadas secuencias de la ducha —un prodigio de montaje, todo sea dicho— y el piano, que destila un erotismo bestial, se unen otras como la del motel, el “revelador” flashback o, cómo no, ese clímax que, rodado con igual ritmo letánico que el resto de la película, consigue elevar la tensión hasta límites inexistentes en el guión, logrando hipnotizar al respetable de tal manera que no nos queda más remedio que permanecer atentísimos a la pantalla aunque sepamos de sobra cómo va a discurrir todo.

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Añadido al ejemplar trabajo de Park, la labor de la terna de actores resulta igualmente encomiable. Ya hemos comentado algo más arriba lo que Mia Wasikowska alcanza con el personaje de India, demostrando que lo insufrible de su Alicia se debía poco a ella y mucho a los excesos de Tim Burton. Como su aletargada madre, Nicole Kidman resulta efectiva y por momentos brillante, aunque para apreciar su interpretación haya que ignorar en ocasiones esos labios hiper-deformados por mano de los excesos quirúrgicos. Completando la terna, la actuación de Matthew Goode palidece, aunque no en demasía, con respecto a las de sus dos partneaires femeninas, aunque hay que valorarle al actor la capacidad para, sin cambiar de expresión, conseguir enervar al espectador.

No estará a la altura de ‘Oldboy’ —mucho le va a costar a Chan-wook Park superar la alargadísima sombra que sigue proyectando este grandioso filme— pero ‘Stoker’ es un ejercicio en preciosismo cinematográfico que, apoyado en un guión que funciona y al que poco más se le puede pedir, logra cautivar con unas imágenes que sí cuentan con la misma fuerza que las de la obra maestra del coreano. Habrá que seguir esperando a que el director encuentre un guión a la altura de su talento para volver a felicitarnos por otro logro redondo de tan singular artista.

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