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Dado que la última película pedida en Críticas a la carta fue la excelente ‘A quemarropa’ (‘Point Blank’, John Boorman, 1967) —a mi parecer un film fascinante, de esos que demuestran que la puesta en escena lo es todo—, era casi previsible el hecho de que la elegida iba a ser su remake, ‘Payback’ (id, Brian Helgeland, 1999), que si no me equivoco tiene un montón de adeptos entre la maravillosa comunidad de Blogdecine. La película tuvo muchos problemas en su postproducción, puesto que Brian Helgeland, que debutaba en la dirección con este largometraje, quería acercarse a la novela original con un producto en cierto modo atípico. Gracias a Richard Donner, Mel Gibson aceptó el papel puesto que quería apartarse un poco de los típicos héroes a los que daba vida, y le apetecía volverse un poco más canalla —sin duda, Gibson es un actor que debería haber explotado más esa faceta—; en cualquier caso el intérprete quedó encantado con el guión y aceptó que Helgeland la dirigiese.

Pero los benditos productores piensan de otra forma, ya no son como antaño, que además de poner dinero para una película sabían de cine. Sin embargo esta vez don dinero manda, y en la prodcutora querían un film de acción al estilo de ‘Arma letal ‘ (‘Lethal Weapon’, Richard Donner, 1987), así que pidieron —eufemismo de ordenaron— a Helgeland que filmase nuevas escenas y la hiciese más accesible para el público. El director les espetó que el no sabía hacer otra película, y justo dos días después de ganar el Oscar por el guión de la impresionante ‘L.A. Confidential’ (id, Curtis Hanson, 1997) fue despedido siendo sustituido por otro realizador cuyo nombre es mejor no recordar. Con todo el nombre de Helgeland se mantuvo en los créditos y el montaje fue el que todos conocíamos hasta que en el 2006 se editó el director´s cut, que con diez minutos menos y algunos cambios es un film completamente diferente. Ver para creer.

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(From here to the end, Spoilers) ‘Payback’ adapta una novela de Donald E. Westlake —actualmente en cartelera ‘Parker’ (Taylord Hackford, 2013), que adapta otro de sus libros— que ya había sido lleva al cine como hemos dicho por John Boorman. La premisa del mismo no varía en demasía del film original del 99: Gibson da vida a Porter, un ladrón que ha sido engañado por un compañero y su propia mujer, que le dan por muerto. Una vez recuperado, Porter hará todo lo que esté en su mano por recuperar 75.000 dólares que considera suyos. Es en el camino donde los cambios son sustanciales, puesto que hablamos de un film con un final completamente distinto, personajes que en la otra versión fallecían y aquí no, o directamente el villano de la función es otro. El personaje al que daba vida Kris Kristofferson desaparece siendo sustituido por Sally Kellerman como una voz al otro lado del teléfono; y hablando de voces, la voz en off también desaparece.

Me he quedado tan sorprendido por el hecho de que son dos films tan distintos —una vez más el montaje es más que esencial en el cine— que a pesar de que he avisado de spoilers me niego en rotundo a desvelar algunos tan sustanciales y llamativos, como esos cinco minutos finales tan violentos y cortantes, y en los que la ambigüedad es la reina de la función. Eso sí, me he divertido mucho con la extensión en los roles de Lucy Liu —francamente graciosa en sus diálogos con Mel Gibson— y Maria Bello por vitales motivos. Por no hablar de la escena en la que Porter le pega una paliza a su mujer, escena políticamente incorrecta y que hoy día leventaría suspicacias debido a su brutalidad. Si de algo puede presumir la versión del director es de no andarse con remilgos en cuanto a violencia se refiere. Ahí sí se recupera algo del estilo ochentero, incluso anterior —la influencia de los films más violentos de Don Siegel es evidente, ya no solo por ese bar llamado Varrick que hace alusión a ‘La gran estafa’ (‘Charley Varrick’, 1973)—, violencia como dios manda.

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‘Payback’ versión del director es mucho más oscura, la fotografía de Ericson Core, quien probablemente hizo su mejor trabajo en este film, se trató de nuevo para conseguir otras gamas que fuesen más a tono con las intenciones de Helgeland de hacer un thriller sucio y nada complaciente. La banda sonora de Chris Boardman se cambia por los toques jazzisticos de Scott Stambler y el efecto logrado es mejor sin duda. Pero Helgeland no pudo acceder a todo el material que tenía filmado desde 1998 para reconstruir su película tal y como él quería, probablemente porque en la productora no saben guardar bien las cosas. En cualquier caso es algo que se nota un poco y afecta al ritmo del film, lo que por un lado ganamos lo perdemos por el otro. Y si comparamos a Gregg Henry con John Vernon en el film de Boorman, lo cierto es que el primero sale mal parado con su interpretación pasada de rosca y totalmente exagerada, más que un villano o un mal tipo parece un payaso de circo. Mientras Vernon infundía temor y era un oponente a la altura de Lee Marvin, en esta todo eso se pierde.

Con todo un servidor prefiere la versión del director a la estrenada en 1999 —las nuevas escenas para aquella versión tuvieron que esperar nada menos que un año debido a que Gibson estaba filmando la cuarta entrega de ‘Arma letal‘—, que nunca me pareció un mal film. La pena es que no hemos podido ver todo lo que Helgeland tenía filmado, y que por mucho que quisiese hacer un thriller distinto, las dotes de Helgeland como realizador no son ni mucho menos las que tiene para escribir. Si algo posee el film de Boorman es una arrolladora personalidad en la dirección, algo que aquí sólo se ve a ratos; Boorman convertía una trama mediocre en algo fascinante, aquí los defectos de la historia salen a la luz. Eso sí, ya le gustaría a muchos thrillers actuales ser como este.

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