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Batman cartel

Ahora que la trilogía de Christopher Nolan ha finalizado y se puede echar la vista atrás, resulta curioso contemplar como Batman ha ido evolucionando con el transcurso del tiempo desde los primeros seriales de los años cuarenta hasta la actualidad. La aproximación de Nolan al personaje, situando al hombre murciélago en el “mundo real”, ha eliminado de raíz cualquier referencia a los cómics que tuviera protagonismo en las anteriores entregas cinematográficas del alter ego de Bruce Wayne: ya no hay bat-móvil, sino el Tumbler; Dos caras es ahora Harvey Dos caras y Gotham dista mucho de la fantasiosa ciudad que habíamos visto en las versiones de Tim Burton o Joel Schumacher.

No quiere esto decir, obviamente, que las tres fantásticas cintas del director de ‘Origen’ (‘Inception’, 2010) carezcan de mérito, antes bien, si para algo han servido es para demostrar que todavía no estaba todo dicho de cara a un personaje que, careciendo de superpoderes, podía resultar tan extraordinario como lo que podemos atisbar en, por citar una de las tres entregas, ‘El caballero oscuro’ (‘The Dark Knight’, 2010). Ahora bien, lo que está muy claro es que, si hay algo que nunca volverá a aparecer en cualquier futura encarnación de Batman, eso es el Bat-repelente de tiburones.

Del ‘Detective Comics’ #27 al 327

Batman comic 1

El éxito que Superman había cosechado desde su aparición en el número 1 de ‘Action Comics’ había llevado a National Publications —la futura DC— a comenzar a reclamar otros personajes con poderes con los que seguir atrayendo a los lectores de finales de los años treinta. Respondiendo a dicha llamada, Bob Kane creó “the Bat-Man” con un diseño inicial que, gracias a la intervención de Bill Finger, terminaría adoptando el autendo que el personaje mostró en el ‘Detective Comics’ número 27, un ejemplar que con fecha de mayo de 1939, daba el pistoletazo de salida a la historia del hombre murciélago.

Desde entonces, miles han sido los cómics en los que Batman ha tenido protagonismo, ya en solitario, ya compartiendo cabeceras con Superman a partir de 1940 en ‘World’s Finest’ o la Liga de la Justicia en 1960 en ‘The Brave and the Bold’. Y precisamente sería en la década que arrancaba con su incorporación a las filas del supergrupo de DC —ese que supuestamente no vamos a tardar mucho en ver en la gran pantalla— cuando la editorial estuvo a punto de cancelar a uno de sus personajes insignia.

Batman comic 2

Allá por 1964, las ventas de los títulos de Batman habían caído en picado y, aunque drástica, a las mentes pensantes de la editorial no les cabía otra solución que “matar a Batman de una vez por todas”. Pero antes de tan dramática decisión, DC contrató los servicios del legendario Julius Swarchtz, un editor que tuvo clarísimo que Batman tenía que adaptarse a los tiempos, volviendo a relatos de corte más detectivesco y cambiando por completo de aspecto.

Y así fue como, en el número 327 de la colección, y junto a Carmine Infantino, uno de los artistas más influyentes de su época, Batman se presentó renovado, con un traje ligeramente diferente y ciertos cambios relativos a los secundarios de siempre de la colección —Alfred, por ejemplo, fallecía momentáneamente— que se hicieron aún más evidentes con la amplia influencia que ejerció en las páginas de la colección el arranque en 1966 de la serie de televisión producida por la Fox.

‘Batman’, delirio camp

Batman TV

Siempre que se habla de la serie de ‘Batman’, se utiliza el adjetivo anglosajón camp. Traducido directamente como irónico — o exagerado en su variación campy— el epíteto sólo empieza a cubrir todo aquello que la serie ofrece a aquellos que se acercan a ella, dejándose completar por otros como cartoony, en clara referencia al carácter de dibujo animado que tienen sus personajes o kitsch, una extravagante combinación de valores que, evidentemente, importaba muy poco a sus creadores.

Pero antes de que la serie lograra ponerse en pie, la idea inicial de William Dozier, el productor de la película que hoy nos ocupa, era filmar una cinta que generara el interés suficiente en como para sufragar los gastos de producción del formato televisivo. Con la intención de que la misma estuviera en los cines mientras la primera temporada de la serie se rodaba, la 20th Century Fox consideró demasiado arriesgado cubrir los costes de una cinta de la que no se sabía muy bien cuál sería su resultado en taquilla, mientras que, financiando la serie de televisión, sólo tendrían que aportar la mitad del presupuesto.

Batman 1

Esa y no otra fue la razón por la que, antes de tener un filme de ‘Batman’ (id, Leslie H. Martinson en la gran pantalla, hubo una primera temporada de una serie que rompió moldes con su desenfadado y exagerado tono, sus acartonados personajes y arquetípicos villanos, esas onomatopeyas que saltaban a la cara del telespectador sobreimpresas en el tubo catódico, y las reiterativas tramas que hacían de cada episodio una constante reformulación de las mismas estructuras.

Terminada con gran éxito la proyección en la caja tonta de los primeros 34 episodios de la serie —la cabecera se emitía dos veces por semana, de ahí que las tres temporadas que estuvo en antena sumaran 120 capítulos—, la Fox consideró que la viabilidad de ‘Batman’ era un hecho probado, y dio luz verde a un rodaje que tuvo lugar entre finales de abril y finales de mayo de 1966 contando con un presupuesto que no llegaba al millón y medio de dólares.

Batman 4

Con casi los mismos intérpretes que encarnaban a los personajes en televisión, al frente de ‘Batman’ encontramos a Adam West y Burt Ward como el hombre murciélago y su fiel compañero Robin, dos actores a los que los tres años en la serie marcarían de por vida, dejándolos encasillados en unos papeles que, y será la última vez que lo afirme en lo que queda de texto, llevan el ridículo hasta el paroxismo. Junto a ellos, nombres tan conocidos como los de Burgess Meredith como el Pingüino o César Romero con ese esperpéntico maquillaje del Joker que, a propósito —no cabe duda— dejaba ver el bigotazo del actor.

El único cambio relevante entre la cinta y la serie lo encontramos en el personaje de Catwoman, una villana que en la televisión había sido encarnada por la mítica Julie Newmar pero que aquí encontramos con el atractivo rostro de Lee Meriwether, ex-Miss América que interpretaría con “purr-fección” a la ladrona que, afiliada con el Pingüino, el Joker y el Acertijo, pretenden poner el mundo patas arriba con un terrible plan: deshidratar a los representantes de las mayores potencias del mundo en las Naciones Unidas para así chantajear a sus respectivos países (sic).

Batman 3

Entroncando a la perfección con lo que la serie solía desarrollar, ‘Batman’ no es más que un capítulo muy alargado de la misma, prolongando los 25 minutos de que constaba su alternativa bi-semanal hasta 104 minutos que, dependiendo del talante del espectador, son una auténtica prueba de resistencia, con momentos como el del citado Bat-repelente de tiburones —atención a la foto que encabeza este párrafo—, la desopilante y alocada carrera de Batman por los muelles llevando una bomba sobre su cabeza o, en general, todos y cada uno de los planos en los que se nos muestra la bat-cueva, con todos sus cachivaches perfectamente etiquetados.

Si la serie ya lo dejaba muy claro, la cinta no arroja ninguna duda al respecto, ‘Batman’ no puede ser tomada en serio en ningún momento y en su análisis no se pueden aplicar los mismos esquemas y patrones por los que uno mediría cualquier producción cinematográfica “normal”. Decir que la dirección de Martinson brilla por su ausencia, que el guión es un cúmulo de lugares comunes y de escenas puestas al servicio de los bat-cacharros y las poses revestidas de gravedad de West y Ward, que los villanos son de todo menos temibles, que las peleas entre los héroes y sus enemigos no podrían ser menos creíbles y que la trama central es absurda de principio a fin sería caer en la mera enumeración de evidencias que no ayuda en absoluto a valorar la cinta.

La aceptación de todo lo anterior como el cúmulo de decisiones plenamente conscientes por parte de los responsables del filme que es, hace del visionado de ‘Batman’ un divertimento descerebrado al que nada se le puede exigir más allá de suponer el fiel reflejo de una época que, afortunadamente para muchos —esos serios “nolanitas” que se cuentan por legiones—, pasó a mejor vida hace muchas décadas y que, para otros, entre los que me cuento, siempre quedará en la memoria como parte del complejo legado de uno de los mejores personajes que ha visto la luz en viñetas y, por qué no, en 24 fotogramas por segundo.

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