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El Pistolero

Seguimos con el western, el considerado como el género cinematográfico por excelencia. Si fuera un producto alimenticio, cada clásico del western debería llevar una etiqueta que dijera: “sólo tienes que probar uno”. El resto, claro, viene solo. Es increíble lo que llegan a atrapar las buenas historias de pistoleros, a pesar de que muchas son similares y juegan con los mismos elementos. El otro día os hablaba de la grandeza de ‘Juntos Hasta la Muerte’, de Raoul Walsh, y hoy le toca el turno a la impresionante ‘El Pistolero’, de Henry King. El orden es por un ciclo de un estupendo cineclub (granadino) al que voy a menudo.

En ‘El Pistolero’ (The Gunfighter, 1950), Gregory Peck encarna al forajido Jimmy Ringo, considerado el pistolero más rápido del viejo oeste. A pesar de que dejó de buscar “problemas”, Ringo se ve obligado a escapar de todas partes, acosado por otros pistoleros, decididos a acabar con él y lograr fama. Tras haber matado, en defensa propia, a un arrogante oponente, y huyendo de los tres hermanos de éste, Ringo se refugia en la localidad de Cayenne. Su llegada causa conmoción y aunque el marshall del lugar, viejo amigo suyo, le pide que se marche, Ringo pide tiempo, esperando poder hablar con una mujer de su pasado…

No quiero repetirme, no al menos con tan poco tiempo entre una crítica y otra (con los pocos que hay interesados en cine clásico como que para colmo se me aburran), así que iré al grano: de nuevo, aplaudir que en apenas hora y media (83 minutos en esta ocasión), se nos cuenta de todo y con un buen puñado de personajes interesantísimos. No deja de sorprenderme, por culpa del “cine moderno” que se saque tantísimo provecho a tan poco tiempo. La culpa la tienen el excelente guión de William Bowers y William Sellers y, sobre todo, la exquisita y precisa dirección de Henry King (responsable de otros westerns como ‘Tierra de Audaces’ o ‘Vengador sin Piedad’). Por supuesto, el reparto también brilla a gran nivel, especialmente la estrella, Gregory Peck, que compone un personaje fascinante.

Peck encarna a Ringo, del que nos dicen en la introducción de la película que es el pistolero más rápido del oeste. Dicho esto, uno espera encontrar un film épico, de acción, de duelos, de rápidos asesinatos a sangre fría, de peleas, amplios paisajes, etc. Un poco de circo con pistolas. Pues no. Al revés. Dramón. Un hombre encerrado que espera su muerte. El pistolero más habilidoso del lejano oeste es un hombre cansado, arrepentido, desencantado, harto de todo, que va de pueblo en pueblo huyendo. ¿De qué? De nada concreto. De su sombra. De su destino. De todo lo que ha ido sembrando y ahora le amenaza con estallar en pleno rostro. El western se cubre de humanidad; no hay sitio para la gloria del que empuña el revólver.

‘El Pistolero’ es un drama pero, ante todo, es lo que suele catalogarse comercialmente como un film de suspense psicológico (o un thriller). En este caso, un western psicológico. Un par de años más tarde, Fred Zinemann rodaría ‘Solo ante el Peligro’, deudora hasta la médula del título que nos ocupa. Ringo huye de tres hombres y se queda en el “saloon” de un pueblo, donde sabe que, tarde o temprano, vendrán a buscarle. Y nadie va a estar a su lado, puede estar seguro. El tiempo juega, por tanto, un papel fndamental y en ese sentido tenemos dos recursos a los que King recurre con frecuencia y con acierto: el reloj, que nos dice que Ringo se está retrasando, y los tres hombres avanzando, el peligro que no se detiene.

Sin embargo, el peligro no sólo le llega a Ringo desde ese lado. Su llegada a Cayenne produce un sonoro revuelo y esto, para un forajido famoso, es el principio de una larga serie de problemas que, de una forma u otra, pueden acabar con su preciada vida. La tragedia se intuye y se teme desde el principio; se mastica y nos hace torcer el gesto, pues sabe mal, a pesar de que el film comienza con un plano precioso que nos hace pensar en leyenda, en gloria. Nada que ver. Como señalaba, el protagonista es un hombre que debe huir de todas partes; pues en todas partes hay siempre alguien que desea su popularidad, llegar a ser el hombre que mató a Jimmy Ringo. Lo mismo que ocurría con Jesse James, disparado a traición por ya sabéis quién, acción que no tuvo, al parecer la repercusión deseada por el pistolero; en el sentido contrario, estaría, por ejemplo, el personaje de James Stewart en cierto film imprescindible para todo amante del cine.

Así pues, tenemos a un pistolero agobiado por su propio nombre, perseguido por hombres sedientos de fama y venganza. La tensión va en aumento, conforme los enemigos de Ringo van creciendo y el tiempo avanza sin piedad. Pero, ¿qué hay del protagonista? ¿Qué hace en Cayenne y por qué se comporta así? Las preguntas tienen respuesta, y todo en beneficio de un film que va mejorando constantemente. En este sentido, el desenlace es un auténtico disfrute que deja sin respiración, emoción en estado puro. Todo se cierra a la perfección, incluyendo un memorable plano final cargado de simbolismo.

Desde luego, King no se queda en la superficie del western o del suspense, sino que nos ofrece una película completísima, donde todos los personajes tienen entidad propia, vida. Como dije, destaca Peck, pero también cabe referirse al magnífico trabajo de Karl Malden (el barman que también quiere su parte del botín, en este caso, la fama de Ringo), Helen Westcott (la misteriosa maestra, crucial en el desenlace), Millard Mitchell (el personaje secundario más interesante, antiguo compañero en la banda de Ringo y ahora marshall de Cayenne) y Skip Homeier (en el papel de, como lo describen en el film, el típico imbécil de cada pueblo que necesita cubrirse de fama), entre otros. Todos tienen participación en esta fatalista partida. Dicho esto, a pesar del tono oscuro del film, hay que destacar los no pocos toques cómicos, algunos sencillamente geniales, como el que acontece en la comisaría con un grupo de mujeres ridículas, defensoras de la moral y la honradez, o en plena calle entre dos hombres que, a saber porqué, se retuercen peleando en el suelo.

‘El Pistolero’ no es sólo uno de los títulos imprescindibles del western, es uno de los grandes clásicos dorados de Hollywood; una película maravillosa, de gran tensión, que, sencillamente, hay que ver. Está editada en DVD en nuestro país.

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