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Imagen con el cartel final de 'El Cuerpo'

Soy el primero en salir en defensa del cine español siempre que sale el troll de turno diciendo que todas las películas que se hacen en este país son igual de malas. Soy especialmente vehemente cuando se trata de una producción de género, ya que salen algunas muy buenas de cuando en cuando – el año pasado llegué a nombrar a una como la mejor película estrenada en 2011-, pero lo que nunca haré será defender un largometraje por el mero hecho de ser español. ¿El motivo? Pues que también se hacen grandes bodrios o simplemente películas que no merecen la pena, siendo éste el caso de ‘El cuerpo’ (Oriol Paulo, 2012), cinta que llegó este pasado viernes 21 de diciembre a los cines de toda España.

No es ésta la primera vez que os hablo de ‘El cuerpo’, pues ya os comenté mis dudas sobre su resultado final coincidiendo con la aparición de su último avance. La buena noticia es que ha acabado siendo mejor que la espantosa ‘XP 3D’ (Sergi Vizcaíno, 2011), la propuesta de similares características de cine español que se estrenó también a finales de año, pero no lo suficiente para dejar de ser una mala película. Lo que está claro es que el principal causante de que todo se desmorone a su paso es el guión escrito por Oriol Paulo, cuyo único trabajo destacado en el cine – cuenta con sobrada experiencia en la televisión- hasta ahora había sido el libreto de ‘Los ojos de Julia’ (Guillem Morales, 2010), un interesante acercamiento tardío al giallo que si funcionaba era más por la puesta en escena de su director que por el discreto trabajo de Paulo.

José Coronado y Hugo Silva en 'El Cuerpo'

Sin embargo, ese era un punto habitual en los giallos de los años de gloria del subgénero – la primera mitad de los 70 del siglo pasado-, estando el guión de Paulo muy lejos de encontrarse entre los peores. Lo curioso es que Paulo ha querido seguir por esa línea, pero remontándose a la figura de un director clave para la proliferación posterior del giallo: Alfred Hitchcock, uno de los mejores realizadores de la historia, destacando sobre todo sus trabajos en el campo del suspense, siendo ‘Psicosis’ (Psycho, 1960) la gran influencia sobre dicho subgénero. Hubo hasta varios casos que adoptaban el recurso de que el aparente protagonista moría sobre la mitad de la película – ‘La cola del escorpión’ (La Coda Dello Scorpione, Sergio Martino, 1971), pero eso no es lo que ahora nos interesa, sino el hecho de que Paulo fracasa estrepitosamente a la hora de trazar un guión digno del cine del mago del suspense – aunque por momentos también trae a la memoria otras cintas como la notable ‘Las diabólicas‘ (Les Diaboliques, H. G. Clouzot, 1955)- .

Uno de los grandes males que asola al cine de género es la aparente necesidad de muchos por contar con un giro final que ponga todo patas arriba causando un gran impacto en un espectador que no se veía venir lo que acaba sucediendo. No tengo nada en contra de ello cuando los responsables de la película han ido dejando pistas a lo largo de la película, algo que puede traducirse en un desenlace un tanto previsible – tal y como pasaba en la reivindicableSinister‘ (Scott Derrickson, 2012)-, pero la sorpresa por la sorpresa es uno de los grandes cánceres que puede acabar destruyendo obras relativamente estimulantes hasta ese momento. El caso de ‘El cuerpo’ cae de lleno en este último grupo – aunque sin ser para nada gran cosa hasta que llega el último acto-, ya que su disparatado giro final deja bien claro que Paulo no ha sido honesto con el espectador y ha creado todas las dudas posibles para que nadie se espere lo que acaba sucediendo, consiguiendo así que no tenga ningún tipo de sentido y tenga que echar mano de flashbacks que caen de lleno en el absurdo para intentar atarlo todo. Este tramposo recurso es lo que termina por destruirla, pero no es el único punto débil de la misma.

Imagen de 'El Cuerpo'

Hay que reconocer que si una cosa merece la pena salvar de ‘El cuerpo’, eso es el trabajo de Paulo tras las cámaras, ya que sabe aprovechar la ambientación dentro de un instituto anatómico forense y el buen trabajo de Óscar Faura en el apartado fotográfico para que la película se caracterice por una elegancia visual que le hace a uno pensar más en un solvente thriller americano que una producción española relativamente modesta. Sin embargo, la inexperiencia de Paulo hace acto de presencia en determinados momentos faltos de inspiración o con tendencia a la reiteración – esos planos acusatorios hacia el personaje de Hugo Silva- o pequeñas torpezas en los saltos temporales para añadir riqueza a la acción presente. Fallos más comprensibles en una ópera prima e intrascendentes en comparación a los del guión del propio Paulo, donde imperan los lugares comunes, las soluciones de baratillo – el protagonista refugiándose en una sala aprovechando un despiste de sus vigilantes-, homenajes mal conseguidos a Hitchcock y unos personajes tan poco estimulantes que resulta imposible implicarse con ellos.

Los cuatro protagonistas – el resto son meros personajes de relleno que poco aportan más allá de ser necesarios en momentos puntuales- padecen del mal de una descripción deslavazada, aunque no afecta en igual medida al trabajo de los cuatro actores. La que peor parada sale es Aura Garrido, actriz por la que no siento especial simpatía, pero que aquí no tiene la oportunidad de hacer gran cosa al estar en casi todo momento bastante desconectada de la trama principal y sus apariciones acaban resultando cansinas por no ayudar en nada a que la historia realmente progrese. Muy alabado fue el trabajo de José Coronado en ‘No habrá paz para los malvados’ (Enrique Urbizu, 2011), pero todo el talento, carisma y garra que demostraba allí quedan aquí reducidos a tópicos cansinos, un look que roza el ridículo y una actuación del montón.

Hugo Silva y Belén Rueda dan vida a un matrimonio recientemente extinguido por la muerte de la segunda, pero es la relación entre ambos la que vertebra el relato, ya que el primero ha encontrado una forma de acabar con la vida de la segunda que no deja rastro alguno. El crimen perfecto, uno de los ejes del cine de Hitchcock al igual que la persecución del falso culpable, algo que sucede aquí porque todo el mundo acaba creyendo que Silva ha robado el cadáver de su esposa para deshacerse de algún tipo de prueba inculpatoria. El problema es que Silva no logra esquivar las limitaciones de su personaje a la hora de darle una mayor complejidad dramática, limitándose en ocasiones a poner cara de circunstancias o alterar levemente su tono de voz, según esté más tranquilo o los nervios estén haciendo mella en él. Mejor parada sale Rueda, consciente de que tiene un papel para divertirse como mujer despótica que quiere que todo funcione a su manera, algo que la protagonista de ‘El orfanato‘ (Juan Antonio Bayona, 2007) sabe aprovechar en una interpretación que oscila entre lo dominante, chulesco y seductor, con una clara preponderancia de los dos primeros.

Aura Garrido en 'El Cuerpo'

En definitiva, ‘El cuerpo’ tiene un guión tan endeble y repleto de giros de tuerca poco verosímiles – el desenlace oscila entre lo vergonzoso y lo risible- que acaba destruyendo toda posibilidad de poder convertirse en una película salvable, hiriendo de gravedad también a la credibilidad de un cuarteto protagonista que no está suficientemente bien aprovechado. Oriol Paulo compensa parcialmente su libreto con una puesta en escena que, pese a ciertos errores de bulto, invita a tener cierto optimismo sobre su futuro, pero antes de nada que deje sus guiones en manos de gente más capacitada para ello.

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