Cines del Sur 2013 | 'Talgat', de Zhanna Issabayeva, y 'Jîn', de Reha Erdem

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Una imagen de Talgat

La segunda jornada del Festival de Granada Cines del Sur me dejó dos imágenes significativas. La primera: salas casi vacías; tras el lleno de la sesión inaugural, que al parecer era gratis, no había problema alguno para elegir asiento y ver las siguientes películas de la sección oficial incluso llegando tarde —y tened en cuenta que hay prensa y jurado entre los asistentes—. La segunda: la presentación de los cineastas se sustituye por una lectura algo atropellada y nerviosa de quién dirige y sobre qué va el film —algo que personalmente encuentro molesto, sobre todo poco antes de que empiece la proyección—. Sin apenas público ni la presencia de los autores esto va por mal camino…

‘Talgat’

La primera sesión del día fue para una película de Kazajistán, ‘Talgat’ (2012), de la realizadora Zhanna Issabayeva. El título hace referencia a un chaval de 11 años, protagonista de una de esas historias que uno espera encontrar en un certamen de estas características; el escenario es una miserable zona de chabolas y casas prefabricadas —los suburbios de Almaty, la ciudad más poblada del país, donde nació la directora— y la familia de Talgat consume los días en medio de una terrible pobreza. A pesar de las circunstancias, el chico se las apaña para mantener la ilusión y la de su hermana de 6 años, al tiempo que protege a su tío, un hombre que sufre una discapacidad mental y que a fin de cuentas es como el hermano pequeño.

Una escena de la película Talgat de Zhanna Issabayeva

Pronto queda claro que Talgat es el auténtico cabeza de familia. Es quien se preocupa por los demás, quien va a trabajar —además de ir al colegio— mientras sus padres gastan las raquíticas ganancias en comprar tabaco y alcohol. Y por lo que se intuye —Talgat y sus amigos roban metal y se lo venden a un tipo gordo y vago— parece que su situación no es tan extraña en aquel lugar de niños luchadores y adultos rendidos. Issabayeva se preocupa en mostrar el día a día de sus personajes, la miseria y las dificultades, pero no se regodea en ello, no destaca el drama, al contrario, hay lugar para el optimismo y la comedia, dejando un relato más ligero y agradable de lo que puede parecer a simple vista.

El principal problema de ‘Talgat’ es lo que decía ayer sobre ‘Thy Womb’ (Brillante Mendoza, 2012), aburre que haya escenas tan largas con escasa información, que con un simple vistazo dejan de resultar interesantes. En este caso la cámara se detiene demasiado tanto en situaciones cotidianas como otras ya expuestas anteriormente, supongo que para dotar de realismo a la acción y los personajes, pero aportan poco o nada y acaba cansando por repetitivo. Sin duda, lo más destacable es el trabajo interpretativo, en especial el joven protagonista (Zhanibek Dinamzhan) y su tío (Kulushmek Kasimbekov), quien llega a parecer realmente discapacitado.

‘Jîn’


Cartel de Jîn

Al siguiente largometraje de la sección oficial que ocupó la jornada también creo que le sobra metraje —un mal muy extendido y no solo en propuestas de escaso presupuesto— pero en este caso es más disculpable o se tolera más fácilmente porque la historia de la protagonista está narrada con mayor talento, resulta realmente cautivadora y no agota tanto el paso de los minutos. ‘Jîn’ (2013) es el último trabajo del turco Reha Erdem y gira en torno a una muchacha de 17 años (Deniz Hasgüler), una guerrillera harta del conflicto bélico entre tucos y kurdos, que emprende una odisea para intentar volver a casa, adentrándose en bosques y montañas para evitar ser descubierta…

Erdem dota a su película de un encantador tono de cuento, convirtiendo a su protagonista en una especie de Caperucita Roja, con abuelita y “lobo” incluido. Tanto la naturaleza como los animales con los que se va cruzando la joven parecen intentar ayudarla a superar los peligros y los inconvenientes durante la dura travesía mientras la guerra —a veces invisible pero siempre presente con balazos y explosiones— lo va destruyendo todo y hombres violentos tratan de aprovecharse de la situación de los desamparados. La cuidada puesta en escena, la hermosa fotografía —de Florent Herry— y un inspirado uso de la música —compuesta por Hildur Gudnadottir, solo acompaña la acción en determinados momentos donde el entorno ejerce una poderosa influencia— logran crear una atmósfera envolvente para una apasionante aventura que recuerda al cine de Hayao Miyazaki.

Una imagen de la película Jîn

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