'Django desencadenado', el western según Tarantino

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Imagen promocional de Django Desencadenado (Django Unchained)

Tres años después de que los judíos ajustaran cuentas con los nazis en ‘Malditos bastardos’ (‘Inglourious Basterds’, 2009), Quentin Tarantino propone en su nuevo trabajo, ‘Django desencadenado’ (‘Django Unchained’, 2012), una venganza contra la esclavitud y el racismo de los Estados Unidos de 1858, dos años antes de que estallara la Guerra Civil —cuyo desenlace aparece reflejado en ‘Lincoln’ (Steven Spielberg, 2012), casualmente estrenada en España el mismo día que el film que nos ocupa—.

‘Django desencadenado’ es además el primer y esperado western de Tarantino. Debido a la influencia del género en sus anteriores películas, plagadas de pistoleros, y su gusto por los tensos “Mexican standoff” que acaban resueltos en sangrientos tiroteos, solo era cuestión de tiempo que el realizador estadounidense decidiera aportar su visión del western —si bien él prefiere referirse a su película como un “southern”—. Para ello, como era de esperar, toma como principal referente el subgénero, el “spaghetti western”, los trabajos de Sergio Leone o Sergio Corbucci en lugar del enfoque más clásico de John Ford o Howard Hawks, si bien la huella de estos realizadores es inevitable en cualquier western —de hecho, ‘Río Bravo’ (H. Hawks, 1959) es una de las películas favoritas de Tarantino, y a pesar de haber declarado que odia a Ford, en ‘Malditos bastardos’ imitó uno de los planos más característicos de ‘Centauros del desierto’ (‘The Searchers’, 1956)—.

Jamie Foxx es Django

Aunque el ejecutor de esta nueva venganza es un esclavo, Django (Jamie Foxx, que comparte un divertido encuentro con Franco Nero, el Django de Corbucci), el protagonista de la primera secuencia tras los títulos de crédito es un peculiar dentista alemán, el doctor King Schultz (Christoph Waltz), a quien Tarantino parece haber rescatado del universo de ‘El gran silencio’ (‘Il grande silenzio’, S. Corbucci, 1968). Y es que en realidad Schultz es un cazarrecompensas que se cruza en el camino de Django. El alemán compra, libera y entrena al esclavo a cambio de su colaboración. Con el tiempo y tras varios trabajos juntos, se forja una relación de amistad y Schultz decide ayudar a Django en una complicada misión.

El objetivo es encontrar y liberar a Broomhilda von Shaft (Kerry Washington), la esposa de Django. El conflicto es que la esclava está en “Candyland”, la plantación del cruel Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), conocido por su afición a las peleas de esclavos. El plan es fingir interés por adquirir a uno de los mejores luchadores de Candie para llegar hasta Broomhilda. Y el resultado es… bueno, como podéis imaginar viniendo de Tarantino, algo sangriento. La historia puede sonar sencilla pero el cineasta emplea 165 minutos en contarla. La primera hora apenas se nota, se disfruta la presentación y la relación entre Schultz y Django, pero desde que se inicia la marcha a la mansión de Candie la película comienza a tambalearse, a alternar momentos intensos e hilarantes —la aparición de Stephen (Samuel L. Jackson)— con otros repetitivos y poco inspirados —el engaño de la recompensa—.

Leonardo DiCaprio en Django Desencadenado

La última media hora es claramente la parte más floja de ‘Django desencadenado’, con el castigo frustrado —el Tarantino de los 90 habría hecho algo memorable ahí—, la prescindible salida de “Candyland” acompañada de otro cameo “estelar” —no desvelo de quién pero queda fatal—… No es un problema de metraje o de puesta en escena —la cámara siempre está donde tiene que estar—, y desde luego no de interpretaciones —el reparto está sensacional, destacando otra vez Waltz—, lo que no termina de funcionar del todo es el guion. Por un lado, por la necesidad de Tarantino de alargar las conversaciones, a menudo interrumpiéndolas con detalles irrelevantes, imagino que buscando naturalidad o comicidad. Normalmente sus diálogos atrapan, pero a veces no son tan ingeniosos, y desconectas, descubres que la película está parada.

Por otro lado, a partir de la primera hora se va diluyendo el papel de Waltz para dar más importancia a Foxx, y el primero encarna un personaje mucho más interesante que el segundo. La interpretación es fundamental, y el austriaco es un portento, pero el estadounidense tampoco lo hace mal, cumple con lo que le han dado, una especie de superhéroe negro, que no es precisamente el personaje más carismático escrito por Tarantino. Por suerte, los puntos fuertes y los numerosos grandes momentos de ‘Django desencadenado’ compensan con creces sus flaquezas. La entrada de Schultz, la muerte del sheriff o la discusión sobre las máscaras del Ku Klux Klan son las escenas que recordaremos de esta película excesiva, hilarante, hermosa y violenta.

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