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Milla Jovovich y Mary Steenburgen

‘Dirty Girl’ (2010), escrita y dirigida por Abe Sylvia, se ha estrenado únicamente, por el momento, en países de habla inglesa. Esta comedia semiautobiográfica nos habla de una chica promiscua, Juno Temple, que sale en busca de su padre biológico, acompañada de un compañero de colegio con el que tiene que participar en el proyecto de cuidar un saco de harina como si fuese su hija. El chico, un gordito marginado, resulta ser gay y vivir atormentado por un padre incomprensivo y una sociedad represora. Estos dos seres solitarios y descarriados encontrarán el uno en el otro la compañía perfecta e iniciarán una aventura, en forma de road movie, de Oklahoma a California, que les ayudará a madurar y a encontrarse a sí mismos.

Me quedaría corta si dijese que esta historia de búsqueda del progenitor se ha contado mil veces, pues es posible que se haya contado en un millón de ocasiones y con casi todos los elementos y giros que se encuentran aquí. Sin embargo, ‘Dirty Girl’ se aproxima a esta fábula de maduración de una manera especial. El comportamiento de sus personajes y el acercamiento de la realización del director, con muchos toques indies, no se corresponden ni con la comedia adolescente ni con el culebrón de tres y media de la tarde sobre familias desmembradas. De manera cercana y personal, con mucho cariño hacia los protagonistas, pero sin complacencia, nos adentra en sus desubicadas psiques para que comprendamos por lo que están pasando. El diario que escribe la supuesta hija de este matrimonio imposible va apuntando en off los sentimientos que rodean a la pareja, sirviendo de contrapunto, casi siempre; de remate, en otros momentos.

Dirty Girl

Por mucho que sea aficionado a los musicales o piense en Crawford en lugar de en Jett cuando se le menciona el nombre de Joan, el personaje de Clarke no responde únicamente a los tópicos. En él tenemos el retrato de un joven que vive en el conflicto, pero no por estar asolado por sus propias dudas, que es lo que se suele presentar en cine en casos como este, sino por su enfrentamiento a lo que le rodea. Clarke tiene muy claro lo que le gusta y solo necesita la libertad para dejarse llevar por ello y expresarlo. Esta es la faceta de la cinta más autobiográfica para Sylvia, que también estuvo rellenito a esa edad y creció en Oklahoma. El conflicto, no obstante, se consigue gracias a elementos de ficción, ya que el padre del autor era comprensivo y no pensó ni por un instante mandar a su pequeño a una academia militar.

Por el camino, al igual que Thelma y Louise –en este caso, Luis–, los protagonistas conocerán a un vaquero atractivo que los desplumará, aunque aquí con otras artimañas. El joven, no obstante, se habrá ganado el dinero, ya que dará la primera satisfacción a cada uno de los personajes: Geena Davis en la de Ridley Scott o Jeremy Dozier en ‘Dirty Girl’. Va en contra de la probabilidad estadística que todas las personas con las que se topen –el matrimonio que vive ahora en la casa que perteneció al padre, el cowboy stripper o los parroquianos del bar– sean homosexuales, pero esta falta de verosimilitud se la aceptamos a Sylvia porque lo que nos interesa es lo que nos quiere contar con ello y no el realismo de las situaciones. Sabemos que la absoluta fidelidad a lo real no está perseguida, ya que los cambios de humor del saco de papel, que suponen un guiño simpático, desafían cualquier explicación lógica.

Dirty Girl

El rencor que pudiese sentir Sylvia hacia el ambiente en el que se crio no se refleja en el film, ya que las tintas no están cargadas en el reflejo de seres prejuiciados o irracionales. En el bando de los padres se sitúan los obstáculos para el desarrollo de estos dos chiquillos, pero no se los pinta como antagonistas, pues el guion es capaz de llevarnos a comprenderlos incluso a ellos. Milla Jovovich encarna a la madre de Danielle, que tuvo a su hija demasiado joven, ya que su comportamiento no se diferencia casi nada del que hoy en día lleva la protagonista. Si está decidida a casarse con un mormón no es por inconsciencia, egoísmo o estupidez, sino porque piensa que es lo mejor para darle a la adolescente la estabilidad que nunca ha vivido. Este hombre, a quien da vida William H. Macy tampoco encierra maldad, sino que se deja llevar por unos férreos ideales. El padre del Clarke, único personaje negativo, interpretado por el músico Dwight Yoakam, no se retrata como un monstruo. Y la madre, Mary Steenburgen, es el personaje que más evolución presenta, ya que resuelve sus propios problemas gracias a la situación que se le presenta con su hijo.

(Spoiler): La reacción del padre biológico, comprensiva, pero en absoluto como ella esperaría, resulta un palo muy inteligente por parte de la película. De esta forma, el final parece feliz, pero esa consecución jovial a modo de canción, aplausos y triunfo, a lo que sigue es a un fracaso total de los planes que tenían ambos chicos: ni ella consigue irse a vivir con el padre o evitar el matrimonio con el mormón, ni él se libra de la academia militar. No han resuelto ninguno de sus problemas. Pero, de alguna forma, a pesar de todo ello, encuentran la forma de lidiar mejor con lo que tienen (fin del spoiler).

El debut de Abe Sylvia, después de dos cortos, ‘Dirty Girl’ es una película sentida y más profunda de lo que su título o imágenes puedan indicar. Debido a que carece de estrellas rutilantes, pues Jovovich solo cuenta con un papel secundario, se quedará en el ostracismo que provoca la decisión de no exportarla. Sin embargo, considero que podría funcionar mejor que algunos productos que nos llegan. O, al menos, tener un recorrido en festivales como el Lesgaicinema, el Idem u otros similares. El acompañamiento musical de la película, ambientada en 1987, así como la recreación del vestuario y los peinados suponen otro aliciente a esta historia divertida a veces, descarada por momentos, nostálgica en el fondo, emotiva sin blanduras, realista y a su vez fantástica… y muy lograda en su conjunto.

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