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Después del excelente sabor de boca que habían dejado ‘Un mundo perfecto’ (‘A Perfect World’, 1993) y ‘Los puentes de Madison’ (‘The Bridges of Madison County’, 1995) el talento de Eastwood no se hizo esperar con su retorno al género del thriller clásico con ‘Poder absoluto’ (‘Absolute Power’, 1996), película que en principio parecía uno de esos productos alimenticios con los que asegurar cierta taquilla para así embarcarse en proyectos más arriesgados —conviene recordar que su siguiente película sería la muy personal ‘Medianoche en el jardín del bien y del mal’ (Midnight in the Garden of Good and Evil’, 1997)—. Pero ya les gustaría a muchos productos comerciales tener la calidad de algunos como el que nos ocupa, en el que se pueden ver plasmadas todas las inquietudes de Eastwood como cineasta, un auténtico espectáculo cinematográfico lleno de matices, y en el que el director realiza un curioso estudio sobre la soledad.

El libro homónimo de David Baldacci llamó el interés del cineasta cuando la Castle Rock le ofreció el proyecto para coproducir con la Malpaso. En él se narraba la historia de un ladrón de guante blanco que era testigo de un asesinato cometido por nada menos que el Presidente de los Estados Unidos, el hombre más poderoso del planeta poseedor del poder del título. La adaptación cinematográfica es bastante fiel en unos tramos, pero en otros se aparta considerablemente. Suprime algún que otro personaje importante, relega a un segundo plano a personajes principales, y cambia por completo el final de la misma. Todo ello para ajustarse a las necesidades de Eastwood como cineasta, siempre interesado en turbias historias sobre la corrupción, y cómo no, adaptándolo a la imagen del Eastwood actor.

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Para ello, el director, que se encontraba en uno de sus mejores momentos, sobre todo por el reconocimiento que estaba teniendo su obra a raíz de los Oscars recibidos por ‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, 1992), y que hizo que mucha gente abriese los ojos, echó mano de unos de los guionistas más prestigiosos de buena parte del cine actual, William Goldman. Ganador de dos Oscars de la Academia de Hollywood por los libretos de la magistral ‘Dos hombres y un destino’ (‘Butch Cassidy and the Sundance Kid’, George Roy Hill, 1969) y ‘Todos los hombres del presidente’ (‘All the President´s Men’, Alan J. Pakula, 1976), Goldman ha escrito los guiones de films tan conocidos como ‘Harper, investigador privado’ (‘Harper’, Jack Smight, 1966), ‘Un puente lejano’ (‘A Bridge too Far’, Richard Attenborough, 1977) o ‘La princesa prometida’ (‘The Princess Bride’, Rob Reiner, 1987), que adaptaba su propio libro. El escritor accedió a las indicaciones de Eastwood para realizar cambios en la historia, y llevarlo al terreno del cineasta.

De hecho Goldman quedó sorprendido por la petición de Eastwood, pues el escritor pensaba que el actor ser reservaría el papel del detective Seth Frank, al final interpretado por un excelente Ed Harris, que en el libro es prácticamente el protagonista. Pero el director de ‘Escalofrío en la noche’ (‘Play Misty for Me’, 1971) quiso que Luther Whitney, el hombre que se enfrenta nada más y nada menos que al Presidente de los Estados Unidos, fuese el personaje central de la película. Eastwood se pone en la piel de un delincuente, cosa que no hacía desde su última y gran colaboración con su mentor Don Siegel en ‘Fuga de Alcatraz’ (‘Escape from Alcatraz’, 1979). Un delincuente con ciertos valores; intenta recuperar el amor de su hija, cuya niñez se la perdió entre rejas —al respecto es sumamente emotiva la secuencia en la que ella, una espléndida Laura Linney, descubre que la case de su padre está llena de fotografías suyas—, y no soporta la hipocresía y falsedad del hombre más poderoso del mundo. Whitney ya ha visto demasiado, ya ha vivido demasiado, y a su modo desea un mundo mejor para todos.

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El personaje presenta varias facetas. Al inicio es presentado como un amante del arte —paralelismos con ‘Licencia para matar’ (‘The Eiger Sanction’, Clint Eastwood, 1975)— con gran habilidad para el dibujo. Más tarde, en la oscuridad de su hogar, vemos a Whitney solo. Y luego le vemos haciendo lo que mejor sabe hacer, robar. El trabajo de fotografía de Jack N. Green en esta película es sorprendente. Colores cálidos para ciertas escenas, las más tranquilas; y penumbra para los instantes más íntimos, o de suspense. Baste citar la excelente secuencia inicial, la del robo y todo lo que acontece después. El momento de la persecución a Whitney por parte de dos agentes del servicio secreto —unos ajustados Scott Glenn y Dennis Haysbert—, en el que se utilizan los infrarrojos de las gafas de los perseguidores. O toda la claridad de la secuencia de la emboscada a Whitney en la terraza de un café. Con todo ello Eastwood juega al contraste, tal y como había hecho en algunas de sus mejores obras con Green, ‘El jinete pálido’ (‘Pale Rider’, Clint Eastwood, 1995 o ‘Bird’ (id, Clint Eastwood 1988).

‘Poder absoluto’ puede verse como la respuesta crítica —una crítica muy incisiva y dolorosa, a pesar del final feliz, sorprendente en la carrera del Eastwood director de esos años— a un tipo de películas que poblaron parte de la década de los 90, y que involucraban al Presidente de los Estados Unidos, casi siempre desde una perspectiva benevolente. ‘Independece Day’ (id, Roland Emmerich, 1996) —donde el presi era capaz de competir con Luke Skywalker—, ‘El presidente y Miss Wade’ (‘The American President’, Rob Reiner, 1995) —el hombre más poderoso del mundo tiene derecho a enamorarse—, ‘Dave’, presidente por un día’ (‘Dave’, Ivan Reitman, 1993) —cualquiera puede ser presidente e incluso hacerlo mejor—, o ‘Air Force One’ (id, Wolfgang Petersen, 1997) —el presi puede ser el mejor héroe de acción— son películas que ofrecen una imagen muy diferente del presidente de los Estados Unidos a la que ofrece ‘Poder absoluto’. Y seamos sinceros, los rostros de Bill Pullman, Michael Douglas, Kevin Kline y Harrison Ford son mucho más amables que el de Gene Hackman, que en su segunda colaboración con Eastwood compone un personaje ruin y perverso. Atención a la divertida secuencia de baile entre Hackman y Judy Davis, quizá algo histriónica, en la que el actor se come literalmente a todo bicho viviente.

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Eastwood se muestra tan inspirado como en sus mejores trabajos tras las cámaras, y como siempre su película se compone de capas. En una primera tenemos el thriller, bien visible, con secuencias absolutamente magistrales como la primera media hora, de gran tensión, llena de ritmo, con un excelente uso de la planificación. Una de esas secuencias en las que el dramatismo va en aumento hasta atrapar al espectador y no soltarlo jamás. Dicha tensión se repite en la ejemplar secuencia de acción de la emboscada, toda una lección de ritmo y emoción de la que deberían aprender otros directores que se empeñan en menospreciar el cine de acción. Y una segunda capa en la que Eastwood no descuida ni uno sólo de sus personajes, haciendo a través de ellos un dibujo de la soledad, algo muy presente en sus obras más redondas. Luther siempre ha estado solo, su profesión le obliga a ello. Su hija, que descuida su vida en casa, otro tanto de lo mismo. Seth Frank es un solitario que para ligar repite hasta la saciedad que vive solo —impresionante momento por la terrible veracidad y patetismo que desprende—. El presidente es probablemente el más solo de todos. Walter Sullivan —impresionante E.G. Marshall—, hombre traicionado por su mujer primero y su mejor amigo después, destapa su soledad al desvelar cómo observaba a su mujer siendo complacida por otros hombres —¿hay algo más solitario que eso?—. Gloria Russell (Davis), con su admiración/amor hacia su jefe también se siente sola; y cómo no, los dos agentes del servicio secreto, que son como las dos caras de una misma moneda, uno asqueado de su trabajo y el otro entregado por completo a su país.

Quizá debido a esos personajes tan característicos, cargados todos de melancolía y dolor, cada uno a su manera, es por lo que Eastwood se muestra tan esperanzador en el desenlace del film. Los malvados reciben su merecido del mismo modo que ellos cometieron un crimen horrendo, el padre salva y recupera a su hija, y el amor triunfa. En este mundo vamos a estar muy poco tiempo, así que es mejor pasarlo juntos, será más llevadera la cruda realidad que Eastwood ha plasmado tantas y tantas veces en sus películas. Cuando el film se estrenó en los USA, una crítica dijo que este mundo era un poco mejor gracias a cineastas como Clint Eastwood. ‘Poder absoluto’ es una buen prueba de ello.

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