'Dead Man Down (La venganza de un hombre muerto)', el corazón del asesino

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Cartel de Dead Man Down

A la vista de los resultados de taquilla parece que esta semana solo se estrenaba en España la sexta entrega de una franquicia sobre superconductores cuando lo cierto es que llegaron a las carteleras otras propuestas variadas y recomendables, por lo que no deberíais tener problema para elegir —suponiendo que podáis elegir… pero ése es otro tema—. Os hablé de ‘En otro país’ (‘In Another Country’, Hong Sangsoo, 2012) el año pasado, ‘Un amigo para Frank’ (‘Robot and Frank’, Jake Schreier, 2013) la comentamos hace un par de días, hoy toca ‘Dead Man Down (La venganza de un hombre muerto)’ (‘Dead Man Down’, Niels Arden Oplev, 2013) y mañana será el turno de ‘The Trip’ (Michael Winterbottom, 2010).

En la última hay un diálogo muy sensato que podría servirnos para comentar la gran mayoría de las películas que se estrenan cada año. Los protagonistas charlan sobre un concepto creativo y uno de ellos dice algo como: “eso ya se ha hecho antes“; a lo que el otro responde: “estamos en 2010, todo se ha hecho antes, solo puedes hacerlo diferente o mejor“. Bien, ‘Dead Man Down (La venganza de un hombre muerto)’ no tiene absolutamente nada de original, reúne clichés y arquetipos que hemos visto cientos de veces, pero la puesta en escena de Oplev y el trabajo del reparto elevan este thriller por encima de la media.

Amor y muerte

Las cartas se ponen sobre la mesa desde el principio. La película arranca con una secuencia en el interior de un coche, Darcy (Dominic Cooper) lleva en brazos a su hijo recién nacido y habla de amor y redención, de la necesidad de tener a alguien, mientras Victor (Colin Farrell) escucha y da a entender sin decir ni una palabra que está sufriendo un conflicto interno, y que quiere creer en las palabras de su amigo. La conversación es fundamental para lo que va a suceder aunque evidentemente el espectador no lo sabe aún; lo que sí queda claro es que al cineasta le preocupan sus personajes, va a procurar hacerlos cercanos y coherentes, y no tiene prisa en meter la acción. Esto es poco habitual en el cine comercial actual y se agradece.

Oplev, conocido por dirigir la estupenda ‘Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres’ (‘Män som hatar kvinnor’, 2009), cuida el tono y algunas de sus criaturas —las que aprecia— durante casi todo el metraje pero no puede evitar dar al público lo que se supone que demanda en propuestas de este tipo: un espectáculo cargado de pólvora y sangre. Imagino que es parte del trato por trabajar en la industria norteamericana, algo que el danés solo había hecho hasta ahora en televisión —realizó tres capítulos para la serie ‘Unforgettable’ (2011-2013)—, pero es una lástima porque es durante el tiroteo con los jamaicanos —que por lo visto tienen una puntería pésima— o el disparatado clímax en la mansión del villano cuando ‘Dead Man Down’ pierde lo que la hace especial y se convierte en una más, convencional, aburrida.

Luis Da Silva Jr., Dominic Cooper y Terrence Howard

El guion, escrito por J.H. Wyman, es de esos que en manos equivocadas podría dar lugar a un ridículo descomunal. Porque hay ideas aprovechables —el trauma de la coprotagonista— pero también mucha fórmula manida y soluciones desastrosas —el puzle de la foto—; por suerte Oplev consigue que no destaque demasiado lo más absurdo, a veces con humor —impagable la reacción de sorpresa por el último sobre— y otras gracias a los actores, que responden con convicción incluso con papeles tan breves y aparentemente irrelevantes como los que interpretan Isabelle Huppert y F. Murray Abraham, capaces de exprimir al máximo sus pocas escenas. Aportan solidez a una historia criminal que implica a personajes de varias nacionalidades, un detalle curioso y representativo del mundo en el que vivimos.

‘Dead Man Down’ gira en torno a dos personajes heridos, Victor y Beatrice (Noomi Rapace), atrapados en una espiral de violencia y venganza. No hay futuro para ellos, solo les espera sufrimiento y muerte, pero no tienen nada que perder. Hasta que se conocen y se permiten soñar con la esperanza de una segunda oportunidad… Sin duda, la relación entre ambos es lo más inspirado de la película y lo que mantiene el interés hasta el final, la posibilidad de la redención a través del amor. Lo más flojo es el rebuscado plan que saca de quicio al mafioso (Terrence Howard), un asunto que se podría haber tratado de manera más sencilla y creíble. No obstante, el balance es positivo, es un film eficaz y entretenido al que no conviene pedir más de lo que ofrece. Id a verlo para pasar un buen rato y quedaréis satisfechos.

Noomi Rapace y Colin Farrell

3 estrellas

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