'Con Air (Convictos en el aire)', el héroe improbable

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Imagen con el cartel de 'Con Air'

Nicolas Cage se ha convertido en una broma andante en los últimos años, llegando a tal punto que ya prácticamente no tiene gracia el reírse de su desgracia. Y es que raro es el mes en el que se nombre no se asocie a algún proyecto de interés dudoso, por lo general dando vida a un hombre que ha de hacer lo que sea con tal de reencontrarse con su familia – o salvarla- . Sin embargo, Cage gozó de varios años de gloria tras ganar un Oscar por su trabajo en ‘Leaving Las Vegas’ (Mike Figgis, 1995), algo que aprovechó para convertirse en improbable héroe de acción en un trío de películas. ‘La roca‘ (The Rock, Michael Bay, 1996) y ‘Cara a cara‘ (Face / Off, John Woo, 1997) suelen reivindicarse de vez en cuando – más la primera que la segunda-, pero ahora me gustaría recuperar ‘Con Air (Convictos en el aire)‘, inusual relato de acción con el que Simon West, que este pasado verano estrenó la divertidísima ‘Los mercenarios 2‘ (The Expendables 2), debutó en la dirección en 1997.

Dejando de lado que posiblemente sea la primera película en la que Cage usó un pelucón para disimular su incipiente alopecia, ‘Con Air (Convictos en el aire)’ es también su trabajo más conseguido en el que tiene que enfrentarse a una delirante amenaza para reencontrarse con su esposa (intrascendente Monica Potter) e hija. La primera y gran diferencia es que aquí tiene bastante peso el humor, ya sea de forma directa – todo lo relacionado con el conejito- o echando mano de breves incisos para hacer chistes que no tienen problemas en tocar detalles macabros – un cadáver cayendo sobre un coche en el que su dueño se había molestado antes por una tontería-, apuntes relativamente amorales – la secuencia final- o simplemente cebándose un poco con el personaje interpretado por Colm Meaney. Algo habitual en las producciones de Jerry Bruckheimer de la época, es una cuestión muy personal que resulte gracioso o parezca propia de una simple mamarrachada, pero ello como concepto ya es un acierto que ayuda a evitar los excesos de dramatismo de baratillo.

Nicolas Cage orgásmico

La construcción del guión por parte de Scott Rosenberg muestra un duro contraste entre sus intentos de saltarse la narrativa convencional de este tipo de relato y los cansinos tópicos que impiden que todo funcione con relativa naturalidad. La inclusión del personaje de un eficiente John Cusack y las pesquisas policiales – todos unos incompetentes menos él- es una especie de hiato en la acción que sirve para reforzar a Cage como héroe a su pesar, pero acapara mucho más metraje del habitual, peaje a pagar para que los buenos actores contratados no acaben siendo meras anécdotas. Sin embargo, la rivalidad entre Cusack y Meaney y los desesperados intentos del primero por ejercer como intermediario que traslade la información que tiene el espectador a sus colegas funciona, siendo otros detalles de la línea argumental central los que hacen aguas y chocan frontalmente con el tono casi festivo del resto.

En un mismo avión tenemos a peligrosos convictos más listos que nadie y otros personajes mucho menos interesantes. Cage salva el protagonista echando mano del innegable carisma que tenía por aquel entonces, mostrando cierta versatilidad sin recurrir a sus excesos habituales – mítico, eso sí, el momento cura salido al principio de ‘Cara a cara’- y por los simpáticos apuntes del guión – lo del conejito es casi legendario- para que no sea otro héroe aburrido sin nada distintivo. Sin embargo, la cosa se complica cuando echamos un vistazo a su íntegro , aburrido y con menos carisma que una piedra amigo de color, encima con una enfermedad que lo va a matar si el plan de los presos malvados sale adelante y una guardia de seguridad que de no ser por Cage habría sido violada en innumerables ocasiones. El primero entra dentro del tópico de amigo afroamericano con buen corazón que lo único que aporta es una sobrecarga dramática sin ningún interés y la segunda, no deja de ser otro simple ancla moral para que Cage no salga pitando en cuanto tiene ocasión, pero el esforzado trabajo de Rachel Ticotin consigue que no resulte tan molesto. Son meras redundancias para que el héroe siga adelante con su empresa, cuando el mero hecho de impedir tal injusticia ya debería ser más que suficiente.

El conejito de 'Con Air'

Pasando ya a los presos, de largo lo más entretenido de la función, tenemos a un John Malkovich en su salsa, con una mezcla de talento y contundentes one-liners para convertir a Cyrus el Virus – estoy convencido de que rima aposta- en un bastardo con gancho, algo clave en toda buena cinta de acción. Además, ‘Con Air (Convictos en el aire)’ cuenta con varios secundarios habituales en aquellos años de producciones de este tipo como un efectivo Danny Trejo como un violento violador o Steve Buscemi dando una muestra de versatilidad como loco desquiciado, ya que su tranquilidad aquí contrasta con el tono más desatado de su trabajo en ‘Armageddon‘ (Michael Bay, 1998), papel que me atrevería a decir que consiguió por su aparición en la cinta que nos ocupa. Por su parte, Simon West acierta al apostar por una puesta en escena funcional, sin dejarse llevar por piruetas visuales innecesarias o innecesarios cambios de plano cada dos segundos. La relativa falta de personalidad de la puesta en escena es fácil de entender como una apuesta por el lucimiento de los actores y de un guión que hoy lo tendría bastante complicado para salir adelante. La pega es cuando hay que hacer grandes despliegues de acción – el último acto-, donde todo se vuelve más aparatoso, peaje habitual a pagar en largometrajes como éste, perdiendo por el camino la atención del espectador.

En definitiva, ‘Con Air (Convictos en el aire)’ está muy lejos de ser una gran película, pero sí funciona a las mil maravillas como entretenimiento por el buen trabajo de sus protagonistas y los no pocos apuntes de un guión que se sale de lo habitual siempre que le es posible. Además, Cage jamás ha estado tan creíble como héroe de acción como aquí y para mí eso , unido a todo lo anterior, ya es más que suficiente para tener un cariño especial a esta muestra de buen cine de acción de los 90.

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