'Efectos secundarios', sexo, mentiras y pastillas milagrosas

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Un cartel de Efectos Secundarios

Algunos quieren sentirse mejor de la peor forma posible.

Por lo general, cuando me siento a ver una película, intento ser optimista, convencerme a mí mismo —y a los pobres incautos que me acompañan— que va a merecer la pena, incluso con trabajos que apestan de manera indudable. No soy tan idiota de pensar que siempre voy a encontrar cine de calidad sino que la propuesta va a lograr su objetivo, lo que en la mayoría de los casos se limita a entretener al espectador con una serie de elementos más o menos efectivos. Cuando el producto viene firmado por realizadores que solo buscan taquilla no hay problema pero con cineastas como Steven Soderbergh cuesta mantener esa perspectiva.

‘Efectos secundarios’ (‘Side Effects’, 2013) es la clase de película que puede salir dañada por los prejuicios o expectativas que acompañan al nombre de su autor. Ya sabéis, eso tan común de “no está mal pero esperaba más del director”, que tras un poco de discusión desemboca en “claro que si lo comparas con el resto de estrenos está por encima de la media”. Sospecho que más de uno llegará a esas conclusiones. Y no le faltará razón, Soderbergh es un realizador de talento y prestigio, uno de los pocos que puede presumir de haber ganado un Oscar y una Palma de Oro. No obstante, estos premios son precisamente la prueba de su capacidad para la mutación, dependiendo del proyecto que tenga entre manos.

Rooney Mara y Channing Tatum en una escena de Efectos Secundarios

En esta ocasión, que en teoría supone su adiós al cine, es un guion de Scott Z. Burns inspirado en los clásicos relatos criminales, cargados de intriga, traiciones, sexo y muerte, ambientado en la actualidad y aderezado con una crítica a la industria farmacéutica y las terapias para combatir la depresión. En cierto modo, comparte intenciones con la reciente y fallida ‘La trama’ (‘Broken City’, Allen Hughes, 2013) cambiando el elemento farmacológico por la corrupción inmobiliaria —casualmente en ambas interviene Catherine Zeta-Jones—. ‘Efectos secundarios’ podría haber corrido la misma suerte, quedarse en un buen plan mal ejecutado, pero Soderbergh se las ingenia para salvarla.

Un cóctel cargado de sorpresas

La película nos presenta a Emily (Rooney Mara), una joven que intenta suicidarse después de que su marido (Channing Tatum) regrese a casa tras pasar unos años en prisión. Están enamorados y deberían ser felices pero ella sufre ataques de ansiedad y se ve incapaz de seguir adelante. El Dr. Banks (Jude Law) se interesa por Emily y le receta un nuevo fármaco que debería solucionar sus problemas. Así ocurre inicialmente, la pareja recupera la armonía, pero los efectos secundarios de la medicación conducen a un inesperado incidente, y Banks descubre que el caso es mucho más complejo de lo que había pensado… No conviene que revele más, cuanto menos sepáis mejor. Una sinopsis extensa puede arruinar el film.

Jude Law y Catherine Zeta-Jones en una imagen de la película de Soderbergh

Lo que arranca como un drama sobre una chica triste que ha perdido el control de su vida y un psiquiatra interesado únicamente en ganar dinero, pasa a convertirse en un intrincado y fascinante thriller donde las apariencias engañan y todas las piezas expuestas comienzan a encajar de un modo imprevisto. Y cuando crees que el film ha tomado una ruta, da otro volantazo y cambia otra vez de dirección… La última vuelta de tuerca, donde se intenta resolver todo con un triple salto mortal, revela el carácter convencional e inofensivo de ‘Efectos secundarios’. Y siendo el tramo final, puede que el agridulce sabor de boca afecte (injustamente) al recuerdo de todo el conjunto.

Desconecté en algún momento preguntándome qué narices estaba viendo, pero la inevitable necesidad de adelantarme a los endiablados giros del guion —cuyo mayor acierto es no caer en descripciones simplistas de los personajes—, el cautivador estilo narrativo de Soderbergh —un montaje dinámico, el juego con el enfoque (3D alternativo), música para cubrir diálogos innecesarios, esfuerzo por variar el encuadre de los actores o impactar con algo tan trillado como un asesinato— y la estupenda labor del reparto —Mara y Law se lucen con roles más jugosos— me mantuvieron pegado a la pantalla durante casi todo el metraje. Se le puede pedir más pero mi recomendación es disfrutar con lo que ofrece.

3,5 estrellas

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