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‘Killer Joe’ (William Friedkin, 2011) se ha exhibido en Venecia y Sitges, sendos festivales de prestigio, y en nuestras carteleras sigue virgen. Quizá por eso, y también porque es una película ya disponible en toda clase de formatos, la habéis pedido en esta santa sección que os alegra cada semana. Y me encanta que me haya tocado a mí en concreto, no porque el film me parezca grandioso, que no lo es, sino por su personaje central, el tal Joe, que además de policía es un asesino —en la vida real ambas profesiones hasta pueden ir unidas—, con unos códigos morales de lo más curioso y misterioso. Un personaje caramelo que logra arrancar de Matthew McConaughey una de sus más sentidas interpretaciones, merecedora de varios premios, ya sean Oscars o cupones del supermercado.

La película es la última dirigida hasta la fecha por el siempre interesante William Friedkin, uno de esos realizadores de la generación de la televisión, pero de la de los años 60, y cuyo salto al cine al lado de otro compañeros como Sidney Lumet, Arthur Penn o John Frankenheimer fue realmente ejemplar, revolucionando el medio de una forma que hoy día no se da por mucho que nombres como J.J. Abrams y el mediocre de Damon Lindelof, entre otros, hayan hecho creer lo contrario. Títulos como ‘Contra el imperio de la droga’ (‘French Connection’, 1971) o ‘El exorcista’ (‘The Exorcist’, 1973) forman parte de la memoria popular, aunque entre ellas y ‘Killer Joe’ hay una especie de insondable abismo, y esto tampoco quiere decir que nos encontremos con un mal film.

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Lo que está claro es que la trayectoria de Friedkin ha sido de lo más irregular a pesar de unos pocos títulos geniales, teniendo su punto más bajo durante la década de los noventa, en la que el realizador poco menos que firmaba bodrios. A principios de la década pasada se recuperó y sus películas contenían cierto sabor clásico, hasta que poco después cambió completamente de tercio. ‘Bug’ (2006), film también inédito en nuestras pantallas, es una de las rarezas más extravagantes y desquiciantes que he visto en el cine actual, sorprendente al venir de alguien como Friedkin. Dicho film está basado en una obra de Tracy Letts, de quien Friedkin ha vuelto a tomar material para ‘Killer Joe’, un thriller tan salvajemente entretenido como desequilibrado, quien sabe si intencionadamente, jugando con la tradición del género.

(From here to the end, Spoilers) Chris Smith —un Emile Hirsch pasado de rosca poniendo en evidencia sus limitaciones como actor dramático— se ha metido en un buen lío, debe una importante suma de dinero, y al chico no se le ocurre otra cosa que tramar un plan para asesinar a su madre, con la que ya no mantienen una buena relación ni él ni su hermana ni su padre. Tras la muerte, la hermana de Chris, Dottie —una virginal Juno Temple— recibirá el dinero del seguro, 50.000 dólares, a repartir entre ellos y Joe, el encargado del trabajo sucio. Joe no es sólo un asesino, también es un policía, lo que le hace doblemente peligroso, pero las cosas no serán tan fáciles como parecen en un principio, pues en todo Film Noir que se precie, y sin duda ‘Killer Joe’ lo es —algunos hablan de una mezcla entre Jim Thompson y Tarantino—, las cosas nunca son lo que parecen, y las sorpresas están al doblar la esquina, sobre todo cuando se trata de una buena cantidad de dinero.

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Los tresdos primeros tercios de la película discurren por caminos más o menos trillados, sin que esto suene peyorativo; personajes marginales, algunos insoportables por no saber aceptar su condición de perdedores, otros entrañables por su excelsa estupidez —Thomas Haden Church en un personaje difícil y complejo aunque no lo parezca—, y una trama sencilla en la que tal vez nos adelantemos a sus giros, muy típicos del cine negro, pero que a Friedkin le sirve para realizar un terrible retrato del ser humano, en el que apenas hay sitio para la bondad, la compasión o incluso el amor. Ni hombres ni mujeres quedan bien parados en un relato que alcanza dimensiones de pesadilla —algo parecido hacía en ‘Bug’, film a mi juicio menos conseguido que este— cuando Joe toma las riendas de todo.

Y si en su estructura el film falla en ofrecernos una completa visión de Joe —hay escenas que no vienen a cuento, mostrando al personaje sin hacer nada, y otras en las que nos falta información—, Friedkin se redime en un tramo final lleno de sangre y una violencia muy física y explícita, donde gracias a la soberbia performance de McConaughey no sabemos qué va a pasar. Durante todo el film hemos presenciado a un Joe totalmente imprevisible, capaz de todo y con una violencia contenida que realmente asusta. El mencionado tramo final es toda una prueba para estómagos fuertes, el marcado crescendo y el animal interpretativo en el que se convierte McConaughey se adueñan de un conjunto en el que no faltan disparos a bocajarro, palizas de muerte y una metafórica felación de larga duración con una pata de pollo, que puede incomodar a más de uno por su implícita violencia, realizada además por una madura con un morbazo alucinante —quien tuvo retuvo—, Gina Gershon.

Atención al plano final —algo parecido en intenciones al último plano de ‘Origen’ (‘Inception’, Christopher Nolan, 2010), para entendernos— en el que Dottie parece tomar una drástica decisión. A mi juicio, aunque le resta puntos la sensación de inacabada que transmite, de lo más inteligente del film. Dottie va a ser madre, o eso dice, y va a traer a su bebé a un mundo gobernado por tontos y machistas. No puede permitirlo o su triste historia se repetirá. Queda cierto regusto de insatisfacción, pero el personaje de Joe se graba en la memoria. ¿A cuántos nos gustaría contratarle para que se encargue de unos cuantos banqueros o políticos? Tendría que llevar muchas patas de pollo pero el espectáculo sería extraordinario.

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