Cómic en cine: 'Superman and the Mole Men', de Lee Shoem

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Superman and the mole men cartel

Antes de que internet ardiera por las antitéticas posturas con respecto a ‘El hombre de acero’ (‘Man of steel’, Zack Snyder, 2013). Antes de que Bryan Singer hiciera renacer al último hijo de Krypton tras casi veinte años sin verlo en la gran pantalla. Antes de que Christopher Reeve se enfundara el traje rojo y azul por última vez. Antes de que Richard Donner diera una lección de cómo se tenía que trasladar un superhéroe al celuloide. Antes de todo eso, existió ‘Superman and the mole men’ (id, Lee Sholem, 1951). Pero si queremos ser precisos en este arranque de “Cómic en cine”, hay que afirmar que la cinta con George Reeves no fue ni de lejos la primera vez que el séptimo arte buscaba en el noveno su fuente de inspiración.

Prolegómenos

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Tanto es así que habría que remontarse cinco décadas atrás en el tiempo, a 1911, para empezar a ver los primeros acercamientos firmes entre celuloide y viñetas de la mano de unos cortos que Al Christie, pionero canadiense del cine, realizaría sobre ‘Mutt and Jeff’, una popular y longeva —de 1907 a 1928— tira norteamericana considerada comúnmente como el primer daily de la historia del cómic.

De hecho, teniendo en cuenta que el comic-book —lo que aquí siempre hemos denominado como grapa— no nace hasta mediados-finales de los años treinta, resulta comprensible que un repaso somero a lo que fueron las adaptaciones antes de dicho momento, y lo que seguirían siendo durante casi cuatro décadas, nos devuelva constantemente títulos de tiras de periódico como el sustrato sobre el que se desarrolló la práctica totalidad de la traslación del tebeo al cine.

Entre ellos, podemos encontrar nombres como ‘Litle Orphan Annie’, el personaje que llevaría John Huston al cine en ‘Annie’ (id, 1982), ‘Joe Palooka’, la famosísima ‘Li’l Abner’ de Al Capp, el ‘Jungle Jim’ (id, William Berke, 1948) que protagonizó Johnny Weissmuller o los seriales que sirvieron para trasladar a la gran pantalla al ‘Flash Gordon’ de Alex Raymond, al ‘Capitán Marvel’ de C.C.Beck y Bill Parker o, cómo no, al ‘Superman’ de Jerry Siegel y Joe Shuster.

El superhéroe por excelencia

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La historia de cómo se creó Superman ha sido tantas veces contadas que una búsqueda rápida por Google os devolverá muchísimos más datos de los que yo podría aportar aquí. Nacido de la imaginación de dos hijos de inmigrantes judíos, huelga decir, y más con lo muchísimo que ha llegado a analizarse a tan icónica figura, que Superman se convirtió, tras su aparición en el codiciadísimo ‘Action Comics #1’, en ficticio adalid de la verdad y la justicia y paulatina personificación del modo de vida americano.

El éxito del personaje fue tan rápido y de tal magnitud que un año después de su primera aparición ya contaba con una tira de prensa que se mantendría en publicación hasta 1966, a la que siguieron el inevitable serial radiofónico en 1940, la magnífica serie de animación que los estudios de Max Fleischer produjeron entre 1941 y 1943 —que se encuentran recogidos de forma íntegra en la antología en Blu-ray con la saga cinematográfica del personaje—, el serial para cines de quince episodios que protagonizó Kirk Alyn en 1948 y, por último, el filme que hoy nos ocupa, vehículo ideado para que se diera luz verde a la serie de ‘Las aventuras de Superman’ (‘Adventures of Superman’, 1952-1958) que tantísimo éxito cosechó durante los años cincuenta en Estados Unidos.

¿Y Superman? ¿Dónde está Superman?

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Como pasa muchas veces, la historia que rodea a ‘Superman and the mole men’ es bastante más interesante que la película en sí. Filmada en 12 días en un plató exterior, los responsables de la cinta decidieron no contar con Kirk Alyn para volver a encarnar a la dualidad Clark Kent/Superman, decantándose por George Reeves, actor que había comenzado su carrera como uno de los pelirrojos pretendientes de Escarlata O’Hara en ‘Lo que el viento se llevó’ (‘Gone With the Wind’, Victor Fleming, 1938) y que se haría famoso gracias a su posterior intervención en la serie de televisión de Superman.

Acompañado por un elenco de intérpretes desconocidos que hacen de lo inane el sello que domina toda la función, el único rostro que puede llegar a resultar familiar es el de Phyllis Coates como una sosísima Lois Lane que, con su atuendo de “azafata” y sus recatados modales, no se asemeja en nada a lo que después podremos verle a la propia actriz en la serie de televisión y, por supuesto, al concepto de reportera intrépida con la que casi siempre se la ha descrito en las páginas de los cómics.

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En lo cinematográfico ‘Superman and the mole men’ no es capaz de ofrecer casi nada, y a la dirección de Lee Shoem, plana y funcional y sin ningún atisbo de genio narrativo, se unen un montaje de andar por casa , un diseño de producción cuasi inexistente que tira de los escenarios que ya andaban por el backlot del estudió en el que se llevó a cabo el rodaje y unos efectos visuales a los que casi no cabría definir como tales, llamando poderosamente la atención que de sus cincuenta y ocho minutos de metraje, y siendo una película sobre Superman, éste aparezca tan sólo alrededor de una quinta parte de la proyección.

Pero no todo es olvidable en esta historia en la que Clark y Lois se trasladan a un pequeño pueblo en el que se ha excavado el pozo más profundo que haya existido ya que, en el transcurso del guión, veremos cómo de dicho pozo surgen los hombres topo a los que hace alusión el título y el innecesario estado de alerta que éstos ridículos hombrecillos ataviados con un mono de pelo y una acartonada calva provocan entre los lugareños se hace eco del pánico que por aquél entonces invadía Estados Unidos sobre la amenaza comunista, azuzada como había empezado a estar el año antes con la caza de brujas del senador McCarthy.

Sin datos que puedan darnos una idea de su funcionamiento en taquilla, ‘Superman and the mole men’ queda como una curiosidad para completistas del personaje que, eso sí, consiguió su objetivo primario de ser el pistoletazo de salida para la serie televisiva, en la que terminaría formando parte como el único episodio doble de la misma cambiando su título por el más genérico de ‘The Unknown People’, y eliminándose en su paso por la caja tonta, alguna que otra escena, el score y, por supuesto, toda referencia hablada a los “hombres topo”.

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