Críticas a la carta | 'La vida de Brian' ('Monty Python´s Life of Brian')

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Muy bien, pero además de la sanidad, la medicina, la educación, el vino, el orden público, las cañerías, las carreteras, los acueductos y la salud pública, ¡¿qué han hecho los romanos por nosotros?!

La imagen y la cita pertenecen a una de las escenas más desternillantes y recordadas de ‘La vida de Brian’ (‘Life of Brian’ o ‘Monty Python´s Life of Brian’, 1979), la tercera y quizá la más famosa película de los inimitables (a pesar de los muchos intentos) Monty Python. Cumpliendo con la petición más votada en la última “crítica a la carta”, he vuelto a ver esta disparatada comedia después de bastantes años, y aunque no me ha provocado tantas carcajadas como la última vez, debo decir que durante una hora y media pude desconectar de todo, no dejé de sonreír en ningún momento y me sentí contagiado del buen humor de la cinta, resultando irresistible no acabar tarareando (por lo menos) el famoso ‘Always Look on the Bright Side of Life’. Como suele ocurrir con los cómicos que saltan al cine, los británicos cometen el error de subrayar, extender y repetir sus bromas, lo que llega a cansar si ya sabes todo lo que pasa (en el primer visionado no se nota tanto), además de confiar en una realización algo torpe, que empequeñece la calidad de la obra.

Como se indica en el título, la película gira en torno a Brian Cohen, nacido el mismo día y prácticamente en el mismo sitio (la casa de al lado) que Jesús de Nazaret. Treinta y tres años después, Brian se une a una organización contraria a la ocupación romana de Judea (podría hacerse un remake ambientado en Iraq) y tras una serie de acontecimientos llega a ser tomado por equivocación como el salvador del pueblo judío, lo que le ocasiona, digamos, un pequeño problema con las autoridades. Según cuentan, la primera idea de los Python era narrar a su manera la historia del propio Jesús, presentándolo como un magnífico carpintero cuya mayor desgracia es ser castigado en una cruz mal construida. En su lugar optaron por desviar el foco de atención a un tipo cualquiera, totalmente mediocre e irrelevante, algo que no impidió las típicas polémicas provocadas por el fanatismo, pero que sin duda fue todo un acierto. Sátira de las fervientes creencias religiosas, los movimientos políticos revolucionarios y las grandes películas bíblicas, ‘La vida de Brian’ es una opción ideal para echar unas risas en buena compañía durante las fiestas navideñas que ya están a la vuelta de la esquina.

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Escrita por Terry Jones, Terry Gilliam, Eric Idle, John Cleese, Michael Palin y Graham Chapman, esto es, los Monty Python, la película fue dirigida por Jones, si bien Gilliam tomó la batuta en varias escenas, además de diseñar los escenarios. Su mano se nota en la escena con la que arranca ‘La vida de Brian’, no encaja con el resto de la película, parece sacada de una de las populares superproducciones de Hollywood, con la silueta de los tres Reyes Magos recortando el horizonte y un solemne acompañamiento musical. Con la visita de los reyes de Oriente comienza a gestarse el paródico relato de Brian, a quien da vida Chapman. El prólogo es muy divertido, enfrentando la visión realista con la narración clásica de la historia, y presenta la primera confusión en la que se ve implicado el protagonista, a cuya madre (encarnada por Jones) le entregan en un principio las bolsas de oro, incienso y mirra destinadas al hijo de Dios.

Tras los créditos (que recuerdan a la saga 007), se nos aclara que estamos en el año 33 después de Cristo. Una multitud se reúne en el monte para oír el sermón del mesías, y como sucedería en la vida real (a diferencia del cine, como en las escenas previas a las batallas, donde el orador parece disponer de altavoces que extienden el mensaje a todos los soldados), los que han llegado tarde y están más lejos no se enteran de casi nada, lo que se agrava cuando alguien hace algún comentario, perdiéndose totalmente el hilo del discurso. Allí está Brian, pero tras una (tronchante) disputa originada por el tamaño de la nariz de uno de los asistentes, su madre le convence para marcharse y presenciar una lapidación. De camino al lugar, descubrimos que las mujeres no tienen permitido acudir a las lapidaciones, pero una simple barba postiza basta para camuflarse y poder lanzar piedras al desgraciado de turno; lo más absurdo (y genial) de la situación es que resulta evidente que solo hay mujeres, pero se cubren torpemente entre ellas para poder participar.

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Después de un par de escenas igualmente ingeniosas relacionadas con el poder curativo de Jesús (el antiguo leproso) y el supuesto origen romano de Brian (su padre fue un tal Traviesus Maximus, según su madre), asistimos al primer encuentro del protagonista (en un coliseo donde tiene lugar la lucha de gladiadores más patética, y posiblemente también una de las más realistas, de la historia del cine) con los miembros del Frente Popular de Judea, un grupo radical (en teoría) que conspira contra los romanos; cabe destacar a dos integrantes del movimiento, el hipócrita y cobarde líder, Jeg (al que da vida Cleese), y uno de sus principales consejeros, Stan (Idle), que decide cambiarse de sexo y empezar a ser conocido como Loretta. Convencido de la necesidad de la lucha y enamorado de Judith (Sue Jones-Davies), la única verdadera mujer del grupo, Brian pasa con éxito (y con inesperada ayuda romana) una primera prueba y se mete de lleno en la lucha del Frente Popular, cuyo mayor plan es secuestrar a la mujer de Poncio Pilatos (Palin), quien protagoniza, con su peculiar acento, otros de los momentos más recordados del film al hablar de su buen amigo Pijus Magníficus.

Gracias al apoyo financiero del ex-beatle George Harrison (hace un cameo como el Sr. Papadopoulos), que salvó el proyecto cuando los productores iniciales se echaron atrás debido a las posibles controversias que podría causar el guión, los Monty Python pudieron llevar a cabo su tercer largometraje, tras ‘Se armó la gorda’ (‘And Now for Something Completely Different’, 1971) y ‘Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores’ (‘Monty Python and the Holy Grail’, 1975), filmando en las localizaciones y con los extras de ‘Jesus de Nazaret’ (1977) de Franco Zeffirelli. ‘La vida de Brian’ se convirtió en uno de los mayores éxitos del grupo, y tuvo el honor de ser la producción británica más taquillera de aquel año en Estados Unidos. Su estructura de “sketches” más propia de la televisión que del cine, hace que se note mucho el paso de los minutos, no hay preocupación por el ritmo ni una verdadera trama, es un encadenado de situaciones humorísticas, absurdas, unas (por fortuna, la mayoría) más inspiradas que otras. En conjunto, no creo que pueda considerarse una de las mejores comedias de la historia del cine, pero como dije, para verla entre amigos, y más en las fechas que están por llegar, es una fantástica opción.

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