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Una raza de alienígenas matones quiere secuestras a los Looney Tunes para llevarlos a trabajar a un centro turístico y exponerlos como atracción. Como son pequeños e inofensivos, Bugs Bunny les reta a un partido de baloncesto: cuando posean a estrellas de la NBA, necesitarán la ayuda de Michael Jordan para ganar.

En 1996, todos los niños, yo contaba entonces con ocho años, fuimos a ver la última superproducción-para-toda-la-família que traía como protagonistas a adultos y dibujos animados y que, en cierta manera, continuaba el legado, siquiera estético, abierto por la visionaria ‘Quién engañó a Roger Rabbit’ (Who Framed Roger Rabbitt, 1988) de mezclar dibujos animados y actores.

Pero lo que la superproducción de Robert Zemeckis era inspirada vuelta de tuerca, aquí deviene una entrega un poco más rutinaria de aventuras para todos los públicos. Sin embargo, estoy hablando de un clásico magno y subestimado, el de Zemeckis, con lo cual no sería justo que ‘Space Jam’ (id, 1996) no es muy buena en lo suyo.


La película fue dirigida por Joe Pytka, un director de poca experiencia cinematográfica, pero conocido en su faceta de hacedor de videoclips, entre ellos el mítico ‘Free as a bird‘ para los Beatles o ‘The way you make me feel‘ para Michael Jackson. La producción la puso, y en cierta medida el tono y el sello, Ivan Reitman.

Firman la película unos cuatro guionistas, la pareja Leo Benvenuti y Steve Rudnick, de experiencia televisiva, y Timothy Harris y Herschel Weingrod, autores del libreto de clásicos como ‘Los gemelos golpean dos veces’ (Twins, 1988) o ‘Poli de guardería’ (Kindergarten cop, 1990) para el citado Reitman.

El reparto está formado por estrellas de la NBA de entonces como Charles Barkley, Larry Byrd, Patrick Ewing o Del Harris, interpretándose a sí misma, en versión deliberadamente mema, debido al ataque de los alienígenas. En papeles ficticios, están Theresa Randle, como la mujer leal de Jordan, o Wayne Knight, como el tosco y pesado agente del mismo. En momento de feliz aparición estelar, devorando escenas, Bill Murray hace una versión de sí mismo que sueña con triunfar en la NBA. En la divertida versión original, es Danny DeVito quien presta voz a los alienígenas juntos al versátil Billy West como Bunny / Elmer o Dee Bradley Baker como el pato Lucas (Daffy) o el diablo de Tasmania.


La película es predecible, pero los grandes toques de humor provienen, en mi opinión, por la clásica dinámica entre Bugs Bunny y Daffy, ya que resulta francamente imposible que los carismáticos dibujos animados, que alcanzaron cimas expresivas de la mano del animador Chuck Jones, puedan arruinar una aparición estelar. El pato recuerda que no cobran por la película y que son propiedad de Warner Bros Inc. en feliz sorna del capitalismo corporativo que nos ha tocado, y el memorable conejo Bugs Bunny parece muy cómodo compartiendo escena con un Jordan consciente de su papel como leyenda viviente al lado de otras, y de hecho la historia de Jordan es una versión convenientemente naif de su retorno al baloncesto, que ocurrió unos años antes del estreno de esta película.

Es cierto que, con el tremendo juego que dan estas criaturas, un partido de baloncesto no es la mejor manera de sacar todo el partido a una aventura de este calibre, pero Pytka, el equipo de efectos visuales y el excelente Michael Chapman mantienen a la película en un justo tono de desmelene, calidad técnica impecable y una coherencia visual destacable en una superproducción de estas características. Superada por la todavía más autoparódica, e incomprendida, ‘Looney Tunes: De nuevo en acción’ (Looney Tunes: Back in action, 2003), esto es cine para niños y una buena dosis de cachondeo y risas.

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