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Cine en el salon

Soy un cinéfilo de gustos tremendamente eclécticos. Y si hay algo que hable mejor que cualquier otra apreciación en favor de esta afirmación es mi videoteca, una estantería en la que junto a filmes considerados por la gran mayoría como Obras Maestras se pueden encontrar las más variopintas comedias románticas —mi mayor placer culpable—, o filmes de la talla de ‘Punisher. Zona de guerra‘ (‘Punisher. War zone’, Lexi Alexander, 2008), ‘Sucker punch‘ (‘Sucker punch’, Zack Snyder, 2011) o ‘Elektra‘ (‘Elektra’, Rob Bowman, 2005), por poner tres ejemplos al azar de lo que mi compulsión compradora puede llegar a provocar.

¿Que a qué viene todo esto? Muy sencillo. Al igual que nuestro compañero Alberto tiene su Añorando estrenos, el hecho de que cada noche tenga la oportunidad de poder sentarme tranquilo en la comodidad del sofá de mi salón y visione una o incluso dos películas —que uno tiene unos hábitos de sueño bastante pernoctadores— me ha llevado a pensar en la posibilidad de ir compartiendo, ahora que puedo, dichos visionados con vosotros, nuestros queridos lectores, en una sección que, huelga decirlo, tendrá una recurrencia bastante intensa. Y sin más dilación, vamos a por la película que pude disfrutar anoche, la hilarante ‘Zombies party‘ (‘Shaun of the dead’, Edgar Wright, 2004).

Zombis party poster

Por más que sea un género que lleva dando tumbos desde que George A. Romero decidiera inaugurarlo hace casi cincuenta años —que se dice pronto— la actual fiebre por el sub-género zombi tiene sus orígenes hace poco menos de una década en dos medios diferenciados, si bien los responsables últimos de su amplia aceptación somos un público que, como bien apuntaban hace unos días dos lectores de Zona Fandom, necesita la figura del muerto viviente como medio de evasión de la actual época de crisis que nos ha tocado vivir.

Como primer responsable de que de un tiempo a esta parte el género haya encontrado un público cada vez más amplio, habría que apuntar a Robert Kirkman y sus ‘Muertos vivientes‘, un cómic que arrancaba su andadura en Octubre de 2003 y que, con más de cien números a sus espaldas no sólo ha logrado convertirse en toda una institución del noveno arte, sino que ha trascendido los límites de la viñeta para pasar a la caja tonta en una serie que, con su tercera temporada en curso, ha cosechado unas audiencias asombrosas.

Zombies party 1

Los otros responsables iniciales los encontramos, ya en el arte que del que aquí nos ocupamos, en dos títulos que se elevan, por motivos bien diferentes, como dos de las mejores incursiones que se hayan hecho en el sub-género: ‘Amanecer de los muertos‘ (‘Dawn of the dead’, Zack Snyder, 2004) espléndido remake de la cinta de Romero que, por lo que a mi respecta es muy superior al producto original y supone la mejor cinta hasta la fecha del realizador —habrá que ver que ha hecho con ‘El hombre de acero‘— y, cómo no, esta ‘Zombies party (una noche…de muerte)’ con la que Simon Pegg y Edgar Wright se daban a conocer al gran público tras el éxito cosechado en la pequeña pantalla con su serie ‘Spaced’, que aprovecho la ocasión para recomendar encarecidamente.

Como los propios responsables admiten en uno de los extras más interesantes que incorpora la edición de la Universal en blu-ray —en el que vemos a Pegg y Wright repasando durante cerca de media hora los pormenores de toda la historia tres años antes de que esta viera la luz en la gran pantalla— ‘Zombies party’, por cierto, esperpéntica traducción del juego de palabras original, no es, en ningún momento, un “spoof“ del género de muertos vivientes, sino una comedia que los utiliza como trasfondo para apuntalar un metraje que rinde homenaje a los arquetipos de este tipo de cine —como después harán con ‘Arma fatal‘ (‘Hot fuzz’, Edgar Wright, 2007) y las buddy movies— al tiempo que reflexiona sobre el carácter de la sociedad actual.

Zombies party 2

En este último sentido, resulta curioso lo mucho que los postulados de la historia de Pegg y Wright se acercan a los que Kirkman concreta al final de su primer año de ‘Los muertos vivientes’, insinuando la cinta y aseverando una de las mejores páginas que ha tenido el cómic, que en realidad los zombis somos unos humanos que nos dejamos llevar por la apatía y el borreguismo y que, al hacerlo, perdemos todo aquello que nos hace únicos y singulares.

Para enhebrar dicha reflexión —sobre la que se insiste más de una y dos veces a lo largo del metraje— Pegg y Wright echan mano de una historia que, no podía ser de otra manera, es un reflejo pasado por el tamiz del flemático humor británico del argumento de ‘El amanecer de los muertos’ (‘Dawn of the dead’, George A.Romero, 1978), encontrándonos así a un grupo de supervivientes que se ven obligados a huir sin descanso de los afectados por un brote inexplicable que convierte a los muertos en descerebrados resucitados con ansias de carne humana.

Zombies party 3

En ese proceso de asimilación y alteración que los guionistas hacen de la idea original desarrollada por Romero y de los mimbres que suelen estructurar una producción con zombis de por medio, nos encontramos con que la acción transcurre en exteriores en su gran mayoría, en lugar de hacerlo en el espacio de ese centro comercial que aparecía en la citada cinta y el que, en última instancia, tan incuestionable icono de la cultura americana se sustituya por el equivalente de la anglosajona, ese pub llamado “The Winchester” donde tiene lugar el clímax de la acción.

Con Pegg y Simon Frost como caras más visibles del reparto, la química que ese establece entre ambos, amigos desde la infancia, termina contagiando a la labor del resto de intérpretes sacando Wright lo mejor de un equipo de actores que sabe lo que se trae entre manos y entiende a la perfección lo poco que deben tomarse en serio a si mismos.

Zombis party 4

Con esta labor como pilar fundamental en el que se apoya la espléndida labor de Wright tras las cámaras, el joven cineasta —que en el transcurso del rodaje todavía no había llegado a la treintena— se muestra aquí como digno heredero de las formas de lo que de su compatriota Guy Ritchie habíamos visto tan sólo cuatro años antes en ‘Snatch, cerdos y diamantes‘ (‘Snatch’, Guy Ritchie, 2000), con esos montajes acelerados de ciertas acciones y una chulería subyacente que impregna toda la narración y que, en este caso, aumenta aún más si cabe lo hilarante de una cinta protagonizada por “deshechos sociales” que están muy lejos de lo que uno entendería por héroes, sean improvisados o no.

En definitiva, una cinta que por su sentido del humor y, sobre todo, por no quedar para nada encorsetada en el ámbito del cine de terror —si a alguien le da miedo esta cinta, mejor que se lo haga mirar— es más que recomendable para pasar un rato de risas en una noche cualquiera de una semana cualquiera.

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