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Imagen con el cartel de 'Jumanji'

Son muchas las películas a las que uno coge un cariño especial durante su infancia por unos motivos u otros, pero no todas ellas resisten igual de bien un revisionado cuando uno ya ha crecido y no es un tierno infante. Hay casos en los que simplemente es una joya de película, otros en los que sólo nuestra inconsciencia juvenil nos hizo disfrutar de dicha película en primer y luego hay casos intermedios como el de ‘Jumanji‘ (Joe Johnston, 1995), vuestra última elección para formar parte del selecto grupo de cintas que han disfrutado de una crítica a la carta.

He de reconocer que no llegué a ver ‘Jumanji’ durante su estreno en cines, donde gozó de un notable éxito, siendo vista por más de dos millones de personas sólo en nuestro país. Dicho éxito llevó a algunos a cines a volver a exhibirla durante el verano de 1996, oportunidad que aproveché para convertirla en una de las primeras películas que vi en una sala de cine que no fuese la de mi pueblo. Lo cierto es que me entretuvo de lo lindo, pero tampoco se convirtió en una película que adorase con locura ni nada por el estilo (algo que sí pasó con el otro título que vi ese mismo día), una sensación que se mantuvo en el único revisionado completo que hice varios años después. Desde entonces, preferí recordarla con cariño para evitar que se me viniera abajo, algo que, por fortuna, sólo se ha producido de forma parcial.

Imagen de Robin Williams en 'Jumanji'

El guión de ‘Jumanji’ fue uno de los puntos más conflictivos de la película, ya que Chris Van Allsburg, autor del prestigioso relato original del que parte ‘Jumanji’, siempre puso muchos peros a la posibilidad de una adaptación cinematográfica, prefiriendo conformarse con los pingües beneficios que estaba obteniendo por la venta de su libro. Sin embargo, Van Allsburg acabó diendo su brazo a torcer cuando le permitieron colaborar en un primer borrador junto a Jim Strain y Greg Taylor, pero las divergencias pronto resurgieron por el empeño del autor en conseguir un guión brillante. Esto se tradujo en que la adaptación acabó pasando por múltiples manos, quedando finalmente acreditados Straing y Taylor junto a Jonathan Hensleigh, también responsable del libreto de otro de los títulos más taquilleros de 1995: ‘Jungla de Cristal: La Venganza‘ (Die hard: With a vengeance, John McTiernan).

El resultado lo anterior fue que la película acabó alejándose muchísimo del original literario, por lo que podría decirse que le salió el tiro por la culata a Van Allsburg. De esto esto se podría esperar que la presencia de Robin Williams se potenciara al máximo, política habitual en las producciones que cuenta con una gran estrella – Williams lo era por aquel entonces-, pero lo cierto es que tarda prácticamente 30 minutos – casi un tercio del metraje- en aparecer por primera vez. Esto es el resultado de un primer acto algo alargado que, tras un prometedor prólogo para introducir el misticismo del juego, se ve obligado a introducirnos en dos historias diferentes que acaban colisionando una vez Williams aparece en pantalla. Este punto, necesario para que los protagonistas sean más que meras marionetas sin alma, entorpece el ritmo de la película, ya que lo que una cinta como ‘Jumanji’ demanda es que sus personajes sean introducidos con agilidad para dar el salto a la aventura que el público está deseando ver.

Jugando a Jumanji

Una de las principales pegas del comienzo es gran parte de la historia que rodea al personaje de Alan, pues tanto su displicente padre como el trabajador de color de éste son más una molestia que una ayuda para el conveniente desarrollo de la historia. La relación con el primero sí que gana cierto peso cuando aparece el cazador de la jungla, ya que el hecho de estar interpretado ambos por Jonathan Hyde es obvio que no va más allá del mero capricho y de ahorrarse el sueldo de otro actor, pues va relacionado a la maduración personal del protagonista, pero tampoco es algo que tenga la suficiente fuerza, habiendo sido preferible que el cazador fuera poco más que una mosca cojonera más de Jumanji. Peor suerte corre el interpretado por David Alan Grier, anodino en el primer acto y molesto durante el resto del tiempo, ya que el guión lo confina a ser un secundario cómico de la peor calaña.

La partida de Jumanji y la imprevisibilidad de lo que va a salir del tablero es, de lejos, el aspecto más interesante de la función, ya que la aleatoriedad de la misma, algo criticable en la mayoría de casos, se convierte en su principal razón de ser, consiguiedo atrapar la atención y las ganas de aventura del espectador, por lo que Joe Johnston decide no entrometerse demasiado a través de su sencillo pero acertado trabajo en la puesta en escena. Además, Robin Williams sorprende con una composición en la que no abusa de su capacidad expresiva, dejando para ellas casi el mismo espacio que a unos esfuerzos dramáticos – el choque con la realidad cuando regresa del juego o el reencuentro con una meramente correcta Bonnie Hunt- cada vez menos habituales en producciones como ‘Jumanji’. Más del montón y perfectamente sustituibles son los dos chavales, siendo ‘Jumanji’ una mera estación de paso en el crecimiento de la carrera de Kirsten Dunst y una oportunidad de oro para Bradley Pierce, quien ficharía poco después por ‘Los Borrowers’ (The Borrowers, Peter Hewitt, 1997) antes de centrar su carrera en el doblaje de personajes de producciones animadas.

Imagen con el tablero de Jumanji

Los efectos especiales de ‘Jumanji’ fueron una de la cosa más llamativa en la época de su estreno, y vista hoy en día es algo que no llego a explicarme. Es cierto que en 1995 aún no eran tan habituales los excesos visuales para tapar las carencias de guión, pero sí que habíamos podido ver que cintas como ‘Terminator 2: El juicio final‘ (Terminator 2: Judgment day, James Cameron, 1991) o ‘Parque Jurásico‘ (Jurassic Park, Steven Spielberg, 1993) creaban momentos que aún hoy perduran en nuestra memoria. Ése no es el caso de ‘Jumanji’, ya que la película pierde mucha efectividad en cuanto los efectos del juego de mesa cobran protagonismo, en especial en lo concerniente a sus traviesos monos (un recurso cómico habitual, pero, como suele ser también habitual, mal conseguido aquí), que actualmente casi duelen a la vista. Esa sensación de cutrerío visual no resulta tan agudizada en el resto de casos, pero uno siempre es consciente de estar presenciando un truco óptico resuelto con escasa pericia.

El desenlace, presente de forma similar en el relato de Van Allsburg, nos deja claro que Sony estaba muy por la labor de rodar una segunda entrega, proyecto que fue aplazándose hasta caer finalmente en el olvido. Muchos quisieron ver en ‘Zathura. Una Aventura Espacial‘ (Zathura: A space adventure, Jon Favreau, 2005) una secuela de ‘Jumanji’ tanto por sus similitudes argumentales como el hecho de estar basada en otro relato de Van Allsburg, pero todos los implicados en el proyecto hicieron cuanto estuvo en su mano para negar tal asociación o relativizarla lo máximo posible. Quizá acabaron arrepentidos cuando terminó convirtiéndose en un fracaso económico al no conseguir recaudar tan siquiera los 65 millones de dólares que costó. Eso sí, Sony no se rinde con ‘Jumanji’ y este pasado verano anunciaron que ya están trabajando en un reboot de la misma, una idea que no me resulta tan desagradable después de haber completado este revisionado.

Imagen de la película 'Jumanji'

En definitiva, ‘Jumanji’ es una película sobre la que pesa mucho el paso de los años en su acabado visual, uno de sus puntos fuertes cuando se estrenó en 1995. Por lo demás, la sensación de aventura funciona siempre y cuando es la propia partida la que gana protagonismo y no aspectos de dudoso interés como los monos dañinos a la vista o el policía de color, agradeciéndose también que haya espacio para apuntes trágicos o que Robin Williams modere los excesos expresivos de los que hacía gala en aquella época. Vamos, un aceptable entretenimiento, pero lejos de ser digna de hablarse de ella como una mítica cinta de corte familiar.

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