Cómic en cine: 'La cosa del pantano', de Wes Craven

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La cosa del pantano cartel

Los ochenta habían empezado de forma inmejorable para DC en lo que al séptimo arte se refiere. Con la estela del enorme éxito que fue el ‘Superman‘ (id, 1978) de Richard Donner perpetuada con la segunda entrega de las aventuras del hombre de acero, todo presagiaba que la década iba a dar buenos frutos en lo que a la interacción entre cómic y cine se refería. Y de hecho, si sólo atendiéramos a lo que pudimos ver al comienzo y al final de aquellos maravillosos diez años, con el ‘Batman’ (id, 1989) de Tim Burton dando cierre a los mismos, podría parecer que la totalidad de aquello que se sembró en celuloide terminó germinando en excelsos frutos.

Pero esa percepción no podría estar más equivocada. Como ya vimos en su momento cuando atendimos a la saga del último hijo de Krypton, ‘Superman II’ (id, Richard Lester, 1980) fue la última cinta medianamente aceptable de la tetralogía inicial y, al margen de los esperpentos que siguieron al enfrentamiento de Kal-El con los criminales de su planeta natal, lo que podemos encontrar —al menos en el mercado estadounidense, harina de otro costal será el nipón— en las adaptaciones de cómic a la gran pantalla se mueve, como ya iremos viendo en las próximas dos semanas, entre lo simpático y lo infumable.

‘La cosa del pantano’, el cómic

La cosa del pantano comic

No tenía un título para el cómic, y me refería a él como “esa cosa del pantano en la que estoy trabajando”. ¡Y así fue como le puse nombre!

Len Wein

A bordo de un metro en Queens. Así fue como se le ocurrió a Len Wein la idea de un personaje que terminaría por convertirse en uno de los mayores emblemas del sello Vertigo de DC —destinado a títulos más adultos—. Pero allá por principios de los setenta, Vertigo aún no existía y ‘La cosa del pantano’, que aparecería por primera vez en la clásica ‘House of Secrets’, sería recibida con entusiasmo, dando lugar a la aparición de su propia serie en 1971, una cabecera de gran éxito que, leída con avidez por la chavalería de la época, narraba las aventuras de este ser vegetal que no es más que un científico llamado Alec Holland transformado por un fatídico accidente.

Responsable también del éxito que ‘La cosa del pantano’ consiguió durante su primera andadura fue el mítico artista Bernie Wrightson, un nombre que siempre estará asociado al cómic de terror —cualquiera de sus páginas para ‘Eerie’ o ‘Creepy’ son dignas de admiración— y que aquí desarrollaba un trabajo genial en los diez primeros números de la serie para ser sustituido después por los hábiles lápices de Nestor Redondo.

Pero si hay una etapa de la colección que siempre será recordada como el pináculo de la misma y uno de los mejores momentos del cómic americano en los años ochenta, esa es la que llevó a Alan Moore a guionizar la serie en su segundo volumen a partir de 1984: reiniciada para acompañar al estreno del filme que hoy nos ocupa y retitulada como ‘Saga of the Swamp Thing’, los tres años que Alan Moore estuvo al frente de la primera serie que se libraba del sello del Comics Code Authority cambiaron por completo la definición del personaje, introduciendo el guionista de Northampton toda una corriente de ideas filosóficas y existencialistas en el monstruo verdoso que marcarían para siempre su posterior devenir.

‘La cosa del pantano’, un “superhéroe” inusual

La cosa del pantano 1

Pero cuando en 1982 Wes Craven estrena ‘La cosa del pantano’ (‘Swamp Thing’), todavía quedan dos años para que el afamado y polémico guionista inglés se haga cargo del personaje, y éste, que no ha tenido presencia editorial desde que el primer volumen finalizara en 1976, sólo cuenta con aquéllos veinticuatro números iniciales como base sobre la que construir el guión que escribirá el propio realizador. Un guión funcional que irá al grano y que no tratará de innovar en exceso sobre el escueto tejido de la mitología del protagonista.

Así, la historia de ‘La cosa del pantano’ comienza presentándonos a Alice Cable, una agente del gobierno que se traslada a los pantanos de Lousiana para seguir de cerca la investigación que está llevando a cabo Alec Holland sobre una sustancia que permitiría a las plantas sobrevivir en climas extremos. Pero la llegada de Alice —un personaje que es mezcla de dos del cómic original, el agente Matthew Cable y Abby Holland, esposa de Alec—, vendrá seguida del ataque de un grupo paramilitar al campamento en el que se desarrollan los experimentos de Holland dirigido por el Doctor Anton Arcane, un hombre obsesionado por la inmortalidad que quiere para sí la revolucionaria fórmula ideada por su “colega”.

La cosa del pantano 2

(De aquí hasta el final, pequeños spoilers) Convertido en monstruo en virtud de dicho ataque, el doctor Holland —de humano en la piel de Ray Wise, de monstruo con el maquillado rostro de Dick Durock— intentará por todos los medios defender a Alice, de la que se enamoró cuando todavía era humano, al tiempo que trata de acabar con las fuerzas de Arcane, un engañosamente melifluo Louis Jourdan que en sus pocos momentos en pantalla se alza como lo mejor en el terreno interpretativo de la función, disfrutando con ese acartonado villano que le ha tocado en suerte interpretar.

Como decía más arriba, la historia de ‘La cosa del pantano’ va al grano, y tras una escuetísima presentación de personajes —presentación inexistente en muchos casos, apoyándose los mismos en ajados arquetipos— el hilo de la trama se centra en mostrar al monstruo luchando contra unos mercenarios “del tebeo” mientras Alice —la siempre enérgica Adrienne Barbeau— trata por su parte de combatir las mismas fuerzas, resolviendo Craven de forma poco convincente la dualidad entre heroína y damsel in distress que confluye en la fémina.

La cosa del pantano 4

De presupuesto limitado —la producción contó con unos fondos que rondaron los 3 millones de dólares—, la clara vocación de serie B de los años cincuenta que atesora el filme es algo que queda evidenciado desde el primer momento en que vemos a ese “tipo con pijama verde” que es “la Cosa” y, sobre todo, cuando observamos con ojos como platos —y algo de vergüenza ajena, claro está— el duelo final entre Holland y aquello en lo que se convierte Arcane…esperpéntico es decir poco.

Y así podría seguir casi ad infinitum, derribando punto por punto las muchísimas carencias que tiene la cinta de Craven —y no me hagáis hablar de la dirección, o de las cortinillas de transición entre escenas— pero, como suele pasar de cuando en cuando, al finalizar el visionado, la sensación que queda no es sorprendentemente, de haber asistido a un espectáculo dantesco, infumable y olvidable de principio a fin.

Por contra, la impresión que deja ‘La cosa del pantano’ es la de haberse asomado a una cinta “con monstruo” que saca todo el partido que puede de sus potenciales y hace que, en última instancia, valoremos que los actores nunca estén horrendos, que la acción no decaiga y no deje tiempo para pensar en la parquedad con la que está definida y que ese famoso y censurado plano de los pechos de Barbeau —más gratuito imposible— sea la inesperada guinda que corona un pastel que con ingredientes de segunda consigue dejar satisfecho al espectador. Y eso es algo que no pueden decir ni su horrenda secuela —con una jovenzuela Heather Locklear—, ni las tres temporadas de su olvidada serie de televisión ni los cinco episodios que llegaron a emitirse antes de su cancelación de una cabecera de animación para la caja tonta.

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