Cine en el salón. 'Superman returns', volvimos a creer

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Aunque por su breve extensión no lo anunciara como especial, creo que ha sido bastante obvio que en las últimas cinco semanas los miércoles han venido dedicados a revisar las películas de Superman dado el inminente estreno del ‘Hombre de acero‘ (‘Man of steel’, 2013) que Zack Snyder nos tiene preparados. Con todas las dudas en el aire acerca de lo que la esperadísima visión del controvertido cineasta nos deparara, terminamos hoy el repaso por la vida cinematográfica del último hijo de Krypton con ‘Superman returns‘ (id, Bryan Singer, 2006), en opinión del que esto suscribe, un filme a la altura de lo que Richard Donner rodaba en 1978.

Casi dos décadas sin Superman

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Pero antes de entrar en materia, intentaré llenar el lapso de tiempo que pasó entre ‘Superman IV: en busca de la paz‘ (‘Superman IV: quest for peace’, Sidney J. Furie, 1987) y el filme de Bryan Singer; casi veinte años en los que la Warner trataría una y otra vez de poner en pie una nueva entrega de las aventuras del superhombre, contratando a decenas de guionistas y varios directores para que resucitaran al personaje en la gran pantalla. Una historia que daría ella sola para una extensísima entrada y que intentaré resumir lo máximo posible para no aburrir a aquellos que ya la conozcáis.

Toda vez que, como contaba la semana pasada, los Salkind readquirieron los derechos del personaje tras el fiasco de ‘Superman IV’, sería la Warner la que recuperara la posesión de los mismos en 1993. Una vez dado este paso, el baile de directores y de opciones para renovar la franquicia fue de lo más variopinto: siempre bajo la alargada sombra de ese peluquero metido a productor intocable que es Jon Peters, las primeras opciones serias de volver a ver a Superman en los cines coincidieron con el renacer que conoció el personaje en las páginas de ‘La muerte de Superman’, el famosísimo cómic en el que DC asesinaba a su icono a manos de una criatura llamada Doomsday.

Escrito primero por un tal Jonathan Lemkin, guionista entre otras de ‘Pactar con el diablo‘ (‘The devil’s advocate’, Taylor Hackford, 1997), y reescrito después por Gregory Poirier autor, por ejemplo, del libreto de ‘La búsqueda: el diario secreto‘ (‘National treasure: book of secrets’, Jon Turteltaub, 2007), este ‘Superman reborn‘ era pronto desechado por la Warner en favor de un Kevin Smith que arremetía contra la visión de ambos escritores por lo “poco que respetaba al personaje”.

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Smith entregaba entonces a la productora ‘Superman lives‘, un libreto que, debido a las estúpidas injerencias de Peters, se vería obligado a variar incontables veces para acomodar las surrealistas peticiones del productor. Dichas peticiones iban desde cambiar los “amanerados” colores del traje del superhéroe a impedir que se ¿¿viera volar?? a Superman por lo mucho que detestaba los efectos visuales de la cinta de Donner, pasando por el enfrentamiento final del héroe con una araña gigante o la demanda de que la cinta contara con acción sin parar, aunque para ello el hombre de acero tuviera que luchar contra osos polares (sic).

Pasando por el aro de algunas de ellas, e impidiendo que otras se hicieran realidad, Smith comienza en 1997 la rápida reescritura del libreto de cara a un posible estreno del filme en 1998, coincidiendo con el 60 aniversario del personaje. Comenzaba entonces la búsqueda del actor capaz de sustituir a Christopher Reeve, considerándose los nombres de Sean Penn o el que durante bastante tiempo será el temido heredero de la capa: Nicholas Cage.

Tras desechar Warner la propuesta de Smith de que sea Robert Rodríguez quien dirija la película, la major apostará de nuevo por Tim Burton para que repita el monumental éxito conseguido con sus dos incursiones en Batman: entrando cual elefante en una cacharrería, Burton rechaza de pleno el tratamiento de Smith dando paso a un baile de nombres en la autoría de los guiones que va desde Wesley Strick a Dan Gilroy, cuyos guiones dejan cada vez más espacio a la sinrazón y el surrealismo —se llegó a pensar que Superman utilizara un “supermóvil” como medio de desplazamiento—.

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Con el realizador exigiendo absurdos caprichos, y la fecha de comienzo de rodaje cual espada de Damocles sobre sus cabezas, los ejecutivos de la productora deciden dejar de contar con los servicios del excéntrico cineasta cancelando un estreno que ya se había pospuesto para 1999. Y tras un par de años de dimes y diretes, hace acto de aparición el nombre de McG que, recién salido del éxito de ‘Los ángeles de Charlie‘ (‘Charlie’s angels’, 2000), es contratado por Warner para hacer un Superman que los adolescentes terminen adorando.

De forma paralela los rumores que ligan a Wolfgang Petersen con un posible ‘Batman vs. Superman‘ no hacen sino acrecentar la absurda escalada de proyectos sin sentido en la que la major lleva quince años sumida. Una escalada a la que, en última instancia, se sumaría J.J. Abrams con una propuesta sobre un reboot del personaje llamada ‘Superman flyby‘ que sería ofrecida a Brett Ratner antes de que McG se apropiara de ella y que consideraría nuevos nombres para encarnar a Superman como los de Tom Welling, Jared Paladecki o, curiosamente, Henry Cavill después de que Cage hiciera varios años que se había desentendido del personaje.

Pero todo este baile, que creedme, he resumido una barbaridad —si tenéis tiempo y ganas podéis echarle un vistazo a algunos de los extensísimos artículos que hay por la red al respecto—, termina en 2004 cuando, sin que nadie se lo encargue, Bryan Singer, Michael Dougherty y Dan Harris presentan a Warner un tratamiento que han preparado durante unas vacaciones en Hawaii tras el rodaje y promoción de ‘X-men 2‘ (id, 2003). ‘Superman returns’ está a punto de echar a volar.

Una idea lógica

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La lógica que la terna de escritores ha planteado a Warner con el tratamiento de la historia es aplastante: si todas las vueltas que se han dado con respecto al tema de la muerte y el renacimiento del personaje no han funcionado ¿por qué no abandonarlas por completo? Y si se sabe, porque se sabe, que el mejor Superman que se ha rodado es el de Donner, ¿por qué no tomarlas como base para el posterior desarrollo de la idea?.

Con estos escuetos pero sólidos mimbres, Singer, Dougherty y Harris plantean con ‘Superman returns’ una apuesta que en el mundo del séptimo arte casi podría considerarse como un suicidio al no aludir a las nuevas generaciones de espectadores —esas a las que van dirigidos todos los blockbusters anuales— y preferir dirigirse a todos aquellos que, como el director, babeamos en el cine casi tres décadas antes con la espectacularidad de lo que Richard Donner filmó.

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(A partir de aquí, spoilers) Y así, el guión de esta quinta entrega de la saga superheróica parte de la base de ignorar por completo las olvidables tercera y cuarta parte y tomar como referencia lo acaecido en las dos primeras, argumentando que, tras el descubrimiento de varios astrónomos de los restos de Krypton, Superman parte hacia su planeta natal abandonando durante cinco años su hogar adoptivo.

Durante ese lustro, la vida en nuestro planeta ha seguido su curso, Lois ha tenido un hijo, vive con el sobrino de Perry White y ha ganado el ansiado Pulitzer por un editorial titulado “Por qué el mundo no necesita Superman”. Mientras tanto Lex Luthor ha logrado escapar de las garras de la justicia al no presentarse Superman como testigo en el juicio que habría ratificado las dos cadenas perpetuas que le habían sido imputadas y prepara un nuevo plan muy similar al que llevara a cabo en el ‘Superman‘ (id, Richard Donner, 1978) original impulsado por esa malsana obsesión por tener tierras que ya veíamos en el filme de Donner, contando para ello con los cristales que sustrae de la fortaleza de la soledad del superhombre.

Nuevas caras para los personajes de siempre

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Como ya sucediera dos tres décadas antes, gran parte de la apuesta que era ‘Superman returns’ descansaba no ya en la capacidad de los guionistas de rescatar el espíritu del personaje —algo que, como veremos más abajo, consiguen sin problemas— sino en que Singer y los responsables de casting dieran con el rostro adecuado para encarnar la dualidad Clark Kent/Superman. Y si algo habían demostrado los años transcurridos desde la cuarta entrega de las aventuras de Superman es que encontrar a alguien a la altura de Christopher Reeve iba a ser, como poco, una tarea casi imposible.

Imbuido por completo en el espíritu “Donneriano” de la producción, Singer decide que, como ya hiciera su mentor décadas atrás, el rostro del protagonista del filme tiene que ser el de un perfecto desconocido, encontrando el cineasta a su protagonista idóneo en Brandon Routh, un actor cuya elección considero un acierto tan pleno como lo fuera en su momento la de Reeve.

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Criticado por un amplio sector que argumentaba que Singer había optado por él sólo por el gran parecido físico que guarda con Reeve, Routh encaja perfectamente en el perfil de Kent/Superman. Como el primero, usa de forma inteligente las muecas y gestos que Reeve hiciera característicos. Como el segundo otorga una nueva humanidad al superhombre logrando, como ya hiciera su antecesor, que el público pueda identificarse con cualquiera de las dos vertientes de su actuación.

Con Kevin Spacey como un espléndido Luthor mucho menos “camp” que el encarnado por Gene Hackman y una comedida Kate Bosworth en la piel de Lois Lane, del resto del reparto cabe destacar, en sentido muy peyorativo, la molesta inclusión de Parker Posey como Kitty, un burdo remedo del personaje que Valerine Perrine interpretara en 1978 y que carece de la explosiva sensualidad que ésta supo darle al personaje de la srta. Tesschmacher.

Un Superman clásico para el s.XXI

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Lo decía al principio y lo vuelvo a repetir, ‘Superman returns’ me parece un filme a la altura de lo que Donner levantó a finales de los setenta y nunca he llegado a entender del todo el por qué de las encendidas críticas que recibió desde el momento de su estreno. Unas críticas que comenzaron arremetiendo, como comentaba algo más arriba, contra la elección de Routh como Superman y continuaron cuestionando las elecciones argumentales por las que transitaba la cinta, la ¿irregular? dirección de Singer o las excesivas dos horas y media de metraje.

Vaya por delante que no considero a ‘Superman returns’ un filme perfecto y que, aunque no con la intensidad con la que se reflejó en muchos de los negativos comentarios vertidos al respecto, creo que al montaje final le habrían venido bien unos cuantos minutos menos, sobre todo en ese anticlimático epílogo que sigue al monumental clímax de la cinta, algo más de tres cuartos de hora de acción non-stop en la que Singer nos lleva a través de una espectacular montaña rusa que, no obstante, se queda algo por debajo de la que es la mejor secuencia —en todos los sentidos— del filme: el accidente de la lanzadera.

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Primera aparición de Superman en toda su gloria con el renovado traje, dicha secuencia es un perfecto ejemplo de que Singer tiene muy bien aprendida la lección de verosimilitud con la que Donner caracterizó a su ‘Superman’ y, haciendo gala de la misma claridad narrativa que éste, él y John Ottman, en su doble función como editor y compositor, devuelven de un plumazo al personaje el esplendor que había perdido en sus dos últimas apariciones en la gran pantalla: con una música que asimila lo planteado por John Williams y que se eleva como el mejor trabajo de Ottman junto a ‘X-men 2’ —el momento en que Superman se baña en el sol pone la piel de gallina al más pintado—, el subidón de adrenalina que provoca la asombrosa acción que se despliega ante nuestros ojos es el mejor exponente del gran trabajo que hace Singer tras la cámara.

Con constantes y pequeños homenajes a los filmes cuyo legado perpetua, y que pasan por reimaginar diálogos ya escuchados con anterioridad, traer de vuelta a Marlon Brando —aunque sea de forma virtual, claro está— y montar una trama que discurre por senderos paralelos a los que viéramos en ‘Superman’, el trabajo que Dougherty y Harris desarrollan y que es puesto en valor por el clasicismo de formas narrativas de Singer no sirve, no obstante, para que el éxito de la cinta se sienta como tal, dado que la Warner suponía que llegaría a los 500 millones de recaudación sin problemas y no se contentó con los 400 que casi acumuló; algo que se explica debido a que a los 200 de presupuesto hubo que sumarles 100 de publicidad y 70 que se destinaron a pagar las deudas contraídas a lo largo de los años con todos los numerosos implicados en aquellas ideas que nunca llegaron a ver la luz.

Con una secuela anunciada para mediados de 2009 que no llegaría a rodarse —y que habría tenido mucha más acción de manos de la aparición de diversos villanos con poderes—, ‘Superman returns’ queda como el espléndido testimonio del cariño con el que toda una generación de cinéfilos entre los que se incluye Singer sigue mirando a aquél año en el que creímos a pie juntillas que un hombre podía volar, un cariño que la producción exuda por todos sus poros y que lamentablemente nunca volveremos a ver plasmado en la gran pantalla.

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