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El demonio bajo la piel

El film de Michael Winterbottom ‘El demonio bajo la piel’ (‘The Killer Inside Me’), que se estrena este viernes, nos cuenta la historia de Lou Ford (Casey Affleck), un sheriff de suaves modales que ejerce en la ciudad petrolífera de Central City (Oklahoma). Su jefe le envía a expulsar a una prostituta, Joyce (Jessica Alba), que vive en las afueras. Ella se niega y le golpea; él la azota y, semanas después de practicar sexo todos los días, encuentran que lo suyo es amor. Deciden huir del pueblo e iniciar una nueva vida intentando estafar a uno de sus clientes: el hijo del magnate de la construcción de Central City. Lo que Joyce no sabe es que Lou tiene planes muy distintos, que van a generar una impactante espiral de violencia, engaños y cadáveres.

Puede resultar sorprendente que el prolífico Michael Winterbottom (‘24 Hour Party People’, ’9 Songs’, ‘Wonderland’) ruede algo tan diferente a su registro habitual como es una adaptación del visceral maestro del género negro Jim Thompson. O, al contrario, puede resultar muy coherente en una filmografía que, de forma amable podríamos decir que busca diversificar temas y estilos y de forma algo más malvada afirmaríamos que carece de personalidad propia.

Gracias a la capacidad de Jim Thompson para el desarrollo argumental y los giros sorprendentes, ‘El diablo bajo la piel’ consigue sostener una peripecia que no aburre, salvo en su floja traca final, cuando la crisis de su protagonista no logra sostener la película.

El demonio bajo la piel

En muchos momentos, Winterbottom recurre a una planificación excesivamente objetiva, con planos generales que no vienen a cuento y que pecan de una pretensión esteticista. En otros momentos – y aquí puede hallarse el mayor problema de la película – el cineasta se confirma como un director de «baja intensidad», que no sólo no pone el énfasis adecuado en ciertos aspectos de la narración sino que, además, no sabe crear una adecuada transición hacia las escenas de violencia extrema.

Se hallan, sin embargo, aciertos en esta adaptación de Winterbottom. Especialmente, si la comparamos con la que Burt Kennedy rodó en 1976. El guion actual de John Curran se centra en los hechos de mayor relevancia psicológica, a la vez que renuncia a muchos flashbacks oníricos que se excedían en explicaciones sobre los traumas de la violenta infancia del protagonista. A pesar de todo, sobreviven dos extraños y postizos saltaos al pasado que chirrían en exceso en una película de este género.

La violencia de género

Las mencionadas escenas de violencia extrema son viscerales y deliberadamente largas y detalladas. No es de extrañar que el británico haya conseguido crear cierta controversia sobre un film que retrata —para muchos con excesivo detalle— la cultura de la violencia hacia las mujeres en la sociedad americana. El impacto de estas secuencias es innegable, pero ven diluida una gran parte de su eficacia porque no percibimos bien el proceso que ha llevado a su ejecutor hasta ellas.

No considero esta violencia extrema hacia las mujeres un ejercicio de pornografía o de misoginia por parte de Winterbottom, como se ha dicho. Sencillamente, se trata de una esforzada adaptación de una novela compleja que no ha logrado todos sus objetivos.

Violencia de género en 'El demonio bajo la piel'

La voz en off y el retrato psicológico

Winterbottom no renuncia a la voz en off, recurso ya clásico en el cine negro, especialmente cuando se trataba de una adaptación de una novela o cuando un novelista se pasaba al oficio de guionista. La gran diferencia entre este narrador en primera persona y el de los clásicos es que el de ‘El demonio bajo la piel’, además de aportar datos esenciales de la historia, cuenta con la capacidad de realizar un deslumbrante retrato psicológico del personaje, gracias a un matiz de engaño u ocultación.

Esto se debe a un hallazgo del autor de la novela de la que parte el film, ‘El asesino dentro de mí’ (‘The Killer Inside Me’, 1952). Una de las principales virtudes de Jim Thompson, que también emplea en otras obras suyas, como ‘1280 almas’, es la utilización de un narrador en primera persona nada fiable. El protagonista cuenta su historia, pero no por ser el narrador es necesariamente alguien en quien debamos confiar. Hasta entonces, lo habitual era encontrar que lo escrito era obligatoriamente verdad, pero aquí se plantea la posibilidad de que la historia esté matizada para la conveniencia de quien la cuenta.

Sin embargo, Winterbottom no termina de conseguir ese punto de vista desquiciado en el que radica la esencia y el interés de la novela. El poso que el film deja no es el de haber visto el mundo a través de los ojos de un psicópata, sino más bien un ejercicio de recreación histórica —un excelente trabajo de diseño de producción— en el que hemos observado un abanico de personajes con cierta distancia.

El demonio bajo la piel

Los intérpretes

Una parte del problema podría estar en la pobre interpretación de Jessica Alba. Resulta muy fácil y hasta tópico criticar a esta actriz, pero, si bien su belleza nos convence de que el personaje de Lou se obsesione con ella, luego la intérprete es incapaz de lograr un retrato convincente de una relación enferma, basada en la violencia y la dominación consentida.

Cosa que Kate Hudson, el papel de la novia del protagonista, consigue mucho mejor. De hecho, hasta llama la atención que Winterbottom, que tan bien supo rodar la sexualidad explícita en ’9 Songs’ termine filmando con Jessica Alba unas escenas de cama bajas de tono, sin ningún tipo de tensión.

A Affleck le faltan los matices de locura que hemos comentado anteriormente y la progresión hacia lo que su personaje hará al final que, tal como está reflejado, parece un cambio repentino e inexplicable. Bill Pullman no cuenta más que con una aparición final. Elias Koteas, correcto, como siempre.

Conclusión

Nos encontramos con un film realizado con cierto esmero estético, no demasiado aburrido y con algunos buenos giros que proceden de Thompson. Sin embargo, en general, ‘El demonio bajo la piel’ resulta demasiado plana, a pesar de sus ciertos arrebatos violentos. Winterbottom no termina de mostrarnos lo que trataba de transmitir el autor de la novela ni de hacernos entrar en una mente violenta. No exigimos una fidelidad al texto, pero sí la reproducción del mayor valor con el que contaba el libro.

Otra crítica en Blogdecine | ‘The Killer Inside Me’, Winterbottom jugando a ser radical, por Adrián Massanet.

Mi puntuación:


2,5

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