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La milla verde con Michael Clarke Duncan

El reciente fallecimiento del grandullón Michael Clarke Duncan ha servido para ‘La milla verde’ encuentre su hueco en esta sección de críticas a la carta. Una película dirigida en 1999 por Frank Darabont y en la que volvía a repetir adaptación de obra literaria de Stephen King y con misma temática carcelaria.

Tras ‘Cadena Perpetua’ quedó claro que Darabont sabe leer muy bien a Stephen King y trasladar su lenguaje literaria a la gran pantalla con notable resultado. En ‘La milla verde’, sin miedo a repetirse en tópicos y con valentía, Darabont, todo un artesano de Hollywood, adapta la obra por entregas del escritor, sabiendo mantener el espíritu original y elevando el resultado.

Con todo, confieso que nunca he sentido una especial predilección por este film. Me emocioné mucho más con ‘Cadena perpetua’ y con esta historia que mezcla melancolía, drama con toques fantásticos me resultó (y me ha vuelto a pasar en su revisionado para esta crítica) de menor calado.

El buen hacer de Frank Darabont en ‘La milla verde’

La milla verde con Tom Hanks

No se puede negar que el buen hacer de Frank Darabont se aprecia en todo el film. Una buena dirección de actores (aunque a veces cueste cree a un excesivo Tom Hanks en las escenas de dificultades urinarias), con un excelente reparto, una magnífica puesta en escena (de lo más brillante del film) que la convierten en una de esas películas que tanto gustan a la academicismo hollywoodiense. Sin olvidar lo mucho que ayuda la cuidada dirección de producción, detallista y brillante que ayuda bastante al empaque perfeccionista que destila la película.

La historia de ese pasillo verde es un drama carcelario con reclusos condenados a muerte y sus vigilantes, unos guardias de buen corazón, buenas personas, familiares que ejercen su trabajo con frialdad, profesionalidad y máximo respecto a los presos, tratados con gran humanidad. Aquí el trabajo de Darabont es brillante en el retrato de los guardias en la cárcel, detallando su rutina y sacando ese lado amable y sentimental en una tarea dura que se tiene que enfrentar con la muerte.

Michael Clarke Duncan y su mágico John Coffey

En ese retrato destaca el personaje de John Coffey, el interpretado por el recién fallecido Michael Clarke Duncan, que consigue aflorar aún más ese lado sensible del corazón de los guardias. En especial el del papel de Tom Hanks. El personaje, del que no se tiene antedecentes, del que apenas conocemos nada, aparece rodeado de misterio, de ternuna, de cierto magia que se intuye a pesar de su aspecto de gigante negro.

Clarke Duncan convence a base de mantener el tono de su personaje durante toda la historia, de no buscar el exceso (a pesar de que su blandura y sus lágrimas parezcan excesivas en algunas escenas) y ir tomando más protagonismo conforme avanza la historia, consiguiendo un trabajo brillante.

No podemos decir lo mismo del trabajo de los villanos. Encarnados por un guardián de lo más cretino y un desquiciado preso psicópata. Son los que peor salen parados en el conjunto del reparto. Excesivos, previsibles, planos y sin fuerza. Solo creíbles en momentos en los que se muestran más contenidos.

En cuanto a la narración de Darabont, que se prolonga por más de tres horas, solo cabe decir que se detiene en exceso en las escenas de introducción. Sabe llevar con paciencia al espectador hasta la historia principal, a ese punto sobrenatural y fantástico en el que se cuestiona la bondad y la maldad del ser humano, tema principal del film y que precisamente se sitúa en un contundente lugar donde reflexionar sobre ello: en el pasillo que conduce al terrible final de la pena de muerte en silla eléctrica.

Un cuento mágico

Una vez se ha cogido ritmo, la película mejora notablemente y empezamos a encontrar lo más interesante, esa relación entre el guardián protagonista (Hanks) y el preso “especial”. Que sirve para poner encima de la mesa temas como la enfermedad, el castigo, el destino, el sufrimiento, además, de la muerte, tema principal.

Con todo hay que reconocer que algunos giros del guión resultan forzados, se intentan camuflar algunas trampas tras el tamiz de la dualidad maldad/bondad, pero no siempre es suficiente para convencer plenamente.

Aunque, no me quiero quedar subrayando pequeñas imperfecciones de un film tan correcto, brillante en su puesta en escena, emotivo en algunas excelentes escenas y poderoso en su conclusión. Darabont sabe aderezar el film con los mejores recursos de los clásicos, desde su prólogo y epílogo, que no siendo originales, si ayudan notablemente a narrar este cuento mágico vestido de realista drama carcelario.

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